¿QUÉ ENTENDEMOS POR ECONOMÍA POPULAR?

(Ponencia presentada en el I Seminario Latinoamericano de Educación y Economía Popular, Costa Rica, mayo de 1990)

Hablar de América Latina tiene mucho riesgo y es muy difícil porque todos sabemos que América Latina es una región heterogénea. No obstante, es bueno advertirlo, nos vamos a referir a procesos que de algún modo, con distinto nivel de avance, de desarrollo, están presentes en casi todos nuestros países, manifestándose de manera heterogénea, con distintas características, con un contenido social y cultural muy variado.

Lo que nos ocupa aquí es el concepto de Economía Popular y, naturalmente, no nos estamos refiriendo a una definición gramatical. De lo que se trata es de comprender lo más a fondo posible una cierta realidad, un proceso social, entenderlo en su contexto, ver su relacionamiento con otras realidades y con otros procesos que lo explican y que de algún modo influyen, comprender sus raíces, sus causas, sus perspectivas.

Conceptualizar la realidad social en ese sentido es muy difícil y sobre todo cuando uno tiene que referirse a una realidad que está surgiendo a partir de otras, que todavía no terminan de perfilarse ni de identificarse. Por lo tanto, no muestra cual es su esencia, su naturaleza; todavía no está consolidada y todavía no muestra cuáles son sus direcciones, o cuál es su sentido. Es una realidad en formación.

Esta situación en que nos encontramos frente a la Economía Popular se manifiesta de forma muy patente en América Latina. Términos tales como economía informal, economía invisible y otros como por ejemplo organizaciones económicas populares, economía de la pobreza, desarrollo popular, estrategias de supervivencia o de sobrevivencia, corresponden a múltiples conceptos que han aparecido a lo largo de los últimos 10 años, y que todos apuntan de algún moco a identificar esta reali8dad. Son todos conceptos nuevos, porque esa realidad, aunque ha estado presente desde antes, es parte de un proceso de transformación extraordinariamente profundo y extendido que se está viviendo en la actualidad. Una transformación desconcertante que no sabemos hacia dónde va, y no sabemos cuáles son las verdaderas causas, raíces, qué es lo que motiva esa secuencia tan acelerada.

Las viejas ideas y los viejos proyectos estructurados, planificados en torno a ideas, no parecen servirnos, ni para comprender ni para hacer diagnósticos acertados, ni para guiar la acción hacia la realización de esos objetivos, de esos valores que queremos impulsar y que trascienden esas transformaciones y esas dinámicas.

Hay algunos procesos a nivel mundial que están impactando con fuerza en nuestra realidad latinoamericana y que son los mismos procesos que están impactando con la misma fuerza a los países socialistas, provocando estas transformaciones tan sorprendentes de los últimos meses. En el ámbito económico, productivo, tecnológico, hay 3 procesos muy fuertes de los que debemos comprender el significado y el impacto que tienen; cómo están en el origen de este emerger de lo que llamamos economía popular.

El primer fenómeno que nos impacta es la transnacionalización de la Economía. Pero es bueno precisarlo en lo que implica hoy día, porque hace algunas décadas se reconoció y se identificó la transformación de los mercados, el surgimiento de los grandes centros financieros mundiales, y cómo ha generado situaciones de dependencia, vinculadas con grandes empresas transnacionales que operaban en cada uno de nuestros países. Pero que hoy día ese proceso se ha acentuado y se ha extendido molecularmente y nos encontramos en una situación en que todos los bienes de consumo habitual son producidos por estos grandes consorcios y son producidos internacionalmente. Podemos hacer un listado interminable como los lápices de color, la tiza, el jabón, las pilas, el detergente. Incluso alimentos preparados. Si uno recorre algunas capitales de países latinoamericanos encuentra los mismos restaurantes, los mismos café, con los mismos nombres: son grandes empresas transnacionales, y naturalmente arrasando, barriendo con los mercados locales y reduciendo los espacios para la producción y el consumo.

