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Conviene reflexionar
en profundidad sobre
los objetivos y el contexto en que se insertan las prácticas de trueque
y las experiencias de monedas alternativas, que se están
difundiendo con notable rapidez y entusiasmo en diversos países del
mundo.
Por
un lado, son una respuesta práctica frente a necesidades reales y
actuales. Por otro, son una propuesta orientada al cambio en
las relaciones sociales y en los sistemas económicos, estando motivadas
por ciertos valores, ideas y proyectos solidarios y alternativos.
Cabe
preguntarse, por otro lado, si son un retorno al pasado remoto, o si
constituyen la apertura de un porvenir distinto y extraordinariamente
original.
Naturalmente,
en cuanto respuesta práctica a necesidades sentidas estas experiencias
surgen especialmente en la marginalidad y la pobreza, condicionadas
por la falta de ingresos monetarios susceptibles de procesar en el mercado
oficial. En cuanto respuesta a necesidades concretas, el trueque y la
reciprocidad se practican habitualmente entre vecinos, entre personas
que comparten lo poco que tienen, de manera espontánea; es un modo de
subsistir por parte de quienes tienen muy bajos ingresos, en un sistema
en que el acceso a cualquier bien o servicio supone la correspondiente
disponibilidad de dinero.
Pero
el trueque y la reciprocidad se verifican también en los otros niveles
socio-económicos, como una forma práctica de intercambiar bienes, servicios,
trabajo, informaciones, conocimientos, etc., evitando incurrir en innecesarios
costos monetarios (incluido entre ellos el pago de impuestos). Estas
prácticas suponen la existencia de vínculos intersubjetivos de confianza
mutua y de recíproca credibilidad, por lo cual suelen darse solamente
al interior de las familias, entre amigos, en grupos y comunidades constituidos
por afinidades electivas y por proyectos compartidos, en barrios de
larga tradición comunitaria y en que ya existen organizaciones sociales
creadas con otros fines.
Pienso
que la práctica espontánea de la reciprocidad y el trueque, tanto como
respuesta a las carencias como motivada por relaciones afectivas y electivas,
nos da la clave para explorar las posibilidades de que ellas converjan
y contribuyan en proyectos de cambio en las relaciones económicas y
sociales.
Por
un lado, tales proyectos pueden ser parte de un proceso tendiente a
la superación de la pobreza y la inequidad distributiva. En este sentido,
la eficiencia de las prácticas de trueque está demostrada en el hecho
de que muchas personas logran subsistir a través de ellas, y su difusión
social no puede sino contribuir a expandir sus potencialidades. Pero,
por cierto, encuentra límites objetivos en el hecho de que quienes participan
en estas relaciones lo que hacen es en el fondo compartir su pobreza.
Sin embargo, es posible pensar que puedan trascender estos límites,
potenciando sus efectos, en la medida que se articulen con procesos
activos más amplios, y específicamente desplegándose como un elemento
inserto en los procesos creativos y productivos de la economía popular
y solidaria.
Por
otro lado, la difusión del trueque, la reciprocidad y las monedas alternativas
pueden ser parte de la construcción social de nuevas relaciones económicas,
de nuevas formas de producir, distribuir, consumir y desarrollarse,
en un plano más general, en que participen no solamente los pobres sino
también personas y grupos sociales de distinto nivel social, motivados
por un deseo de participación y convivencia, y por valores e ideales
que hundes sus raíces en anhelos de justicia, solidaridad, desarrollo
humano y espiritual.
Esta
dimensión también presenta límites, dados naturalmente por el hecho
de que su difusión supone que las personas y grupos que se integren
al proceso predispongan de estas motivaciones y anhelos generosos. Sin
embargo, también aquí es posible pensar que estos límites puedan ser
trascendidos en la medida que las prácticas se inserten en las dinámicas
de la economía de solidaridad y trabajo, que mediante una adecuada demostración
de su eficiencia puedan inducir el desarrollo de comportamientos asociativos
y solidarios más allá de los vínculos espontáneos y de las afinidades
familiares y comunitarias.
Ahora
bien, en la perspectiva de la generalización o amplitud que pueda alcanzar
el desarrollo de estas iniciativas de trueque y dineros alternativos,
conviene reflexionar más a fondo sobre la razón de ser de las experiencias
que insertan el trueque y los dineros alternativos en proyectos transformadores.
Es bastante evidente que ellas surgen de una crítica implícita o
explícita a la economía de mercado, y aunque no pretendan sustituir
al mercado buscan corregir la tendencia que parece inherente a éste,
hacia la inequidad distributiva. Caben a este respecto algunas precisiones.
La
primera es que el mercado en cuanto tal no es de por sí, esencialmente,
una organización injusta, en la medida que en él se procesan relaciones
humanas de intercambio que, si fueran efectuados entre activos económicos
de igual valor, no generarían desigualdad ni concentración de la riqueza.
En sí, el mercado es una expresión del ser social del hombre,
y pone de manifiesto el hecho solidario de que nos necesitamos unos
a otros y de que trabajamos unos para otros. Los efectos perversos,
lo que constituye "el problema", es la organización capitalista del
mercado.
