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En esta exposición
intentaremos continuar la reflexión y el análisis del
proceso de las organizaciones económicas populares (OEP), en
base a la experiencia de este año. Al igual que en el informe
de investigación publicado (2), nos interesa sobre todo motivar
la reflexión y la búsqueda colectiva, avanzando en el
proceso de autoconciencia hecha por los propios participantes, en torno
a las nuevas realidades y problemas que han ido presentándose.
No se pretende, entonces, decir la última palabra, sino entregar
una opinión, desde un punto de vista personal y del equipo de
investigación del PET. Y proponer a la discusión algunos
aspectos y problemas de la experiencia reciente, que nos parecen los
más importantes.
Nos preguntamos
concretamente: ¿Qué representa la experiencia de lo que
va corrido de este año, en la evolución de las OEP? ¿De
qué manera esta experiencia reciente nos entrega elementos que
nos permiten orientarnos mejor respecto de las tres hipótesis
formuladas en el informe de investigación mencionado, y avanzar
hacia una interpretación más integral y unitaria del fenómeno
organizativo
En nuestro
estudio distinguimos cinco grandes etapas en la evolución de
las OEP desde 1973 a 1982, a saber:
a) Orígenes
y formación de las primeras OEP. (Corresponde a los primeros
meses después del golpe militar, cuando se forman las primeras
organizaciones de este tipo, en un contexto de fuerte represión,
desmovilización del movimiento popular, y desorientación
respecto a los modos de hacer frente a la nueva situación).
b) La consolidación
institucional y la expansión organizativa. (Período que
se extiende de mediados de 1974 a mediados de 1977, y que se caracteriza
por la formación de talleres productivos, bolsas de cesantes
y comedores infantiles, para hacer frente a los problemas de la desocupación
especialmente por motivos políticos, y para generar instancias
de organización popular a nivel poblacional. Fue una etapa de
consolidación de algunas instituciones –especialmente la
Vicaría de la Solidaridad y el COMSODE- que canalizaron importantes
recursos solidarios para el desarrollo de este proceso organizativo).
c) La crisis
de las primeras OEP. (Durante el segundo semestre de 1977 y gran parte
de 1978; gran parte de los talleres productivos dejaron de funcionar;
las bolsas se restringieron a pequeños grupos, y los comedores
experimentaron serios problemas de funcionamiento. Se descubren dos
problemas centrales: que las organizaciones habían sido pensadas
como transitorias y de emergencia, y ante la prolongación de
las mismas condiciones económicas y políticas comenzaron
a aparecer sus defectos y su precariedad tanto organizativa como respecto
a su efici8encia operacional en lo económico; y que las organizaciones
resultaban ser muy dependientes de los apoyos externos, especialmente
financieros y de los servicios institucionales).
d) Ampliación
de la base social y experimentación de otras formas de acción
y organización. (Últimos meses de 1978 hasta fines de
1980. Es un período marcado por un “nuevo contexto poblacional”:
disminuyó la represión abierta en las poblaciones, se
amplió la acción del Gobierno y las Municipalidades frente
a la llamada “extrema pobreza”, hubo algún mejoramiento
económico, con acceso a ciertos bienes de consumo importados.
Se busca superar la crisis de las OEP y hacer frente a este nuevo contexto,
generando iniciativas poblacionales más amplias; se pone el acento
en la capacitación, aparecen aspectos más reivindicativos,
y se promueven organizaciones distintas a las anteriores: comités
de abastecimiento, comités de vivienda, de cesantes, talleres
poblacionales y de mujeres).
e) Recuperación
y nuevos dinamismos. (Desde el primer semestre de 1981 hasta fines de
1982. Período de recesión y crisis económica que
afecta con extrema gravedad la situación económica popular
y poblacional, Vuelve a surgir la centralidad de los aspectos y actividades
económicas en las organizaciones; pero de manera distinta que
en las primeras etapas: se busca superar deficiencias, ser más
eficientes, crear organizaciones más estables y no transitorias.
