INGENIERÍA Y DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

Artículo publicado en 1971 por la "Revista de la Universidad Técnica del Estado".

 

La dependencia que viven nuestros países en Latinoamérica ha sido amplia y profundamente analizada por los científicos sociales del continente, habiéndose llegado a una caracterización bastante precisa de su significado. En estos análisis se ha enfatizado, además del esfuerzo de definición general de la situación, el análisis de la dependencia económica, política y cultural.

En los análisis de la dependencia económica, se ha llegado a distinguir dos grandes aspectos: la dependencia financiera y de propiedad, y la dependencia tecnológica. Este ha sido el mayor nivel de concreción a que se ha llegado hasta ahora. Y de ahí han surgido diferentes perspectivas de acción y políticas de desarrollo, consecuentes con el análisis y destinadas a superar esta situación que nos mantiene en el subdesarrollo y el atraso.

Creemos que es el momento de avanzar más en el camino de concreción del análisis, a fin de enfocar situaciones y problemas más específicos, en diversos campos de la actividad económica y social y así enfrentar consecuentemente el esfuerzo de liberación en todos y cada uno de estos aspectos.

Uno de estos campos y problemas específicos es el de la Ingeniería, considerada como actividad teórico-práctica orientada a la solución de problemas tecnológicos de la producción, y como actividad docente y de investigación universitaria, orientada a la formación de este tipo de profesionales.

En este breve trabajo, pretendemos sólo iniciar un análisis sobre el tema, más con la intención de comenzar un debate que llegar a definiciones suficientemente claras. Creemos que la discusión teórica en torno a este problema, deberá conducir a un enfoque nuevo de la Ingeniería en nuestras Universidades, y a sustanciales modificaciones tanto en su orientación general como en diferentes particularidades.

Intentaremos aquí hacer un análisis estructural de la Ingeniería, como actividad teórico-práctica y como trabajo específico, a fin de descubrir en ella los factores y elementos que la ligan a la situación global de la dependencia, y a la dependencia científica y tecnológica.

La Ingeniería, al menos en la forma en que la conocemos actualmente, y en particular la Ingeniería Industrial, tuvo su origen en la Revolución Industrial que se iniciará en Europa en el siglo XVIII. En efecto, fue precisamente en aquel proceso histórico que, por primera vez, se vinculó la ciencia a la actividad productiva en forma sistemática, dando origen a la tecnología moderna, y consecuencialmente, a la propia Ingeniería. Precisamente, ésta puede ser considerada como la utilización de los conocimientos científicos en la resolución de problemas vinculados a la actividad productiva.

Para comprender mejor el significado de la Ingeniería, intentemos hacer aunque sea una esquemática distinción entre la actividad científica y el trabajo de Ingeniería, y encontrar asimismo sus íntimas vinculaciones. Ambos tipos de actividad responden a inquietudes e intereses humanos muy profundos y distintos. Por un lado está el esfuerzo de conocer la realidad, de penetrar en sus estructuras, en su mecánica y en su dinamismo, en un intento constante por obtener una imagen teórica lo más próxima posible del mundo; es el esfuerzo de reconstrucción teórica de la realidad objetiva. Junto a esta orientación, encontramos otra, no incompatible con la primera, pero sí distinta. Es el esfuerzo humano por transformar la realidad, por introducir cambios, perfeccionar las condiciones materiales de existencia de los hombres, respondiendo a los desafíos técnicos y resolviendo problemas reales. La primera orientación es la de la Ciencia, y la segunda la de la Ingeniería. Científicos e Ingenieros son los hombres que van a la vanguardia, abriendo el camino en ambas direcciones de la actividad humana en la historia.

Ahora bien, ni la Ciencia y la Ingeniería son actividades autónomas en su desenvolvimiento, ni científicos e ingenieros tipos humanos incompatibles. Por el contrario, la actividad descubridora de la Ciencia y la actividad creadora de la Ingeniería se vinculan a un grado tal, que la una no puede existir sin la otra. En efecto, la Ciencia no busca el saber por el saber, sino conocer la realidad a fin de entregar al hombre las posibilidades de dominar y transformar el mundo; en la Ciencia se da la unión activa entre la teoría y la práctica. A su vez, la Ingeniería no puede realizar su actividad transformadora y creadora, sin un conocimiento exacto y objetivo de la realidad. Así, la Ingeniería encuentra su alimento en la Ciencia, y ésta encuentra en aquélla los criterios últimos de validación de sus leyes y teorías.