Un segundo fenómeno que se está dando es el de la formación y competencia entre grandes centros multinacionales que compiten por estos mercados mundiales; por un lado Estados Unidos y Canadá, la Europa del Mercado Común por otro, y Japón y sus varios países satélite. Estos centros se han formado y están en una competencia aguda y muy fuerte entre ellos por el dominio de los mercados, y no solamente con la producción de automóviles, aviones, sino también de los productos a los que me refería anteriormente. Forman parte de la transnacionalización de la economía mundial. Vemos que los procesos, los períodos de recesión, los ciclos económicos, pasan por sobre nuestras cabezas, por sobre nuestros países. Por ejemplo, en los años 81-82 se vivió en toda América Latina una misma situación de crisis de recesión.

El tercer fenómeno que es muy importante es la revolución científico-tecnológica. Es un hecho que nosotros percibimos por algunos efectos, por algunos productos que nos llegan, como las computadoras, pero que a nivel mundial, está experimentando una revolución mucho más profunda, que va a impactar la realidad mundial con tanta profundidad como hizo la revolución industrial. Una revolución en los modos de producir; una revolución en los modos de organizar la producción, que no sólo afecta las vías reproductivas sino también las empresas, la organización del trabajo, la racionalización de los diferentes procesos y que, vinculada a los otros dos fenómenos de los que he hablado, significa que los espacios para la producción industrial, tradicional en otros países latinoamericanos, se han reducido sistemática y notablemente y se siguen reduciendo, porque no podemos competir, porque las tecnologías que usamos quedan obsoletas.

Esos tres fenómenos tienen efectos sobre nuestra vida. A modo de ejemplos, analicemos las siguientes situaciones:

1. Se ha generado un proceso de modernización parcial de nuestras economías, buscando mantener su vínculo, su participación en la economía internacional.

Aprovechando ventajas comparativas, la economía se vuelca entera hacia los mercados externos mientras una gran parte de la producción nacional, orientada hacia los mercados locales, entra en procesos de rápida quiebra, queda obsoleta. Hay un fenómeno muy drástico de transformación de la clase trabajadora de nuestros países, provocando una reducción de esa misma clase, generando proceso de desocupación acentuada y dejando fuera de lo que es la economía moderna, la economía integrada formal, a una parte muy grande de la población.

La cifra de quienes quedan excluidos del mercado laboral llega a un 60% o 70% en algunos países de América Latina, porque sólo se puede participar cuando lo que alguien tiene que ofertar, es demandado. Si hay una fuerza de trabajo que no tiene demanda en el mercado, queda fuera. Quien no tiene productos que vender no participa. Entonces los mercados de intercambios internos se restringen, al paso que nuestras economías tienden a abrirse.

Paralelamente a ese proceso de restricción del mercado y de transformaciones, se produce un proceso de reducción en los Estados. Desde los años 30, los Estados de América Latina iban creciendo, iban aumentando, iban desarrollando cada vez más actividades en la Economía, en los servicios, en la distribución, en la producción, etc., y llegaron a constituir un sistema de participación de la gente, que opera de algún modo vinculado al mercado, para alcanzar los medios necesarios para vivir. El proceso de expansión y crecimiento de los estados podía seguir, absorbiendo y realizando actividades de demanda social. A medida que el Estado crece, necesita recursos para mantenerse, lo mismo que una cantidad de recursos creciente que tiene que tomar de algún modo de la sociedad o generar el propio Estado. Por ejemplo un caso drástico de este proceso de reducción del Estado es Chile: para lograr mantener el Estado en funcionamiento, se empieza a reducir, a tener cada vez menos funciones, desprendiéndose y vendiendo activos con los cuales logra de algún modo financiarse.

En los años 72-73, en Chile había 650.000 funcionarios públicos. Actualmente hay a170.000, el estado se redujo en una proporción enorme; eso implica expulsión de fuerza de trabajo, y aún así, para mantener financiadas las actividades públicas, tienen que seguir vendiendo activos, no sólo reduciendo sus gastos sino generando su ingreso a través de políticas especiales. En otros países no se produjo esta restricción, pero el fenómeno, la incapacidad del Estado de financiar sus actividades tuvo otras expresiones. Todo esto es parte del proceso que genera la crisis fiscal.