Hay mayor realismo en el surgimiento de nuevos talleres productivos
y de servicios; otras formas de organización son los grupos pre-cooperativos
y de ahorro para vivienda; se forman los “comprando juntos”,
los “sindicatos de trabajadores eventuales”, los “huertos
familiares”. Por otro lado, se forman muchas “ollas comunes”,
“comités de cesantes” y de “sin casa”.
O sea, coexisten organizaciones más económicas con otras
más reivindicativas).
Al terminar
la descripción de las etapas de evolución de las OEP,
señalamos en el libro que 1983 comenzaba presentando dos nuevas
características: por un lado, el hecho de que están surgiendo
con gran dinamismo numerosas iniciativas de base, no siempre promovidas
por instituciones y grupos de apoyo, que sin embargo plantean demandas
concretas de asistencia, capacitación y otras, las que en cierta
medida desbordan las capacidades que las instituciones tienen actualmente
para satisfacerlas; por otro lado, ha comenzado a manifestarse cierta
tendencia hacia la articulación de las OEP con otras instancias
organizadas del movimiento popular, tanto a nivel sindical como poblacional,
lo que parece estar llevando a una búsqueda de integración
de los grupos en las actividades y luchas reivindicativas de carácter
general, sin que las OEP pierdan su especificidad de ser organizaciones
que trabajan por alcanzar soluciones económicas a través
de actividades que benefician en forma directa e inmediata a los grupos
y personas participantes.
Ahora estamos
en condiciones de afirmar que tales tendencias que parecían empezar
a manifestarse, se han visto claramente confirmadas en los meses posteriores.
Pero no sólo eso, sino que esas tendencias forman parte de un
proceso más amplio, que nos permite distinguir que este año
se está cumpliendo la que podemos considerar como una sexta etapa
en la evolución de las OEP, cuyas características debemos
aún precisar. En términos generales, podemos observar
en este período lo siguiente:
Hay un nuevo
contexto nacional y popular que condiciona a las OEP y en el que éstas
también participan activamente. Características de este
nuevo contexto son:
a) La explosión
de reivindicaciones contenidas, que se expresan en formas de lucha masivas:
las protestas, las “tomas”. Hay acción poblacional
intensa, los pobladores son protagonistas.
b) Paralelamente
a esto, se acentúa y masifica la represión en las poblaciones,
en forma directa y brutal.
c) Hay una
intensificación de la acción del gobierno y de las municipalidades
en las poblaciones, las que han sido obligadas por la presión
popular, a ponerse como interlocutores y a recibir las demandas y reivindicaciones
populares.
d) Las mismas
municipalidades e instituciones de gobierno promueven algún tipo
de organizaciones para enfrentar los problemas de la subsistencia; por
ejemplo, los huertos familiares y talleres artesanales. Son organizaciones
de base popular y poblacional, pero sin orientación popular.
e) Hay un
resurgimiento de la vida política, con formación y acción
de entidades políticas, que despliegan acciones significativas.
Se discute sobre las formas de acción y lucha: problema de la
violencia y de la no-violencia-activa.
En este nuevo
contexto, surgen a nivel popular otras formas de organización
y de acción; pero las OEP como proceso organizativo de ciertas
características particulares, lejos de disminuir o de ser desestimado,
crece y se desarrolla. Lo podemos confirmar con los siguientes datos
comparativos de la situación actual con la que existía
a fines de 1982:
Tipo
de organización - - - - - - - - - - - - - - - - - - Diciembre
1982 - - - - - Octubre 1983
Amasanderías
populares - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 18 - - - - - -
- - - - - - - 23
Comedores populares - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 121
- - - - - - - - - - - - 134
Comprando juntos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- 57 - - - - - - - - - - - - - 87
Coordinadoras de OEP - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - --
2 - - - - - - - - - - - - - 15
Comités de cesantes - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - -- 21 - - - - - - - - - - - - - 35
Sindicatos de. trabajadores eventuales - - - - - - - - - - - - 8 - -
- - - - - - - - - - - 12
Comités de deudas - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - -- 12 - - - - - - - - - - - - - 28
Grupos pre-cooperativos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- 27
- - - - - - - - - - - - - 28
Huertos familiares - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - -1 - - - - - - - - - - - - 300 (aprox.)
