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Para explicar
el desarrollo social que puede alcanzar una sociedad a través
de la Economía Solidaria, hay que entender cuál es su
significado, sus relaciones con la economía formal y los niveles
de productividad que puede alcanzar. La entrada a este mundo de la Economía
Solidaria la hace posible el investigador chileno Luis Razeto, quien
durante el seminario expuso ideas y experiencias de su país en
esta materia.
En el mundo,
y en especial en América Latina, desde algunos años se
comienza a hablar de Economía Solidaria, no obstante, Luis Razeto
prefiere denominarla “Economía de la Solidaridad”,
entendida como un componente importante en la actividad económica
y no como un calificador del proceso.
Este tipo
de economía, explica el investigador chileno, “es la actividad
cuyos actores son sujetos privados asociados en grupos, familias o asociaciones
privadas, que intercambian, producen y obtienen sus elementos del mercado,
y en sus operaciones dentro de este entorno buscan obtener beneficios”.
Razeto expresó
que la diferencia con la economía formal, es que logra satisfacer
los vacíos que deja la producción de bienes. Pero advierte,
que la cobertura de ese vacío no debe verse como algo foráneo
al proceso de la economía, sino como un elemento de la misma.
Expone que otra discrepancia, es que se encuentra inmersa en ese gran
grupo denominado popular, donde se localizan “no menos del 35%
y en algunos casos hasta un 70% de la fuerza de trabajo de nuestra región
que no participa en los procesos económicos”
Ratifica
que en este nuevo proceso, la población busca obtener sus objetivos
a través de lo económico y no de movilizaciones políticas
como se realizaba en el pasado. Pero aclara que aunque esta economía
popular posee gérmenes que la asemejan con la solidaria, sólo
se desarrollará y llegará a convertirse en Economía
de la Solidaridad, si se activa un mayor proceso de productividad y
eficiencia a través de procesos de coordinación, integración
y cooperación entre las unidades económicas de cada una
de ellas.
Ese paso
de popular a solidaria, resalta Razeto, no es imposible porque el mercado
en sí mismo es una expresión social del hombre, donde
se articulan un conjunto de relaciones de la vida social. Por lo que
este tránsito a la Economía de la Solidaridad se dará
como un camino de transformación de las sociedades para enfrentar
los problemas de la economía, bajo los preceptos actuales, no
ha sido capaz de resolver y surgirá a pesar del gran mal de estos
tiempos, “la concepción de proyectos individuales y la
privatización de las iniciativas y empresas”.
Indica Razeto,
que una vez superadas todas las dificultades, “la Economía
de la Solidaridad se levantará como una forma de organización
económica capaz de canalizar la búsqueda más genuina,
tendiente a resolver los problemas creados por el desarrollo y la economía
que tenemos en la actualidad”.
Pero este
tipo de economía también necesita de un capital y financiamiento
como cualquier otra empresa u organización, y es aquí
donde se le dificulta su desarrollo al no tener los mecanismos para
acceder a financiamientos adecuados. Ante estos obstáculos, las
experiencias de Economía de la Solidaridad deben agotar en primer
lugar, todas sus formas posibles de obtención de aportes para
manejar los recursos financieros con sus propios medios. Y es allí
donde resalta Luis Razeto, la necesidad que tienen las iniciativas de
generar estructuras de crédito propias, a través de Cooperativas
de ahorro y crédito, asociaciones, fondos rotatorios, que puedan
ser administrados y gestionados con criterios idóneos adaptados
a las condiciones de la Economía Popular.
EL
FACTOR DE LA PRODUCTIVIDAD
Para entender
los alcances de la Economía Solidaria hay que conocer el factor
que la hace competitiva y la diferencia de otras modalidades económicas
a pesar de sus deficiencias en capital, tecnología y mano de
obra especializada. Ese principio denominado por Luis Razeto como factor
C, se constituye como el elemento de la colaboración,
el compañerismo, de la comunidad, del compartir, del cooperar
y comercializar en conjunto, denominaciones que le otorgan las características
propias a ese sector.
Donde hay
solidaridad, afirma el investigador chileno, aumenta la productividad
ya que ella se consolida como un factor de rendimiento
dentro de cualquier empresa. Este elemento económico Razeto lo
denomina Factor C, porque muchas de las palabras asociadas
a él comienzan por C, por ejemplo, comunidad,
compañerismo, colaboración, compartir, entre otros.
Señala
que así como no se puede producir sin capital o sin trabajo,
tampoco se puede rendir sin solidaridad, es decir, sin el factor
C, y es por ello que todas las teorías de calidad aluden
en alguna medida la importancia que tiene el elemento humano, la cooperación
y la integración, porque saben que mejorando el clima humano
se aumenta la producción.
En las empresas
solidarias, sostiene Razeto, que se demuestra como este factor
C es capaz de sustituir las insuficiencias de otros elementos
que son compensadas por un tipo de comunicación y creatividad,
generada a través del trabajo en grupo, constituyéndose
en una gran ventaja comparativa y competitiva de las empresas solidarias
frente a otras empresas.
Por ende,
concluye Luis Razeto, a futuro la Economía de la Solidaridad
sí mejora su tecnología, su dotación de capital
y califica su fuerza de trabajo, se constituirá como una estructura
más adecuada y mucho más eficiente que las otras formas
económicas basadas en la subordinación de gran parte de
las personas que participan en ellas, donde el Factor C
no tiene ninguna cabida.
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