De allí surge la economía popular: la gente que no se deja morir, las estrategias de subsistencia, todos estos conceptos que se han empezado a formular en estos años, un tercer espacio desde el cual la gente busca satisfacer sus necesidades, poner en acción sus capacidades de generarse medios de existencia. Esto significa un proceso de transformación de la pobreza. En los análisis políticos se habla de que en América Latina en los últimos años se ha vivido una expansión de la pobreza, que hay más marginados, más excluidos que antes: expansión y agravamiento de la pobreza. Se debe hacer un nuevo diagnóstico de la pobreza, no solamente en términos de cantidad, sino cualitativamente. El elemento esencial es que el mundo de los pobres se ha activado, ha experimentado un proceso de activación, de movilización económica.

¿Por qué transformación de la pobreza?, ¿cuál era el diagnóstico que se hacía de la pobreza y en qué consistía el mundo marginal hace 15 o 20 años? Teníamos un proceso de transformación de la economía, de industrialización, de crecimiento del Estado, que provocaba una desarticulación muy profunda de las economías tradicionales, campesinas, indígenas, agrarias, de los distintos países latinoamericanos. Esa transformación capitalista de la economía, de los procesos de industrialización y crecimiento del Estado, que estuvieron presentes hasta 15 años atrás, significaron desarticulación de las estructuras económicas tradicionales y procesos de migraciones internas, motivadas por la demanda de trabajo, de gente que emigraba del campo a las grandes ciudades. El mundo de los pobres era un mundo de los que se aglomeraban en torno a las grandes ciudades y que buscaban integrarse, quedando una parte sin lograrlo, porque los procesos de urbanización, la construcción de vivienda, los puestos en las empresas no crecían lo suficientemente rápido como era el crecimiento demográfico de la población, en torno a los grandes centros urbanos. . por lo tanto, quedaba una parte de excluidos, de marginados que habiéndose desarticulado de las economías tradicionales, quedaban en situaciones extremadamente pobres. Ese mundo de pobres, se organizaba para presionar por su integración, para exigir, casa, trabajo, para integrarse a los trabajos públicos, sociales, y quedaba una pobreza marginal de quien no lograba adaptarse, o tener cabida. Hoy sucede que en vez de darse una pobreza residual, no se logra absorber en el sector moderno de la economía a todos los que quieren integrarse, pero además se comienza a excluir en el sector público, porque la crisis es real. Entonces se produce un aumento de la pobreza por parte de quienes en un momento fueron integrados. Primero lo integrados más precariamente comienzan a salir y cada vez salen más. Luego se empieza a encontrar gente que emigró, que nunca logró integrarse, con otros que en algún momento se integraron, que ahora son excluidos, y se mezclan, se produce una transformación que en cierto sentido es un enriquecimiento de la pobreza. Un enriquecimiento de capacidades, de formación, de producción, de conocimiento acerca de cómo funciona la sociedad, del mercado, de las ciudades. Se desarrolla capacidades técnicas, organizativas, y esas capacidades vuelven al mundo excluido y se mezclan con otras competencias en proceso de deterioro que son las tradicionales, esas capacidades de producción, de trabajo, esa cultura desde la cual venían, que se entremezclan y que da lugar a la Economía Popular.

Por lo tanto es una economía heterogénea, en dan simultáneamente intentos de reconstruir formas económicas tradicionales que eran válidas en ciertas condiciones geográficas y que ya no son posibles de articular adecuadamente en la periferia de las grandes ciudades, y otras más modernas, de quienes tratan de reconstruir formas de producción manufacturera que aprendieron cuando trabajaron como obreros en la industria.

La expresión de Economía Informal me parece completamente desacertada porque explica esta realidad por lo que no es; es decir, que no tiene forma, lo cual no es cierto, existen formas, existen organizaciones. Ahí están surgiendo, pero las analiza desde el punto de vista de la ley, de la participación o no participación en las cuentas nacionales, en las leyes que han sido formuladas para regular las actividades económicas y que no han tomado en cuenta este mundo de economía popular. Es un concepto que de algún modo es despreciativo y no logra captar la potencialidad del fenómeno. El concepto de economía invisible que otros utilizan, me parece aún más desacertado. Esto es invisible solamente para el que no quiere verlo o para el que lo ve desde muy lejos. Lo mismo el de economía subterránea. Puede haber sido subterránea en algún momento pero ahora ya está sobre la tierra. Estrategias de subsistencia es un concepto muy interesante, pero que no identifica bien el conjunto de esta realidad. Indica, por un lado, que se trata de una estrategia, lo cual supone una formalización, una identificación consciente de etapas y, por otro lado, no permite identificar que en esta economía puede haber posibilidades de desarrollo, que lo que inicialmente sea una estrategia de subsistencia pueda convertirse en una estrategia de vida, sobre todo impide ver que los fenómenos que generan esta realidad no son coyunturales sino estructurales.