Ollas comunes - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - 34 - - - - - - - - - - - - - 42 (+ 100 en tomas)
Talleres productivos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
133 - - - - - - - - - - - - 175
Comités de vivienda - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - -- - 5 - - - - - - - - - - - - - 58
Grupos de salud - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
-- 22 - - - - - - - - - - - - - 22
Otros grupos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
- - 14 - - - - - - - - - - - - - 19
Ni los datos
de 1982 ni de 1983 son completos, de manera que algunas variaciones
pueden deberse a insuficiencias de nuestro catastro. Pero sin duda alguna
el crecimiento de las OEP es muy significativo en este período.
Si a fines de 1982 estimábamos en 80.000 las personas participantes
en OEP, actualmente la suma asciende estimativamente a 120.000 personas.
Este crecimiento
cuantitativo de las OEP está acompañado de algunas tendencias
de desarrollo cualitativo, que en alguna medida son nuevas. Con respecto
a la composición humana y social de las organizaciones, cabe
destacar, por un lado, una mayor presencia de hombres y de jóvenes
participantes y, a menudo, de grupos familiares completos. Por otro
lado, si en períodos anteriores predominaban los sectores y grupos
más desvalidos, hay ahora una creciente participación
de personas con niveles de escolaridad y capacitación técnica
más elevados, que han sido afectados fuertemente también
por la crisis económica.
Otra característica
que se manifiesta en este período es una cierta mayor articulación
entre los aspectos y actividades económicas con los aspectos
y actividades sociales y políticas, en algunos tipos de OEP.
Las OEP han hecho aportes valiosos a la lucha social y democrática.
Muchas organizaciones han participado activamente en acciones de protesta,
han estado presentes en la formación de comandos de organizaciones
poblacionales, han efectuado acciones de representación popular
ante las Municipalidades. De las OEP han surgido dirigentes poblacionales
de nivel más amplio. Lo económico y lo organizacional,
como dos aspectos que a menudo han estado separados en etapas anteriores,
hoy tienden a vincularse más estrechamente.
Lo anterior
es, en gran medida, resultado de la nueva situación poblacional
a que nos referimos antes. El desarrollo de la lucha social y de la
politización ha impactado también a las OEP en su funcionamiento
interno y en sus actividades específicas para enfrentar problemas
económicos. De ahí que también en algunos casos,
ciertas organizaciones corren el riesgo de desarticularse o disgregarse;
para evitar este peligro, a veces se acentúa la especificidad
de las OEP como organizaciones de carácter económico.
La tensión que se produce entre lo económico y lo político
a veces se expresa en importantes diferencias de opinión y en
discusiones; pero en general, puede decirse que se avanza hacia una
nueva forma de articulación entre lo económico, lo político
y o cultural. A esto nos referiremos más adelante más
ampliamente.
En cuanto
a la acción y función de las instituciones de apoyo, pueden
observarse algunas situaciones nuevas. Ya no es tan necesaria su actividad
promotora y de animación para la formación de nuevos grupos,
que surgen ahora espontáneamente. Aparece como más importante,
en cambio, la asesoría y el apoyo a las organizaciones existentes;
pero como éstas son más, y como distintas instituciones
(como las Vicarías zonales) han debido asumir muchas actividades
de defensa de los derechos humanos y de los pobladores frente a la represión,
muchas OEP han podido contar con menos apoyo, debiendo enfrentar sus
problemas cada vez más con sus propias fuerzas y recursos.
