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La dependencia
que viven nuestros países en Latinoamérica ha sido amplia
y profundamente analizada por los científicos sociales del continente,
habiéndose llegado a una caracterización bastante precisa
de su significado. En estos análisis se ha enfatizado, además
del esfuerzo de definición general de la situación, el
análisis de la dependencia económica, política
y cultural.
En los análisis
de la dependencia económica, se ha llegado a distinguir dos grandes
aspectos: la dependencia financiera y de propiedad, y la dependencia
tecnológica. Este ha sido el mayor nivel de concreción
a que se ha llegado hasta ahora. Y de ahí han surgido diferentes
perspectivas de acción y políticas de desarrollo, consecuentes
con el análisis y destinadas a superar esta situación
que nos mantiene en el subdesarrollo y el atraso.
Creemos que
es el momento de avanzar más en el camino de concreción
del análisis, a fin de enfocar situaciones y problemas más
específicos, en diversos campos de la actividad económica
y social y así enfrentar consecuentemente el esfuerzo de liberación
en todos y cada uno de estos aspectos.
Uno de estos
campos y problemas específicos es el de la Ingeniería,
considerada como actividad teórico-práctica orientada
a la solución de problemas tecnológicos de la producción,
y como actividad docente y de investigación universitaria, orientada
a la formación de este tipo de profesionales.
En este breve
trabajo, pretendemos sólo iniciar un análisis sobre el
tema, más con la intención de comenzar un debate que llegar
a definiciones suficientemente claras. Creemos que la discusión
teórica en torno a este problema, deberá conducir a un
enfoque nuevo de la Ingeniería en nuestras Universidades, y a
sustanciales modificaciones tanto en su orientación general como
en diferentes particularidades.
Intentaremos
aquí hacer un análisis estructural de la Ingeniería,
como actividad teórico-práctica y como trabajo específico,
a fin de descubrir en ella los factores y elementos que la ligan a la
situación global de la dependencia, y a la dependencia científica
y tecnológica.
La Ingeniería,
al menos en la forma en que la conocemos actualmente, y en particular
la Ingeniería Industrial, tuvo su origen en la Revolución
Industrial que se iniciará en Europa en el siglo XVIII. En efecto,
fue precisamente en aquel proceso histórico que, por primera
vez, se vinculó la ciencia a la actividad productiva en forma
sistemática, dando origen a la tecnología moderna, y consecuencialmente,
a la propia Ingeniería. Precisamente, ésta puede ser considerada
como la utilización de los conocimientos científicos en
la resolución de problemas vinculados a la actividad productiva.
Para comprender
mejor el significado de la Ingeniería, intentemos hacer aunque
sea una esquemática distinción entre la actividad científica
y el trabajo de Ingeniería, y encontrar asimismo sus íntimas
vinculaciones. Ambos tipos de actividad responden a inquietudes e intereses
humanos muy profundos y distintos. Por un lado está el esfuerzo
de conocer la realidad, de penetrar en sus estructuras, en su mecánica
y en su dinamismo, en un intento constante por obtener una imagen teórica
lo más próxima posible del mundo; es el esfuerzo de reconstrucción
teórica de la realidad objetiva. Junto a esta orientación,
encontramos otra, no incompatible con la primera, pero sí distinta.
Es el esfuerzo humano por transformar la realidad, por introducir cambios,
perfeccionar las condiciones materiales de existencia de los hombres,
respondiendo a los desafíos técnicos y resolviendo problemas
reales. La primera orientación es la de la Ciencia, y la segunda
la de la Ingeniería. Científicos e Ingenieros son los
hombres que van a la vanguardia, abriendo el camino en ambas direcciones
de la actividad humana en la historia.
Ahora bien,
ni la Ciencia y la Ingeniería son actividades autónomas
en su desenvolvimiento, ni científicos e ingenieros tipos humanos
incompatibles. Por el contrario, la actividad descubridora de la Ciencia
y la actividad creadora de la Ingeniería se vinculan a un grado
tal, que la una no puede existir sin la otra. En efecto, la Ciencia
no busca el saber por el saber, sino conocer la realidad a fin de entregar
al hombre las posibilidades de dominar y transformar el mundo; en la
Ciencia se da la unión activa entre la teoría y la práctica.
A su vez, la Ingeniería no puede realizar su actividad transformadora
y creadora, sin un conocimiento exacto y objetivo de la realidad. Así,
la Ingeniería encuentra su alimento en la Ciencia, y ésta
encuentra en aquélla los criterios últimos de validación
de sus leyes y teorías.