Economía popular es un buen término, un buen concepto, porque hay que identificar las realidades económicas sobre todo por los sujetos que las hacen y aquí es el pueblo que se ha involucrado con la economía. El concepto de economía popular acusa cierta ambigüedad, ya que apunta a identificar cierta emergente empresarialidad distinta de la que existe en la economía pública, o en la economía capitalista, y es una economía en la cual se expresa el modo de ser del pueblo, dando lugar a una racionalidad económica distinta a las de otras formas económicas, que mide y analiza, que toma decisiones con criterio de eficiencia distintos a otros.

Naturalmente esta economía popular es extraordinariamente heterogénea y diferenciada internamente. En un intento sintético y simplificado de comprensión de los contenidos y forma de esta economía popular, podemos distinguir cinco principales componentes:

a) Microempresas y pequeños talleres y negocios de carácter familiar, individual o de dos o tres socios. Nos referimos, concretamente, al pequeño taller de costura y confección de prendas de vestir, a la amasandería o pequeña producción de pan y pasteles, a la fabricación de artículos de cuero, madera, cerámica, mimbre y otras fibras, a las artesanías menores, a los talleres de cerrajería y ornamentación, a las tiendas de barrio, a los cafés y expendios de comidas y bebidas, etc., y en general a los distintos tipos de negocios de producción o de ventas que tienen su local de funcionamiento habitualmente en la misma vivienda o en local adyacente a la casa del propietario, y que él mismo dirige y administra, normalmente con la colaboración de otros miembros de la unidad familiar.

b) Organizaciones Económicas Populares, es decir, el camino que siguen quienes se organizan en pequeños grupos para buscar en conjunto y solidariamente la forma de encarar sus problemas económicos, sociales y culturales más inmediatos. Los hemos examinado más detenidamente en el primer parágrafo.

c) Iniciativas individuales no establecidas einformales, tales como el pequeño comercio ambulante, servicios domiciliarios (jardinería, pintura, limpieza y arreglo de techos, etc.), avisadores de frecuencia de locomoción, recolectores y vendedores de desechos (ferias de las pulgas), cuidadores de automóviles, “pololos” de varios tipos, etc. Operan en lo que podemos considerar como “intersticios del mercado”, es decir, en la provisión y prestación de bienes y servicios que el mercado formal no cubre, pero que responden a necesidades (reales o artificiales) de la gente; a veces están relacionadas con empresas formales e incluso grandes, respecto de las cuales cumplen funciones auxiliares que las mismas empresas buscan realizar sin el correcto cumplimiento de las formas previsionales y tributarias.

d) Actividades ilegales y a menudo delictuales. En este tipo incluimos todas aquellas iniciativas que se realizan al margen de la ley y de las normas culturales socialmente aceptadas, a través de las cuales numerosas personas, crecientemente en las zonas metropolitanas y densamente pobladas de América Latina, buscan obtener ingresos azarosos. Consideramos aquí la delincuencia callejera, la prostitución, el pequeño despacho de drogas, y tantas otras.

e) Soluciones asistenciales e inserción en sistemas de beneficencia pública o privada, que van desde los subsidios oficiales para indigentes hasta la mendicidad callejera, pasando por la participación en diferentes sistemas organizados de beneficencia y prestación de servicios orientados a los sectores de extrema pobreza.