A pesar de
lo anterior, puede destacarse el hecho que las OEP en general, y algunas
de ellas en particular, han podido contar en este período con
nuevas expresiones de solidaridad. Como en general está habiendo
en el país una mayor preocupación social y solidaria,
han surgido formas de apoyo concreto que se manifiestan, por ejemplo,
en el consumo de sus productos y la utilización de sus servicios:
ha crecido lo que podemos llamar el “mercado solidario”.
Hay apoyo entre las mismas organizaciones, por ejemplo, entre amasanderías
y ollas comunes, o entre comités de vivienda y comités
de cesantes.
Puede señalarse
también que en los últimos meses ha habido una mayor difusión
de las OEP como proceso organizativo, y de sus actividades. Se han hecho
investigaciones y publicaciones, han aparecido en la prensa, e incluso
en la televisión. La misma sigla “OEP” se ha divulgado,
y es actualmente utilizada por muchos para referirse a este fenómeno
particular, incluso en el extranjero. En otras palabras, estas organizaciones
han salido a la luz pública, despertando un creciente interés,
especialmente entre los sectores socialmente comprometidos y en ambientes
políticos de oposición. Esas formas de organización
se han constituido y difundido también en provincias, especialmente
en las regiones del centro y sur del país.
Si éstas
son algunas de las tendencias principales que se han manifestado en
esta etapa de la evolución de las OEP, podemos ahora preguntarnos:
¿qué conclusiones podríamos extraer con respecto
a las tres hipótesis interpretativas que hemos planteado en el
libro? Porque allí decíamos que sería la futura
evolución del proceso organizativo lo que nos daría los
elementos necesarios para avanzar en la mejor comprensión del
fenómeno, llevándonos a superar el problema de no disponer
de una interpretación unitaria. Aunque el período transcurrido
es aún muy breve, de modo que no podemos tener todavía
conclusiones definitivas, algo podemos proponer a la discusión,
como reflexiones provisorias.
Según
la que llamamos Hipótesis mínima, las
OEP serían un fenómeno coyuntural y transitorio, en cuanto
estaría determinado completamente por los efectos del “modelo
económico” y del “Estado autoritario” vigentes
en Chile. La validez de las OEP duraría mientras se mantengan
las condiciones de una de una economía de mercado, concentradora
y excluyente, y de un Estado que rechaza la participación y no
se pone como interlocutor de las organizaciones populares, sino que
las reprime. Así, el término del actual experimento económico-político
implicaría también el término de estas formas de
organización popular. La esencia del fenómeno de las OEP,
más allá del cual no podría proyectarse, consistiría
en el esfuerzo por enfrentar los problemas inmediatos de la subsistencia,
que lo han originado y que constituyen la motivación principal
de sus integrantes. Tiene, por lo tanto, un aspecto asistencial muy
fuerte, y no es posible postular con realismo su autonomía. En
las OEP los aspectos y actividades económicas son los esenciales,
pero se mantienen al nivel de formas de subsistencia o como una estrategia
de sobrevivencia.
Según
la que llamamos Hipótesis intermedia, las OEP
serían un proceso organizativo que en sus formas y actividades
actuales es coyuntural y transitorio, pero que es parte de un proceso
de organización popular más amplio y permanente, en el
que se inserta y que le da sentido. Las OEP en su forma actual serían
un resultado de los condicionamientos y limitaciones que pone el sistema
imperante al desarrollo del movimiento popular. Por ello, en cuanto
son organizaciones específicamente económicas para enfrentar
la satisfacción de necesidades básicas, las OEP desaparecerían
como tales cuando cambie la situación política y económica
del país, y se insertarían en un proceso de politización,
que habría que considerar como una fase superior. El proceso
iría adelante en la medida en que se vaya pasando a niveles de
acción más de carácter reivindicativo y político,
de lucha de masas y de acción directa. Lo específicamente
“económico” de estas organizaciones no sería
lo más importante; ello importa en cuanto es necesario para que
las personas subsistan lo mejor posible, y en cuanto al logro de resultados
concretos e inmediatos sirve para que la acción de las organizaciones
pueda ir expandiéndose hacia otros caminos con mayor confianza.
