SOBRE LA POSIBILIDAD DE CONSTRUIR UNA CIENCIA
A PARTIR DE LA EXPERIENCIA
(Una crítica a K. Popper)*

Luis Razeto y Pasquale Misuraca
Artículo publicado en la revista Proposiones, mayo de 1982.

* Este artículo fue primero publicado como una "nota teórica" del libro de los autores, Sociologia e marxismo nella critica di Gramsci. De Donato editores, Bari, Italia, 1978, p. 144-148.

En los mismos años en que Gramsci se proponía fundar una ciencia (de la historia y de la política) a partir de la experiencia, K. Popper publica un libro (La Lógica del Descubrimiento Científico, 1934) en que hace una crítica radical del empirismo y se propone como único método válido para todas las “ciencias empíricas” el que define como “método deductivo de los controles”. Es oportuno examinar aquí la argumentación esencial de este autor, sea porque él se ha convertido en un importante punto de referencia en el debate epistemológico actual, sea en cuanto su crítica del “método inductivo” pretende involucrar todo proyecto de construcción de una ciencia que tenga su punto de partida en el estudio de la experiencia.

El centro de la crítica popperiana del empirismo consiste en la crítica de la lógica inductiva, es decir de la posibilidad de “establecer la verdad de aserciones universales basadas en la experiencia”, problema que se pone en cuanto “la descripción de una experiencia –de una observación, o del resultado de un experimento- puede ser solamente una aserción particular y no una aserción universal” (K. Popper, Logica della scoperta scientifica, Einaudi, Torino, 1974, página 6). Dicha crítica se especifica en tres momentos:

a) no se justifica inferir aserciones universales de aserciones particulares, por más numerosas que sean estas últimas, porque “cualquier conclusión extraída de este modo puede siempre revelarse falsa: por numerosos que sean los casos de cisnes blancos que podamos haber observado, ello no justifica la conclusión de que todos los cisnes son blancos” (ídem);

b) además, las mismas aserciones particulares no son puras descripciones o registros de observaciones o percepciones inmediatas, porque en cada aserción particular deben comparecer conceptos universales: “Cada descripción utiliza nombres (o símbolos, o ideas) universales; cada aserción tiene el carácter de una teoría, de una hipótesis. La aserción: ´Este es un vaso de agua´ no puede ser verificada por ninguna experiencia basada en la observación. La razón es que los universales que comparecen en ella no pueden ser puestos en relación con ninguna experiencia sensible específica. (...) Con la palabra ´vaso´, por ejemplo, designamos cuerpos químicos que exhiben cierto comportamiento regular, y lo mismo vale para la palabra ´agua´” (página 87). A este punto, la crítica de la inferencia se conecta a la crítica de la abstracción: “cualquier intento de definir los nombres universales con la ayuda de nombres particulares está destinado a fallar. Este hecho ha sido menudo descuidado y está ampliamente difundida la creencia en que es posible, mediante un proceso llamado ´abstracción´, alzarse desde los conceptos individuales hasta los conceptos universales. Tal punto de vista es pariente cercano de la lógica inductiva, con su paso desde aserciones particulares a aserciones universales. Estos dos procedimientos son igualmente impracticables por la lógica” (página 52);

c) todavía: los mismos datos de la experiencia (la percepción y las observaciones inmediatas) están impregnadas de teoría, son “experiencias subjetivas” (página 26). “Mi punto de vista es que nuestro lenguaje ordinario está pleno de teorías; que la observación es siempre observación a la luz de teorías y que solamente el prejuicio inductivista puede hacernos pensar que pueda existir un lenguaje de los fenómenos, carente de teorías y distinguible de un ´lenguaje teórico´” (página 43, en nota). Quienes consideran que a la base de la ciencia se ponen experiencias empíricas irreductibles “no logran darse cuenta de que, cada vez que creen haber descubierto un hecho, se han limitado a proponer una convención” (páginas 36-37).

La crítica popperiana de todo método inductivo no implica la negación de la posibilidad de una ciencia empírica, sino que pretende la fundación de ésta en el método deductivo de los controles, es decir “en el punto de vista según el cual una hipótesis puede solamente ser controlada empíricamente, y sólo después de que ha sido propuesta” (página 9). “Las ciencias empíricas son sistemas de teorías. (...) Las teorías científicas son aserciones universales. (...) Las teorías son redes lanzadas para capturar lo que nosotros llamamos ´el mundo´: para racionalizarlo, para explicarlo, para dominarlo. Nos esforzamos en hacer que la trama (de la red) sea cada vez más sutil” (página 43). “El método consistente en someter las teorías a controles críticos (...) procede siempre por las líneas siguientes. De una nueva idea, adelantada por tentativas y aún no justificada de modo alguno –una anticipación, una hipótesis, un sistema de teorías, o cualquier cosa que se prefiera- se extraen conclusiones por medio de deducción lógica” (página 12). Se obtienen de este modo aserciones de nivel progresivamente menos universal, las que son sometidas a un control preliminar de coherencia lógica entre ellas. Estas aserciones particulares se caracterizan por el hecho de poder ser controladas empíricamente.