Dependiendo del grado en que estas distintas alternativas permitan la solución de los problemas económicos, así como de la estabilidad y permanencia que tengan en el tiempo, o del valor que sus protagonistas les asignen como respuesta a las necesidades de la vida, pueden distinguirse tres niveles, a saber:

a) “Estrategia de sobrevivencia”, cuando la actividad es considerada de emergencia, transitoria y permite apenas la satisfacción de las necesidades básicas en términos de simple sobrevivencia fisiológica (por tanto, en condiciones de subnutrición, insalubridad, viviendas precarias y de emergencia, etc.).

b) “Estrategia de subsistencia”, cuando la actividad permite la satisfacción de las necesidades básicas pero no hace posible ninguna forma de acumulación y crecimiento; la opción puede en consecuencia manifestar una mayor estabilidad y duración en el tiempo, aún cuando difícilmente sea asumida voluntariamente como opción permanente.

c) “Estrategias de vida”, cuando las personas valoran ciertos aspectos especiales de la actividad que realizan (la libertad, el compañerismo, la autogestión), o las aprecian como mejor que otras alternativas posibles (por ejemplo, porque ven la posibilidad de mayores ingresos, o porque prefieren el trabajo por cuenta propia al trabajo asalariado dependiente), o simplemente consideran cerradas otras alternativas (por razones de edad o formación); y en consecuencia "se juegan" por la iniciativa emprendida como opción permanente, a través de la cual buscan crecer e ir más allá de la simple subsistencia.

Cabe señalar que estos tres tipos de “estrategia” pueden darse respecto a cada uno de los cinco tipos de actividades que componen la economía popular. Corresponden a grados de desarrollo, es decir, a un corte que atraviesa los componentes que distinguimos anteriormente. El no entenderlo así ha dado lugar a confusiones conceptuales, que es preciso superar definitivamente. Por otro lado, el seguir uno u otro de los cinco caminos para resolver los problemas de la subsistencia y de la vida, y el ponerse en uno u otro de los grados de desarrollo de los mismos, no siempre responde a una opción voluntaria, pues las situaciones de necesidad son precisamente aquellas en que los condicionamientos externos son más fuertes y determinantes. De la allí que la noción de estrategia puede ser cuestionada en estos casos, o ha de entenderse en términos muy desdibujados.

Hay que agregar que detrás de estos distintos caminos para enfrentar los problemas están diferentes culturas y experiencias previas. Las respuestas organizadas y solidarias surgen de ambientes más “conscientes” y participativos que han tenido o tienen alguna vinculación con la cultura católica o con ideologías progresistas (en parroquias y comunidades, en sindicatos, partidos y organizaciones poblacionales, en experiencias previas de desarrollo de la comunidad y promoción popular, etc.). Los dos primeros caminos –de las soluciones familiares o individuales- suponen personas con iniciativas y capacidades de asumir riesgos, las que generalmente se han formado en experiencias anteriores variadas (estudio, experiencia laboral, migración, viajes, orfandad, etc.). El camino del asistencialismo y beneficencia supone, al contrario, situaciones de dependencia y falta de imaginación, carencia de recursos personales, desesperanza, dificultades de relación, timidez y aislamiento social. La vía delictiva generalmente supone algún grado de desintegración psicológica, frustraciones y resentimientos, menor formación moral, inestabilidades emocionales, escasa integración familiar, etc.