Según
la que llamamos Hipótesis máxima, si
bien las OEP han surgido y están condicionadas por la situación
económica y política actual, ellas son portadoras de un
nuevo modo de organización y de acción transformadora,
que implica la superación de algunos modos tradicionales de organización
popular. Su valor no se limita al hecho de adaptarse a las condiciones
actuales, sino que se proyectaría más allá de éstas,
avanzando hacia la implementación –desde la base social-
de formas y relaciones humanas y económicas alternativas y superiores.
El contexto económico y político imperante sería
limitante de su desarrollo, de manera que un cambio político
y económico no haría desaparecer las OEP, sino por el
contrario, les permitiría el despliegue más amplio y rápido
de sus potencialidades. En tal sentido, este proceso organizativo tendría
perspectivas de permanencia y de autonomía. Desde esta hipótesis,
lo específicamente económico de las OEP ocupa un lugar
y una importancia fundamental, en tal sentido que constituye la base
en torno a la que se estructuran las organizaciones; pero éstas
tienen una dimensión más integral, abarcando los aspectos
sociales, culturales y políticos de la vida a nivel de comunidad
y poblacional. El problema de la subsistencia sería sólo
el punto de partida, pero las OEP pueden proyectarse más allá,
hacia formas más completas y nuevas de relaciones económicas,
que constituyan una alternativa autogestionaria por la que puedan optar
los individuos y grupos.
Si ponemos
estas tres hipótesis frente a frente con las características
de evolución de las OEP en este último período,
podemos extraer, si no conclusiones, al menos algunas impresiones fundamentadas.
En primer
lugar, no aparecen hechos o tendencias que confirmen la hipótesis
mínima. Las OEP más directamente relacionadas con esta
hipótesis (los comedores populares, los comités de abastecimiento)
y en general las formas más asistenciales, no son las que se
han desarrollado en este período; pero sí lo han hecho
algunas otras organizaciones para el consumo, como las ollas comunes
y los comprando juntos. Podría decirse que no hay nada nuevo
a favor de esta hipótesis; pero tampoco puede decirse que ella
está siendo descartada, porque las situaciones de extrema necesidad
en las poblaciones sigue estando presente, incluso acentuada, de manera
que gran parte del crecimiento de las OEP en general podría entenderse
todavía como efecto del “modelo económico”
imperante.
En cambio,
hay algunos aspectos que parece tienden a confirmar la validez de la
hipótesis intermedia; por ejemplo, la mayor participación
de las OEP en las luchas reivindicativas, el proceso de politización
que se ha dado en algunas de ellas. En particular, ha sido muy significativo
el crecimiento de los comités de cesantes y de pobladores sin
casa, que han desarrollado importantes acciones. Sin embargo, según
esta hipótesis, se esperaría que el incremento de las
organizaciones y actividades de carácter masivo y reivindicativo
fuera acompañado por una gran reducción y pérdida
de importancia de lo específicamente económico de las
OEP, lo que no ha sucedido; por el contrario, han tenido un importante
desarrollo las OEP de carácter más específicamente
económico, como los talleres productivos, las amasanderías,
los comprando juntos. En general, las OEP se mantienen, sin disolverse
en el proceso general de movilizaciones y luchas sociales y políticas.
Por esto,
puede observarse que también se han dado, en este período,
elementos que tienden a convalidar la hipótesis máxima.
Las OEP que corresponden más directamente a esta hipótesis
han aumentado también considerablemente, en particular los talleres,
los huertos familiares, los comprando juntos y los grupos pre-cooperativos
y de ahorro. La preocupación por el logro de la eficiencia operacional,
así como el desarrollo de tecnologías apropiadas, son
temas que han estado muy presentes un muchas OEP. La idea de la permanencia
de las organizaciones económicas populares, más allá
de un posible cambio político en el país, parece haberse
ido extendiendo, junto con la conciencia de que la democratización
del Estado y de la economía no significan una simple vuelta a
las formas democráticas y a los comportamientos políticos
del pasado, sino un proceso de búsqueda de formas nuevas, en
las que las “bases sociales” cumplan un papel protagónico,
en primera persona.