“Objetivo de este último tipo de control es descubrir hasta qué punto las nuevas consecuencias de la teoría (...) vengan al encuentro de las exigencias de la práctica, sea a las planteadas por experimentos puramente científicos, sea a las que se derivan de aplicaciones tecnológicas prácticas. También aquí el procedimiento de los controles manifiesta su propio carácter deductivo. Con la ayuda de otras aserciones ya aceptadas precedentemente se deducen de las teorías ciertas aserciones particulares que podemos denominar ´predicciones´ (...) A continuación, vamos a la búsqueda de una decisión sobre estas (y otras) aserciones derivadas, confrontando estas últimas con los resultados de las aplicaciones prácticas y de los experimentos. Si esta decisión es positiva, o sea si las conclusiones particulares se revelan aceptables o verificadas, la teoría ha superado temporalmente la prueba: no hemos encontrado ninguna razón para descartarla. Pero si la decisión es negativa, o, en otras palabras, si las conclusiones han sido falsificadas, entonces su falsificación falsifica también la teoría de la cual las conclusiones han sido deducidas lógicamente. Es oportuno notar que la decisión positiva puede sostener la teoría sólo temporalmente, porque puede siempre darse que sucesivas decisiones la desplacen. (...) En el procedimiento aquí delineado no aparece nada que se asemeje a la lógica inductiva. Yo no presupongo jamás que se pueda concluir de la verdad de las aserciones particulares la verdad de las teorías” (páginas 12-13).

(Hasta aquí, Popper).

Reconocemos sin dudas en las posiciones expresadas por Popper elementos orientados en una perspectiva válida. Entre otros: una concepción abierta, no dogmática, ´criticista´, de la ciencia, que procede a través de la falsificación de las teorías existentes; y también uno de los momentos de su crítica al empirismo, aquél que descubre en los ´datos´ la presencia teórica. Sin embargo, tanto la crítica del empirismo (en conjunto) como la propuesta del método deductivo de los controles deben ser criticadas.

La crítica popperiana del método inductivo no es convincente, en cuanto se funda en exigirle a éste condiciones de logicidad que son propias del método deductivo; en efecto, específico del método deductivo es proceder de una proposición a otras estableciendo entre ellas nexos de necesidad lógica. Ahora bien, lo que se puede exigir al método inductivo es que las aserciones más generales comprendan (incluyan) el conjunto de las observaciones realizadas (no aquellas lógicamente posibles). En esto consiste la generalización inductiva. Las generalizaciones no pretenden ser universalizaciones. Las generalizaciones inductivas son del tipo: “Todos los cisnes observados son blancos”. He aquí por qué es legítimo pasar de la experiencia a la filología, es decir, al primer tipo de estructura cognoscitiva reconocido por Gramsci (el método de la erudición en la certificación de los hechos particulares).

Es más bien el método deductivo de los controles el que no se sostiene frente a las argumentaciones que Popper hace militar contra el método inductivo; en efecto, la heterogeneidad entre aserciones universales y aserciones particulares –destacada por Popper con el objeto de demostrar imposible el paso desde las últimas a las primeras- evidencia la imposibilidad de pasar desde las primeras a las últimas a través de un proceso puramente lógico. El tránsito lógico desde una aserción universal a una conclusión particular requiere siempre la mediación de otra aserción particular. Esto no quiere decir negarle validez en el trabajo científico al procedimiento deductivo, sino identificar sus límites: con el auxilio de la lógica se pueden construir, por ejemplo, hipótesis, pero con ella exclusivamente no es posible acceder al nivel de la realidad concreta universal.

Estas observaciones críticas muestran que el problema ha sido mal planteado por Popper. Él no logra desvincularse de las concepciones positivistas de la ciencia como explicación de la realidad mediante la formulación de leyes. Si bien no pretende que sea posible proporcionar una prueba científica de la existencia de leyes –“nuestras tentativas de adivinar están guiadas por la fe no-científica, metafísica (si bien biológicamente explicable) en las leyes, en las regularidades que podemos desvelar, descubrir” (página 308)- él sostiene que la ciencia es por definición, estructuralmente, construcción de leyes. Desde el momento que las aserciones universales (explicativas) no pueden tener sino la forma de leyes universales, ya de partida se ha establecido la imposibilidad de subir desde la experiencia a las leyes, a la ciencia. “Las leyes universales trascienden a la experiencia, si no por otra cosa al menos porque son universales y trascienden cualquier número finito de sus casos observables” (página 481).

El problema debe ser planteado de manera diferente cuando se trata de una ciencia de los procesos individuales en cuanto individuales, es decir, de una estructura cognoscitiva que no utiliza leyes (sin que ello le niegue el carácter científico). Nos limitamos al respecto a hacer algunas consideraciones generales. Tal es una ciencia que concibe su propio objeto como experiencia subjetiva (como ya había sido observado en la primera Tesis sobre Feuerbach); precisamente porque la experiencia inicial es subjetiva, racionalmente dispuesta, es posible pasar de ella a su teorización, o sea es posible la construcción de conceptos –mediante un proceso de abstracción- que capte la lógica específica de la experiencia específica (conceptos que a su vez pueden ser teorizados). De este modo queda fundada la posibilidad del tránsito desde la experiencia a la ciencia, es decir el segundo tipo de estructura cognoscitiva reconocido por Gramsci.