De acuerdo con esto, la Ingeniería recoge de la Ciencia toda la información necesaria para resolver los problemas y enfrentar los desafíos que le presenta la sociedad. Lo que la Ingeniería hace, es mediar entre la Ciencia y la Sociedad. Y de este encuentro entre la ciencia y la problemática real de la sociedad, surge su función y su actividad específica: generar tecnología, conservando la existente y creando constantemente una nueva y más perfecta.

Es aquí donde encontramos la vinculación de la Ingeniería con el problema de la Dependencia. Si la Ingeniería en su esfuerzo de generar tecnología media entre la Ciencia y la Sociedad, en ella aparece, como concentrándose en una actividad unificadora, la dependencia de la sociedad, la de la ciencia, y la propia dependencia tecnológica que viven nuestros países latinoamericanos.

Pero en este trabajo no nos interesa demostrar la existencia de la situación de dependencia en la Ingeniería latinoamericana; eso lo consideramos más o menos evidente. Es necesario ir más allá. Intentaremos pues, encontrar en el análisis de la dinámica operativa propia del trabajo de Ingeniería, las formas en que tal dependencia se manifiesta, las formas como la dependencia se introduce en el interior mismo de la Ingeniería, a fin de disponer de los elementos de juicio necesarios para generar una política universitaria y profesional encaminada a superar esta situación en forma radical. De lo contrario, por mucho que nos afanemos no encontraremos la forma de abordar el problema, pues nos faltará la comprensión científica del mismo: olvidaremos los mecanismos más sutiles a través de los cuales la situación de dependencia se introduce en el seno mismo de la Ingeniería en nuestros países.

Para la comprensión del proceso de trabajo de Ingeniería, tomaremos como base el enunciado que hace el Profesor H. E. Hoelscher, de la Universidad de Pittsburgh, en la revista Research/Development, Diciembre de 1966.

El trabajo de Ingeniería, que puede definirse básicamente como de resolución de problemas tecnológicos, se inicia naturalmente con el reconocimiento de la existencia de un problema por resolver: un problema del mundo real, un problema que tienen los hombres en la sociedad. Hoelscher señala que “existe un problema cada vez que una situación requiere cambio o se piensa que precisa ser cambiada, cuando una pregunta en busca de respuesta no es contestada o cuando un desafío queda sin aceptación”.

Se presentan problemas, entonces, cuando se requiere establecer comunicaciones entre dos ciudades; cuando debe reducirse el tiempo de elaboración de un producto; cuando deben reducirse sus costos; cuando se necesita diseñar un reactor químico; cuando deben descubrirse las formas de aprovechar determinados recursos naturales; cuando debe encontrarse el mecanismo para producir una reacción química dada; etc. La sociedad exige una respuesta, y el Ingeniero debe encontrarla: es un imperativo social. Lo primero es pues, identificar un problema de Ingeniería y comprender su estructura.

“La experiencia indica que hay un recurso limitado accesible al hombre, que hay cierto límite superior en el número de horas, en la cantidad de energía, en el volumen de información y en la disponibilidad de facilidades físicas que pueden ser usadas en un esfuerzo de resolución de problemas. No parecen estar estos límites ni en el número de los problemas que deben resolverse ni en su complejidad. Todo esto indica que se requiere cierta selectividad y juicio para elegir el próximo y particular problema a atacar. Dado que son limitados los recursos, parece evidente que hay un mérito y amplia recompensa en un ordenamiento inteligente de los esfuerzos”. (Hoelscher).

Ahora bien, un problema del mundo real nunca es visto tal cual es, con objetividad absoluta. El hombre, el sujeto cognoscente, siempre pone algo de su parte. El problema puede ser visto desde perspectivas diferentes por uno u otro investigador. Es concebido inevitablemente con un sesgo, con cierta parcialidad, condicionado por la experiencia y la práctica social previa del ingeniero, y aún por sus prejuicios e ideas preconcebidas. Lo que es objeto entonces del esfuerzo de resolución, no es el problema tal como es, sino el problema tal como se ve desde la perspectiva subjetiva del investigador y de la propia sociedad en la que se da. Es, por ejemplo, distinto el problema de instalar una línea de comunicaciones en un país subdesarrollado y dependiente de América Latina. Incluso un mismo problema en una misma situación, debiera ser visto de un modo diferente por un Ingeniero chileno y por uno recién llegado de Norteamérica.