De acuerdo
con esto, la Ingeniería recoge de la Ciencia toda la información
necesaria para resolver los problemas y enfrentar los desafíos
que le presenta la sociedad. Lo que la Ingeniería hace, es mediar
entre la Ciencia y la Sociedad. Y de este encuentro entre la ciencia
y la problemática real de la sociedad, surge su función
y su actividad específica: generar tecnología, conservando
la existente y creando constantemente una nueva y más perfecta.
Es aquí
donde encontramos la vinculación de la Ingeniería con
el problema de la Dependencia. Si la Ingeniería en su esfuerzo
de generar tecnología media entre la Ciencia y la Sociedad, en
ella aparece, como concentrándose en una actividad unificadora,
la dependencia de la sociedad, la de la ciencia, y la propia dependencia
tecnológica que viven nuestros países latinoamericanos.
Pero en este
trabajo no nos interesa demostrar la existencia de la situación
de dependencia en la Ingeniería latinoamericana; eso lo consideramos
más o menos evidente. Es necesario ir más allá.
Intentaremos pues, encontrar en el análisis de la dinámica
operativa propia del trabajo de Ingeniería, las formas en que
tal dependencia se manifiesta, las formas como la dependencia se introduce
en el interior mismo de la Ingeniería, a fin de disponer de los
elementos de juicio necesarios para generar una política universitaria
y profesional encaminada a superar esta situación en forma radical.
De lo contrario, por mucho que nos afanemos no encontraremos la forma
de abordar el problema, pues nos faltará la comprensión
científica del mismo: olvidaremos los mecanismos más sutiles
a través de los cuales la situación de dependencia se
introduce en el seno mismo de la Ingeniería en nuestros países.
Para la comprensión
del proceso de trabajo de Ingeniería, tomaremos como base el
enunciado que hace el Profesor H. E. Hoelscher, de la Universidad de
Pittsburgh, en la revista Research/Development, Diciembre
de 1966.
El trabajo
de Ingeniería, que puede definirse básicamente como de
resolución de problemas tecnológicos, se inicia naturalmente
con el reconocimiento de la existencia de un problema por resolver:
un problema del mundo real, un problema que tienen los hombres en la
sociedad. Hoelscher señala que “existe un problema cada
vez que una situación requiere cambio o se piensa que precisa
ser cambiada, cuando una pregunta en busca de respuesta no es contestada
o cuando un desafío queda sin aceptación”.
Se presentan
problemas, entonces, cuando se requiere establecer comunicaciones entre
dos ciudades; cuando debe reducirse el tiempo de elaboración
de un producto; cuando deben reducirse sus costos; cuando se necesita
diseñar un reactor químico; cuando deben descubrirse las
formas de aprovechar determinados recursos naturales; cuando debe encontrarse
el mecanismo para producir una reacción química dada;
etc. La sociedad exige una respuesta, y el Ingeniero debe encontrarla:
es un imperativo social. Lo primero es pues, identificar un problema
de Ingeniería y comprender su estructura.
“La
experiencia indica que hay un recurso limitado accesible al hombre,
que hay cierto límite superior en el número de horas,
en la cantidad de energía, en el volumen de información
y en la disponibilidad de facilidades físicas que pueden ser
usadas en un esfuerzo de resolución de problemas. No parecen
estar estos límites ni en el número de los problemas que
deben resolverse ni en su complejidad. Todo esto indica que se requiere
cierta selectividad y juicio para elegir el próximo y particular
problema a atacar. Dado que son limitados los recursos, parece evidente
que hay un mérito y amplia recompensa en un ordenamiento inteligente
de los esfuerzos”. (Hoelscher).
Ahora bien,
un problema del mundo real nunca es visto tal cual es, con objetividad
absoluta. El hombre, el sujeto cognoscente, siempre pone algo de su
parte. El problema puede ser visto desde perspectivas diferentes por
uno u otro investigador. Es concebido inevitablemente con un sesgo,
con cierta parcialidad, condicionado por la experiencia y la práctica
social previa del ingeniero, y aún por sus prejuicios e ideas
preconcebidas. Lo que es objeto entonces del esfuerzo de resolución,
no es el problema tal como es, sino el problema tal como se ve desde
la perspectiva subjetiva del investigador y de la propia sociedad en
la que se da. Es, por ejemplo, distinto el problema de instalar una
línea de comunicaciones en un país subdesarrollado y dependiente
de América Latina. Incluso un mismo problema en una misma situación,
debiera ser visto de un modo diferente por un Ingeniero chileno y por
uno recién llegado de Norteamérica.