Ahora
bien, las raíces de la inequidad del mercado no están dadas tampoco
por la existencia del dinero, que en esencia es un medio de medida del
valor y un instrumento del intercambio, y en cuanto tal parece consustancial
al hecho universal del mercado. El origen del problema parece estar
más bien en la transformación del dinero en capital, y esta transformación
se origina, a su vez, en el hecho que el dinero asuma un "valor de
escasez", derivado de la concentración del poder de emisión en manos
del Estado y de las entidades financieras del capitalismo.
De
ahí que tiene un gran significado y valor la posibilidad de emisión
y circulación de dineros alternativos, que puedan sustraerse al control
capitalista, y que eliminen el valor de escasez del dinero. Ello
supone, evidentemente, un proceso de circulación monetaria en que pueda
abolirse la tasa de interés. Esto, por cierto, plantea problemas
teóricos complejos que no es posible examinar en esta breve presentación.
Pero es importante señalar, que la idea no tiene nada de exótica, habiendo
sido planteada por las más importantes corrientes del pensamiento económico
contemporáneo. Por ejemplo, por Keynes, quien formula la necesidad de
eliminar el valor de escasez del dinero mediante su creación ex nulla,
como la llama. O por Milton Friedman, quien expone y fundamenta la tesis
de que un modelo de mercado de competencia perfecta implica eliminar
el monopolio de la emisión de dinero por parte del Estado, y que exista
también respecto a este factor económico la más amplia libertad de iniciativa.
En
un estudio que recién publiqué sobre el "Desarrollo transformación y
perfeccionamiento de la economía en el tiempo", en el que completo una
larga investigación teórica sobre la economía de solidaridad y el mercado
democrático, planteo la tesis de que la equidad distributiva sólo podrá
construirse en condiciones de un mercado mundial unificado en que
exista una moneda única de circulación universal, y una inmensa multitud
de monedas alternativas, no estatales ni nacionales sino de dimensiones
locales y comunitarias. Es obvio que en el breve espacio de esta
exposición resulta imposible fundamentar y explicar con algún detalle
esta tesis; pero he querido al menos mencionarla, pues parece que es
en ambas direcciones -la de unificación monetaria mundial y la de la
emergencia de monedas locales alternativas- que parecen orientarse,
aunque todavía tímidamente, la búsquedas de soluciones a los grandes
problemas de la crisis económica global en que estamos inmersos.
Para
terminar, quisiera solamente agregar que en la perspectiva del desarrollo
de dineros alternativos, es indispensable disponer de una nueva teoría
del dinero, que ponga en evidencia su naturaleza social e intersubjetiva.
Entre los aspectos a profundizar teóricamente -y sobre los cuales he
efectuado algunos aportes en el libro mencionado- tal vez el más importante
sea el hecho que el dinero es, esencialmente, no una realidad material,
ni puramente simbólica, ni sólo un instrumento de cambio, sino una
relación social que supone vínculos de confianza y mutua credibilidad
entre los sujetos y actores económicos que efectúan intercambios.
Emitir
dinero, dinero alternativo, es la cosa más simple del mundo, cuando
hay confianza y credibilidad. Lo demuestra el hecho de que cada
uno de nosotros de hecho emite dinero, y dinero real en el más técnico
sentido del término, cada vez que firma un "vale", cada vez que asume
un compromiso de pago, sea por contrato, por simple escrito, o incluso
oralmente. Si le digo a una persona: "puedes contar con que en 30 días
te pagaré 500 mil pesos, y esa persona me cree porque confía en mi palabra,
hemos establecido una relación social que crea dinero de la nada
(ex nulla), de modo que esa persona puede desarrollar actividades productivas,
comerciales o de consumo, las que quiera, porque su actividad ha sido
realmente financiada por mi palabra.
El
financiamiento es crédito, o sea confianza, y la emisión de dinero,
que puede tener la forma de billetes, de bonos, de vales, o de simples
palabras, vale tanto como la credibilidad que suscite socialmente. Una
prueba de ello es que el Estado, a través de su Banco Central, puede
emitir todos los billetes que quiera y ponerlos en circulación, pero
si "el mercado" (o sea, los agentes económicos) no cree en la consistencia
de esa emisión, toda ella se traduce solamente en inflación, o sea en
pérdida de valor del dinero, pues no se ha creado dinero real.
Es
claro, pues, que toda iniciativa, experiencia o proceso tendiente a
crear dineros alternativos, podrá tener validación y consistencia solamente
si se funda en relaciones sociales de confianza, y si es capaz de suscitar
la apropiada credibilidad social. En este sentido, el trueque y
la creación de dineros alternativos son posibles a escala social, en
el marco de la economía de solidaridad, esto es, de aquellos procesos
de producción, distribución, consumo y acumulación que se basan en,
y construyen, relaciones sociales de cooperación, ayuda mutua, reciprocidad,
equidad y confianza.
(Ponencia
presentada en Seminario sobre Trueque y Monedas Alternativas, IEP, Santiago
de Chile, 2000).
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