Pero tampoco el problema puede ser enfrentado ni resuelto tal como se ve. Es aún demasiado complejo, e integra demasiados factores y variables. Es necesario simplificarlo y reducirlo a sus aspectos más relevantes y significativos. En otras palabras, es necesario elaborar un modelo, que en el fondo constituye una representación simplificada de un sistema en estudio, o mejor, un problema idealizado, pero naturalmente, vinculado al problema real, pues es su reconstrucción teórica en un cierto grado de abstracción y generalidad. Se espera que el estudio de ese modelo entregue suficientes elementos como para enfrentar la resolución del problema real y tomar decisiones prácticas al respecto.

El Profesor Hoelscher señala que “un modelo puede ser una reproducción física en miniatura o puede ser formulado en términos de enunciados descriptivos, diagramas, mapas, gráficos o ecuaciones matemáticas. Los tipos de modelos útiles varían al igual que las características de los problemas para los cuales se han creado y de un campo a otro”.

No termina el proceso en la construcción del modelo. Es necesario hacer de él un análisis detallado, en el que el Ingeniero deberá invertir sus conocimientos científicos y técnicos. Este proceso de análisis conduce normalmente a resoluciones que adquieren la forma de enunciaciones y ecuaciones matemáticas. De ellas se desprenderán conclusiones y directivas para la acción. Estas serán tanto más adecuadas cuanto perfectos y representativos del problema real sean los modelos con que se haya trabajado. Si los resultados no son satisfactorios, se inicia un proceso de retroalimentación, destinado a la modificación, cambio o perfeccionamiento del modelo.

Este es en síntesis y esquemáticamente el proceso de resolución de problemas en Ingeniaría, destinado a crear tecnologías.

Analicemos ahora brevemente, dónde aparece el problema de la dependencia en la creación de tecnología en nuestra sociedad dependiente.

Una serie de investigaciones han señalado el problema de la dependencia tecnológica en Latinoamérica. En dichos análisis se ha puesto énfasis en un aspecto –ciertamente crucial- del problema. Concretamente se ha señalado que en nuestros países no se crea, no se genera tecnología, sino que ésta es importada y/o copiada de la que existe en las sociedades desarrolladas de Norteamérica y Europa. No abundaremos aquí al respecto. Nuestro interés es destacar un nuevo aspecto del problema. Nuestra tesis consiste en que, aun si nuestros ingenieros crearan tecnología, ésta sería una tecnología dependiente. Por su formación personal, y por la forma como se encara la ingeniería, los ingenieros latinoamericanos no pueden sino crear una tecnología que lleva marcado el carácter de la dependencia.

Para comprender el significado de nuestra afirmación, debemos analizar la forma cómo la profesión y la formación de los Ingenieros es encarada en nuestras Universidades, a la luz del esquema diseñado sobre el proceso del trabajo de ingeniería.

Señalamos que la Ingeniería hace el puente entre las Ciencias y la Sociedad, a través de la utilización de los conocimientos científicos en la resolución de problemas técnicos reales que se presentan en la sociedad. Y señalamos también, que el proceso de resolución de tales problemas se inicia con su identificación y comprensión de sus estructuras, tal como son vistos a partir de las experiencias sociales previas, a fin de elaborar los modelos que permitan abordarlos convenientemente. Pues bien: ¿cómo se preparan en nuestras Universidades los Ingenieros, para que desarrollen dicho trabajo?

Naturalmente, se comienza con la entrega del conocimiento científico indispensable: matemáticas, física, química, etc.; se lo alimenta, se lo arma con las herramientas conceptuales indispensables para que aborde su tarea. Y una vez hecho esto (en algunas ocasiones en forma simultánea), se procede a la problemática más directamente tecnológica. Pero ello se realiza a partir del análisis de modelos y sus correspondientes enunciaciones y ecuaciones matemáticas y lógicas.

¿Qué ha sucedido? Nos hemos saltado tal vez el paso más importante, y que debiera ser cronológicamente el primero: la identificación de problemas reales, la comprensión de sus estructuras básicas, y el proceso mismo de la elaboración de los modelos.