Pero, más
que discutir sobre la hipótesis, lo que importa es encontrar
las mejores respuestas frente a los problemas y desafíos nuevos
que está planteando la realidad a estas organizaciones. Me referiré
brevemente a cuatro temas que parecen cruciales hoy día.
a) Las OEP
y las protestas;
b) Las OEP y la política;
c) Las OEP y la democracia;
d) Las OEP y la eficiencia económica.
Más
que dar respuestas sobre estos temas, que no tenemos, me interesa problematizar
y motivar la reflexión, aportando algunas opiniones muy personales.
Las protestas,
que movilizan masivamente a los pobladores, ponen de manifiesto una
importante maduración de la conciencia, de la voluntad y de la
organización popular. El pueblo no está ya, ni lo estará
en adelante, pasivo frente a un modelo económico que lo ha excluido,
y a un sistema político que le impide toda participación.
Durante estos años, las OEP han servido eficazmente para enfrentar
los problemas económicos y sociales más agudos, y para
mantener y desarrollar la organización popular en las difíciles
condiciones vividas. Estas organizaciones se caracterizan por el hecho
de actuar directamente en la solución de los problemas, utilizando
los pocos recursos disponibles por cada grupo, más los que hayan
podido obtenerse en base a la solidaridad y el apoyo de algunas instituciones
de Iglesias.
En el seno
de estas organizaciones, se han desarrollado relaciones humanas nuevas,
solidarias y fraternales; integrantes de ellas han podido capacitarse
y formarse en distintos sentidos, aprendiendo a gestionar y administrar
recursos, bienes, servicios y actividades de distinto tipo. Lo más
importante es, quizá, el haber aprendido a valorizar las propias
capacidades y fuerzas, y comprender que juntos y bien organizados es
posible encarar y llegar a enfrentar las más angustiosas situaciones
y los más graves problemas. Hay en estas organizaciones el germen
de un nuevo modo de pensar, de sentir, de actuar y de vivir.
Sabemos que
estas organizaciones no han sido creadas para protestar ni para reivindicar
derechos ante el Estado, pero muchas de ellas han sabido también
participar activamente en las protestas, en la denuncia social y en
las reivindicaciones populares. Ahora que el pueblo ha vuelo a expresarse
a través de acciones masivas y de presión social, las
OEP, como parte integrante del pueblo que son, también participan
en la lucha de todos por una nueva sociedad.
Es importante,
sin embargo, que ante estas nuevas situaciones, las OEP no se desarticulen
ni descuiden sus objetivos propios, sino que los impulsen aún
con mayores y renovados esfuerzos. Porque los problemas que las han
hecho surgir siguen presentes y hay que encontrarles solución
ahora; porque los valores y enseñanzas que estas organizaciones
aportan, siguen siendo tanto o más necesarios que antes; porque
la fraternidad y solidaridad en las relaciones humanas y sociales que
se han desarrollado en ellas, son una conquista permanente que debe
aún crecer en el seno del pueblo; porque los modos de pensar,
de sentir, de actuar y de vivir que se dan en estas pequeñas
organizaciones populares, deberán estar presentes también
en la vida del pueblo y de toda la sociedad, cuando la democracia querida
por todos llegue e implementarse establemente en el país.
La crisis
económica y política del país se ha hecho tan profunda
y extendida que cada vez son más los que buscan “una salida”,
y para ello desarrollan una acción política. Todos los
sectores y grupos quieren participar y estar presentes, con la mayor
fuerza y en la mejor forma, en el camino de superación de la
crisis y en la construcción de una alternativa económica
y política. Tratan de asegurar de este modo que sus intereses
estén representados mediante la participación de sus propias
organizaciones.