Pero tampoco
el problema puede ser enfrentado ni resuelto tal como se ve. Es aún
demasiado complejo, e integra demasiados factores y variables. Es necesario
simplificarlo y reducirlo a sus aspectos más relevantes y significativos.
En otras palabras, es necesario elaborar un modelo, que en el fondo
constituye una representación simplificada de un sistema en estudio,
o mejor, un problema idealizado, pero naturalmente, vinculado al problema
real, pues es su reconstrucción teórica en un cierto grado
de abstracción y generalidad. Se espera que el estudio de ese
modelo entregue suficientes elementos como para enfrentar la resolución
del problema real y tomar decisiones prácticas al respecto.
El Profesor
Hoelscher señala que “un modelo puede ser una reproducción
física en miniatura o puede ser formulado en términos
de enunciados descriptivos, diagramas, mapas, gráficos o ecuaciones
matemáticas. Los tipos de modelos útiles varían
al igual que las características de los problemas para los cuales
se han creado y de un campo a otro”.
No termina
el proceso en la construcción del modelo. Es necesario hacer
de él un análisis detallado, en el que el Ingeniero deberá
invertir sus conocimientos científicos y técnicos. Este
proceso de análisis conduce normalmente a resoluciones que adquieren
la forma de enunciaciones y ecuaciones matemáticas. De ellas
se desprenderán conclusiones y directivas para la acción.
Estas serán tanto más adecuadas cuanto perfectos y representativos
del problema real sean los modelos con que se haya trabajado. Si los
resultados no son satisfactorios, se inicia un proceso de retroalimentación,
destinado a la modificación, cambio o perfeccionamiento del modelo.
Este es en
síntesis y esquemáticamente el proceso de resolución
de problemas en Ingeniaría, destinado a crear tecnologías.
Analicemos
ahora brevemente, dónde aparece el problema de la dependencia
en la creación de tecnología en nuestra sociedad dependiente.
Una serie
de investigaciones han señalado el problema de la dependencia
tecnológica en Latinoamérica. En dichos análisis
se ha puesto énfasis en un aspecto –ciertamente crucial-
del problema. Concretamente se ha señalado que en nuestros países
no se crea, no se genera tecnología, sino que ésta es
importada y/o copiada de la que existe en las sociedades desarrolladas
de Norteamérica y Europa. No abundaremos aquí al respecto.
Nuestro interés es destacar un nuevo aspecto del problema. Nuestra
tesis consiste en que, aun si nuestros ingenieros crearan tecnología,
ésta sería una tecnología dependiente. Por su formación
personal, y por la forma como se encara la ingeniería, los ingenieros
latinoamericanos no pueden sino crear una tecnología que lleva
marcado el carácter de la dependencia.
Para comprender
el significado de nuestra afirmación, debemos analizar la forma
cómo la profesión y la formación de los Ingenieros
es encarada en nuestras Universidades, a la luz del esquema diseñado
sobre el proceso del trabajo de ingeniería.
Señalamos
que la Ingeniería hace el puente entre las Ciencias y la Sociedad,
a través de la utilización de los conocimientos científicos
en la resolución de problemas técnicos reales que se presentan
en la sociedad. Y señalamos también, que el proceso de
resolución de tales problemas se inicia con su identificación
y comprensión de sus estructuras, tal como son vistos a partir
de las experiencias sociales previas, a fin de elaborar los modelos
que permitan abordarlos convenientemente. Pues bien: ¿cómo
se preparan en nuestras Universidades los Ingenieros, para que desarrollen
dicho trabajo?
Naturalmente,
se comienza con la entrega del conocimiento científico indispensable:
matemáticas, física, química, etc.; se lo alimenta,
se lo arma con las herramientas conceptuales indispensables para que
aborde su tarea. Y una vez hecho esto (en algunas ocasiones en forma
simultánea), se procede a la problemática más directamente
tecnológica. Pero ello se realiza a partir del análisis
de modelos y sus correspondientes enunciaciones y ecuaciones matemáticas
y lógicas.
¿Qué
ha sucedido? Nos hemos saltado tal vez el paso más importante,
y que debiera ser cronológicamente el primero: la identificación
de problemas reales, la comprensión de sus estructuras básicas,
y el proceso mismo de la elaboración de los modelos.