Se ha partido de modelos ya construidos, elaborados en los países desarrollados donde la ingeniería está más avanzada. Enfrentado después a un trabajo donde tendrá que resolver problemas tecnológicos, el Ingeniero, cuando genere tecnología (no sólo cuando imite), partirá con la aplicación de un modelo ya hecho en otras circunstancias, aplicará sus conocimientos científicos (que son universales y que por tanto no significan mayor problema de dependencia), y naturalmente sus respuestas tecnológicas no podrán ser sustancialmente distintas, a las que se dan en los países desarrollados. Y es porque las respuestas y directivas que se obtengan frente a un problema, son proporcionales al modelo utilizado.

Volvamos por un momento atrás. Señalamos cómo el trabajo de Ingeniería se inicia con la identificación de problemas reales existentes en la sociedad y que exigen una imperiosa resolución. Tales problemas son vistos a la luz de la experiencia y la práctica social anteriores, que condicionan al ingeniero. Y es trabajando sobre esa base que los modelos son elaborados, tratando de reconstruir teóricamente el sistema en estudio.

Pues bien, si nuestros ingenieros comienzan su trabajo a partir de modelos ya construidos, lo que hacen, sin saberlo, es abordar los problemas a la luz de la práctica social, la experiencia, los prejuicios y las ideas previas de quienes construyeron tales modelos. Así, la dependencia se ha introducido ya en el mecanismo mismo de creación tecnológica nueva que hagan nuestros ingenieros.

A modo de ilustración, consideramos un momento lo que sería un trabajo de creación tecnológica libre de la situación dependiente. Supongamos que se trate de resolver el problema de aprovechar determinados recursos naturales en una zona de nuestro país. Identificar el problema y comprender su estructura a la luz de la práctica social nacional, implica considerarlo teniendo en cuenta las características particulares de tales recursos tal como se dan en el país, teniendo presentes las características humanas de los trabajadores y de las fuerzas de trabajo nacional, teniendo presente, por ejemplo, que debe abordarse conjuntamente la necesidad de dar trabajo a una determinada cantidad de cesantes, y que todo este trabajo de aprovechamiento de recursos se integra en los planes de desarrollo e independencia nacional en que está empeñado nuestro país. Identificando así la estructura del problema, nuestro Ingeniero deberá construir un modelo que tome en cuenta este conjunto de situaciones y variables, y con ello, las respuestas tecnológicas que se deriven del análisis serán perfectamente adecuadas a la situación. Lógicamente, la tecnología así creada será radicalmente distinta de aquella que surgiría de la consideración del problema, a la luz de modelos creados para abordar problemas similares de aprovechamiento de tales recursos, en las condiciones de un país desarrollado y del alto desarrollo de la maquinaria y la técnica.

El análisis del problema que planteamos da para más y puede ser profundizado. Por nuestra parte, hemos tenido sólo una intención indicativa del problema, de la raíz de la dependencia tecnológica en el trabajo de ingeniería. Nos limitamos por ahora a lo dicho. A modo de conclusiones, sólo esbozaremos algunas interrogantes que se abren, frente a la necesidad de orientar los estudios profesionales de Ingeniería, no sólo evitando la dependencia, sino aun, entregando las herramientas necesarias para superarla.

Cabe preguntarnos, por ejemplo, si el lugar cronológico en los estudios de la profesión, que se le asigna a las ciencias básicas, es el más adecuado. El iniciar la carrera con ellos, ¿no estará ocultando al futuro profesional el carácter instrumental de la ciencia, dispuesta para resolver problemas reales? Porque la Ciencia, en Ingeniería, no es un fin en sí misma.

Por otra parte, ¿no se estará dedicando demasiado tiempo al análisis de modelos ya hechos? ¿No será conveniente enseñar mejor, en la misma práctica creadora, a generar modelos nuevos a partir del análisis de nuestros problemas técnicos?

Y lo más importante: ¿No debiera comenzarse los estudios de Ingeniería por la identificación de nuestros problemas tecnológicos, tal como se presentan en la actividad productiva latinoamericana y chilena, dada su situación de formación social subdesarrollada y dependiente?

Finalmente, ¿qué aportes pueden dar las Ciencias Sociales en la identificación de nuestros problemas de Ingeniería? ¿Cuál debe ser su lugar en la formación de los ingenieros? ¿Qué orientación teórica y qué contenidos debe entregar?