El afirmar que estas experiencias de economía popular constituyen un modo de hacer economía distinto al modo de hacer economía de las empresas capitalistas, no significa que esté pensando que constituyan un modo de producción, como un concepto genérico, pero sí como un modo de economía especial, distinto a los otros y que tienen su propia racionalidad. A menudo sucede que con el esfuerzo y en el intento de apoyar microexperiencias productivas se les trata de inculcar una racionalidad que no es la propia. Hay distintos modos de hacer empresa que están emergiendo que requieren ser reconocidos formulados y crear sistemas de administración especiales, diferentes a los convencionales. Hay mucho que pensar y que trabajar porque muchas ineficiencias que tienen esas experiencias y muchas dificultades que a veces se generan en su interior, resultan del hecho de que no se han resuelto en forma adecuada, determinados problemas de organización interna; por ejemplo, el modo de propiedad del medio de trabajo que se utiliza o el modo de distribución de los beneficios que se generan con la actividad, o el modo de gestión. Muchos grupos fracasan por no haber resuelto en adecuada forma la estructura de propiedad, el modo de repartición del trabajo, la gestión. A veces les imponemos ciertas ideas, por ejemplo, la idea de que estas formas económicas deben ser comunes, sociales, que la distribución de los excedentes debiera ser igualitaria, que todos se beneficien por igual. Y se fundamenta esto con ciertas razones de carácter ideológico o ético, pero no siempre se atiende la racionalidad económica de estas alternativas. La propiedad es constituida por el trabajo, no la propiedad capitalista como estructura, sino como un modo para que estas empresas vean una propiedad fundada en el trabajo, que resulte del trabajo, que no sea el resultado de la expropiación de los trabajadores. Por ejemplo, los integrantes de una organización han trabajado durante cinco años en sacar adelante un proyecto y de repente hay personas que se integran a esa organización. Por el hecho de integrarse, ¿pasan a ser propietarias y a compartir los bienes en conjunto de quienes trabajaron en períodos largos?, hay mucho problema que requiere ser resuelto con justicia. Se puede ayudar a racionalizar y a que se exprese de manera más coherente lo que la gente piensa y quiere de su propia organización, para que logre sus objetivos de mejor forma. Si se impone un modo a una organización, con criterios muy atinados pero que la gente no comparte interiormente, por ejemplo, el criterio de igualdad de la distribución o el criterio de propiedad colectiva en vez de una participación proporcional, lo que sucede en la práctica es que a la hora de tomar decisiones, el grupo se verá enfrentado a una conclusión que genera falta de transparencia, porque la gente quiere tomar decisiones de acuerdo a sus deseos y se les ha impuesto una superestructura, organizativa, ideológica, que no la sienten como propia.

Modelos organizativos hay múltiples, pero no son infinitos; a lo mejor, 3, 4 o 5 racionalidades económicas, y hay que ver en que condiciones son más válidas unas y otras modalidades.

Otro aspecto importante es el de vincular las acciones micro con la lucha por transformaciones más generales: y preguntarnos, ¿hacia dónde queremos que la economía se oriente? Yo pienso que estas experiencias, si permanecen micro y no se articulan con otras, y no solamente en términos orgánicos sino en términos de un proyecto, de apuntar cierta dirección, el riesgo de la absorción y de que ellas permanezcan subordinadas e instrumentalizadas por el capital es muy grande. La pregunta es ¿cómo expandir lo micro alternativo en lo macro establecido? Una perspectiva no tiene la pretensión de dar una respuesta sino más bien de proponer reflexiones e ideas efectivas para que sean conversadas y trabajadas.

Durante mucho tiempo hemos planteado la temática política en torno a un eje que distingue las posiciones en el esquema de izquierda y de derecha. Yo creo que en eso hay un elemento muy importante y valiosos, pero quiero hacer un esquema donde pueda formular otro modo de enfocar estas experiencias. En una inmensa cantidad de casos latinoamericanos, en alguna medida, la fuerza de los progresistas, inconscientemente, han favorecido al capitalismo, en la medida que han favorecido al Estado. Porque el Estado ha estado vinculado a las empresas y cuando gente de izquierda apoyamos que haya más impuestos, se favorece el capital; y desde el punto de vista ideológico el concepto de mercado ha sido una gran defensa del capital.

Esta vinculación estrecha que hemos hecho entre mercado y capital ha significado que le hemos dado al capitalismo todos los argumentos que no tiene, que son aquellos que justifican la necesidad, la importancia y la validez que tiene el Estado para resolver los procesos de distribución.

Esto está de algún modo latente como una potencialidad en esta Economía Popular. Esta economía tiene dos distintas posibilidades: una la de la reabsorción en la Economía Capitalista y otra en la Economía Pública. La reabsorción en la Economía Capitalista es una posibilidad que puede darse por tres conductos

Uno es el de aquellas unidades económicas surgidas en la economía popular, que se hacen capitalistas, que siguen una lógica distinta. Algunas pueden ir en este sentido. Pero la reabsorción puede también ir por el lado de que muchas de estas unidades económicas se integren en situación subordinada a otras empresas, puesto que identifican en ella algunas posibilidades de encontrar demanda a su trabajo y en ese sentido, de algún modo, verificar la hipótesis de que la economía popular es parte de un proceso de “invisibilización” del mercado en relación con las grandes empresas. Es probable que la economía popular, de hecho, sea reabsorbida en ese sentido. Un tercer camino es el de trabajadores que integrados a la economía popular y no alcanzando en ella niveles satisfactorios, o no ascendiendo por esta escala de desarrollo y encontrando luego oportunidades de empleo en el sector de las empresas privadas, simplemente deja de pertenecer a esta búsqueda de economía popular y se reintegra. Esto sucede con una parte de los trabajadores que forman la economía popular.