Se ha partido
de modelos ya construidos, elaborados en los países desarrollados
donde la ingeniería está más avanzada. Enfrentado
después a un trabajo donde tendrá que resolver problemas
tecnológicos, el Ingeniero, cuando genere tecnología (no
sólo cuando imite), partirá con la aplicación de
un modelo ya hecho en otras circunstancias, aplicará sus conocimientos
científicos (que son universales y que por tanto no significan
mayor problema de dependencia), y naturalmente sus respuestas tecnológicas
no podrán ser sustancialmente distintas, a las que se dan en
los países desarrollados. Y es porque las respuestas y directivas
que se obtengan frente a un problema, son proporcionales al modelo utilizado.
Volvamos
por un momento atrás. Señalamos cómo el trabajo
de Ingeniería se inicia con la identificación de problemas
reales existentes en la sociedad y que exigen una imperiosa resolución.
Tales problemas son vistos a la luz de la experiencia y la práctica
social anteriores, que condicionan al ingeniero. Y es trabajando sobre
esa base que los modelos son elaborados, tratando de reconstruir teóricamente
el sistema en estudio.
Pues bien,
si nuestros ingenieros comienzan su trabajo a partir de modelos ya construidos,
lo que hacen, sin saberlo, es abordar los problemas a la luz de la práctica
social, la experiencia, los prejuicios y las ideas previas de quienes
construyeron tales modelos. Así, la dependencia se ha introducido
ya en el mecanismo mismo de creación tecnológica nueva
que hagan nuestros ingenieros.
A modo de
ilustración, consideramos un momento lo que sería un trabajo
de creación tecnológica libre de la situación dependiente.
Supongamos que se trate de resolver el problema de aprovechar determinados
recursos naturales en una zona de nuestro país. Identificar el
problema y comprender su estructura a la luz de la práctica social
nacional, implica considerarlo teniendo en cuenta las características
particulares de tales recursos tal como se dan en el país, teniendo
presentes las características humanas de los trabajadores y de
las fuerzas de trabajo nacional, teniendo presente, por ejemplo, que
debe abordarse conjuntamente la necesidad de dar trabajo a una determinada
cantidad de cesantes, y que todo este trabajo de aprovechamiento de
recursos se integra en los planes de desarrollo e independencia nacional
en que está empeñado nuestro país. Identificando
así la estructura del problema, nuestro Ingeniero deberá
construir un modelo que tome en cuenta este conjunto de situaciones
y variables, y con ello, las respuestas tecnológicas que se deriven
del análisis serán perfectamente adecuadas a la situación.
Lógicamente, la tecnología así creada será
radicalmente distinta de aquella que surgiría de la consideración
del problema, a la luz de modelos creados para abordar problemas similares
de aprovechamiento de tales recursos, en las condiciones de un país
desarrollado y del alto desarrollo de la maquinaria y la técnica.
El análisis
del problema que planteamos da para más y puede ser profundizado.
Por nuestra parte, hemos tenido sólo una intención indicativa
del problema, de la raíz de la dependencia tecnológica
en el trabajo de ingeniería. Nos limitamos por ahora a lo dicho.
A modo de conclusiones, sólo esbozaremos algunas interrogantes
que se abren, frente a la necesidad de orientar los estudios profesionales
de Ingeniería, no sólo evitando la dependencia, sino aun,
entregando las herramientas necesarias para superarla.
Cabe preguntarnos, por ejemplo, si el lugar cronológico en los
estudios de la profesión, que se le asigna a las ciencias básicas,
es el más adecuado. El iniciar la carrera con ellos, ¿no
estará ocultando al futuro profesional el carácter instrumental
de la ciencia, dispuesta para resolver problemas reales? Porque la Ciencia,
en Ingeniería, no es un fin en sí misma.
Por otra
parte, ¿no se estará dedicando demasiado tiempo al análisis
de modelos ya hechos? ¿No será conveniente enseñar
mejor, en la misma práctica creadora, a generar modelos nuevos
a partir del análisis de nuestros problemas técnicos?
Y lo más
importante: ¿No debiera comenzarse los estudios de Ingeniería
por la identificación de nuestros problemas tecnológicos,
tal como se presentan en la actividad productiva latinoamericana y chilena,
dada su situación de formación social subdesarrollada
y dependiente?
Finalmente,
¿qué aportes pueden dar las Ciencias Sociales en la identificación
de nuestros problemas de Ingeniería? ¿Cuál debe
ser su lugar en la formación de los ingenieros? ¿Qué
orientación teórica y qué contenidos debe entregar?
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