Las OEP,
que han sido una respuesta de los pobladores y trabajadores ante las
necesidades básicas insatisfechas, y que constituyen una estrategia
frente a la crisis, no pueden estar ausentes del proceso que se orienta
a poner fin al descalabro nacional y a construir una sociedad más
justa, humana y fraternal. Ellas tienen también algo qué
decir y qué hacer en la hora presente.
Cuál
puede ser su aporte, es algo que cada organización y cada grupo
debe reflexionar, encontrar y decidir. La búsqueda debe ser compartida,
porque es tarea de todos. Podemos sugerir algunas preguntas que orienten
esta búsqueda:
Parece importante
que las OEP se desarrollen y crezcan, cumpliendo cada vez mejor sus
objetivos propios. La pregunta es entonces: ¿Cómo puede
cada organización avanzar en el logro de los objetivos específicos
que se ha propuesto? Se están abriendo, y parece posible conquistar
aún, nuevos y más amplios espacios que habría que
aprovechar lo más rápidamente posible.
¿Cómo
obtener reconocimiento legal? ¿Cómo difundir mejor las
propias experiencias? ¿Cómo canalizar mejor la solidaridad
y el interés que las OEP están despertando en otros sectores?
Si es importante que las OEP se vinculen unas con otras, ¿qué
iniciativas puede cada organización y cada institución,
concretizar en este sentido? ¿Qué agrupaciones de OEP
de un mismo tipo, o de una misma zona, pueden constituirse?
Las organizaciones
económicas populares pueden hacer una contribución importante
a la construcción de la democracia, desde ahora mismo, sin necesidad
de esperar que se produzcan cambios políticos de fondo. La democracia
no puede ser impuesta desde arriba, en forma autoritaria. Es necesario
que las ideas democráticas, los comportamientos democráticos
y las organizaciones democráticas, estén profundamente
radicados en la vida del pueblo y de la sociedad, para que la democracia
sea estable y verdadera. Por esto, la multiplicación de organizaciones,
grupos y comunidades de base de diferentes tipos, en los que las personas
puedan expresar sus aspiraciones y enfrentar sus problemas, es un aporte
eficaz para la democratización de la sociedad. A través
de este proceso, se va formando un tejido democrático nuevo,
de base, mediante el cual se van superando la atomización y el
individualismo inducidos por el poder autoritario, y se supera al mismo
tiempo la masificación a que los mismos individuos anónimos
son empujados por el consumismo, la propaganda y la manipulación
del poder.
Hay una gran
energía democrática en la búsqueda de autonomía
que hacen las organizaciones respecto de los poderes económicos
y políticos dominantes. El rechazo de las instrumentalizaciones
de todo tipo, y el desarrollo de la autogestión, así como
la formación de nuevos dirigentes representativos, son también
importantes impulsos democratizadores. Todo esto está presente
en las OEP, y puede ser aún perfeccionado.
Una última
opinión. Actualmente hay distintos sectores preocupados de elaborar
un proyecto económico alternativo. Tal proyecto será verdaderamente
democrático en la medida que sepa recoger las aspiraciones de
los sectores populares, y que logre integrar sus experiencias, el modo
como han hecho frente a la crisis, la forma de enfrentar el problema
de las necesidades básicas. Hay una gran cantidad de experiencias
populares que deben ser valorizadas, que pueden ser potenciadas a través
de una política económica consecuente. La experiencia
de las organizaciones económicas populares, así como las
del Cooperativismo, la autogestión y las empresas de trabajadores,
puede llegar a ser muy importante en la definición de un nuevo
modelo de desarrollo, en cuanto constituyen formas concretas de participación
y de utilización de las fuerzas de trabajo, solidaria y democráticamente,
que en otro contexto político, económico y cultural podrían
revelar energías que aún no se han manifestado.
Notas:
1.
Este texto corresponde a una exposición oral realizada en el
seminario “Las Organizaciones Económicas Populares”
organizado por el PET el 19 de octubre de 1983.
2. L.. Razeto, A. Klenner, A. Ramírez y R. Urmeneta, Las
Organizaciones Económicas Populares (Santiago, PET,
1983).
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