Otro camino de la absorción de esta economía popular es el del sector público. Ha sucedido en la historia de América Latina que muchos movimientos sociales terminan siendo reabsorbidos por el Estado. Es posible que estos intentos de reabsorción y esos procesos de la economía popular, tanto en la economía capitalista como en el sector público, puedan darse como parte subordinada de otro proceso distinto, de un desarrollo popular más autónomo, de una cierta racionalidad económica distinta, vinculada, integrada a las economías alternativas.

Quiero exponer algunas ideas o algunos capítulos de una reflexión que hemos desarrollado a lo largo de muchos años, tratando de formular esta perspectiva de un posible desarrollo autónomo creciente y de esta economía popular que, siendo una realidad que mantiene sus dimensiones limitadas, puede sin embargo, hacer un aporte a la economía y al desarrollo de la sociedad en su conjunto y a la transformación económico-social, pero manteniendo las posibilidades de una autonomía, su propio perfil como parte de un proceso de educación popular.

Un primer aspecto interesante de la economía popular es el aporte que hace y que puede hacer para superar la pobreza, que ha crecido tanto y que se ha transformado en América Latina. Creo que la economía popular tiene mucho qué hacer: avanzar hacia la superación de esas condiciones de pobreza tan dura, desarrollando la capacidad de los propios pobres, para satisfacer sus necesidades. Implica desarrollo de capacidades organizativas, desarrollo de conocimientos, en ese sentido es un valor muy rescatable de la economía popular, la posibilidad de cooperar no tanto mediante la satisfacción de las necesidades, sino mediante el desarrollo de las capacidades de las personas para satisfacer esas necesidades. Cuando una persona llega al convencimiento de que los sacrificios que está haciendo en algo son más grandes que los beneficios, tiende simplemente a retirarse. Mientras permanezca es porque allí encuentra las mejores alternativas dentro del horizonte de posibilidades que tiene o que está en condiciones de percibir.

Hacer una evaluación de las OEP (Organizaciones Económicas Populares) en términos de logro, de dificultades, de la acumulación, requiere de parámetros de un tipo diferente de los de las empresas capitalistas. Hay una racionalidad distinta en esta economía popular, varias racionalidades distintas. Por ejemplo: la acumulación: se le analiza y descubre como lo que se persigue en cualquier tipo de actividad económica y que permite asegurar el futuro, crearse condiciones para seguir reproduciendo nuestra subsistencia y seguir mejorando nuestras situaciones. Una manera de asegurarse el futuro es adquiriendo bienes materiales; otra manera es acumular poder para garantizar el futuro. Los Estados tratan de acumular fuerza y de asegurar el futuro en forma creciente. El sector público del Estado, tiende a acumular y de ahí que las economías muy descentralizadas tienden a desarrollar unas enormes actividades económicas en el sector de la defensa. Pero también puede acumularse el futuro mediante una acumulación de otro tipo: desarrollo de capacidades propias, desarrollo de relaciones, participación en la comunicación. Yo creo que gran parte de la economía popular se orienta, sobre todo la de carácter más solidario, a este modo de acumular habilidades, aprendizajes y relacionamiento.

Entonces no evaluemos estas experiencias con los criterios de la economía capitalista, sino con los criterios propios de su racionalidad. Hay toda una teoría que tratamos de desarrollar sobre otras formas de hacer economía, que ha ido surgiendo porque los economistas nos acostumbraron a pensar que había una sola manera de hacer economía.

Una segunda dimensión en la cual la economía popular cumple un papel muy importante es el proceso de organización popular. El mundo del trabajo se encuentra diferenciado y hay que distinguir los trabajadores asalariados, el mundo del trabajo asalariado, del mundo autónomo, asociativo. A cada una de estas formas, expresiones de trabajo, y a cada uno de estos modos de búsqueda y de vida, corresponden y se van desplegando formas de organización diferentes. Vemos como, al lado de lo que es la organización popular de carácter sindical, surgen otras formas de organización popular. En estas formas de organización económica popular que tienen contenidos no sólo económicos, sino sociales, culturales, políticos, religiosos, se está realizan un proceso altamente significativo que va a tener frutos sociales, políticos, económicos, y que ya los tiene de algún modo en el presente.

Cuando hablamos de organización popular en función de estas distintas realidades, es bueno percibir que no hay un sólo modo de organización que sea adecuado y que aquí está surgiendo otro tipo de organización popular o una organización popular de nuevo tipo. Son dos estructuras de la organización popular. Por un lado, la estructura de la reivindicación estructural que trata, como en toda organización social de un conjunto de necesidades de trabajo, de ingreso, alimentación vivienda, salud, etc. Pero estas necesidades son asumidas por los sujetos en términos de derechos, que debe la sociedad de satisfacer, y las personas tienen el derecho de exigirlos. Las necesidades son vividas como derecho y en determinadas circunstancias dan lugar a un conjunto de reivindicaciones organizativas en lo que se llama plataforma de acción, o a un pliego de exigencias. La acción que se despliega a partir de esta reivindicación, es una acción que tiende a ejercer presión, a exigir soluciones. Es decir, se trata de una organización de grandes multitudes que puedan hacer presión para lograr la satisfacción de esas necesidades. La dinámica interna de la organización, es una dinámica de acumulación de fuerza y de expansión de esas energías, de explosión. Los valores fundamentales que requiere ese tipo de organización para que se logre el objetivo, son la unidad, la disciplina, la conducción unificada. La solución de las necesidades se espera de parte de un agente externo, especialmente del estado, del patrono, del municipio.

Por otro lado, una estructura organizativa que incorpora la palabra proyecto, muy extendida en el ámbito de la organización económica popular: la articulación de un proceso de búsqueda de recursos donde también se define el modo de cómo esos recursos pueden ser organizados y utilizados. La acción consecuente no es tanto una acción reivindicativa, sino que va a ser una acción directa. Por ejemplo, podemos captar la diferencia frente a lo que es el problema del analfabetismo: la acción consiste en ponerse a capacitar, ponerse a superar esa necesidad, que es una acción directa, orientada a utilizar los recursos en función de satisfacer directamente las necesidades de las personas y grupos. La organización consecuente no va a ser una gran organización masiva, sino que va a ser en pequeños grupos, es decir, asociaciones de personas en las cuales las personas y los integrantes se conocen en sus necesidades y se sabe cuando una persona entra y cuando se retira de la organización, cuando es miembro y cuando no le es, se conoce la pertenencia o no pertenencia a una organización del pequeño grupo que tiende a realizar ese proyecto. El tipo de acción no es de acumulación de fuerza, de liberación simultánea de toda esa energía en un momento decisivo, sino que es una acción cotidiana que se va dando en un proceso constante de enfrentar problemas y de diseñar actividades. Los valores necesarios para ese tipo de organización, no son tanto la disciplina, la jerarquía, la unidad de mando, sino que se habla de los valores de la participación, de la solidaridad. La solución al problema se espera no de un agente externo, como el estado, una empresa, sino que se espera que la solución y la meta hacia la cual conduce este proceso organizativo sea el autodesarrollo para satisfacer las necesidades que originaron todo el proceso. La experiencia ha demostrado cómo este proceso ha estado acompañado por instituciones de apoyo no gubernamentales (las ONG), que como agentes externos facilitan el proceso de organización, la búsqueda de recursos, el proceso de acompañamiento y que van desarrollando este cambio de valores donde las formas de organización que se establecen no son por la vía de cúpulas, sino que se ha extendido la idea de redes o de coordinadoras. Dependiendo de los países, esto quiere decir, vinculaciones entre las mismas experiencias, pero puestas todas en un mismo nivel de carácter horizontal, en donde no hay delegación de poder en otros, sino más bien hay búsqueda de intercambio de experiencias, realización de acciones en conjunto en la medida en que se benefician varias organizaciones.

Este tipo de organización popular requiere de un tipo de educación popular distinta a la anterior, otro tipo de organización, porque es otro tipo de proceso. Hay que formar dirigentes aquí también, pero no ya el dirigente carismático, o el que conoce las leyes, sino que es el dirigente que aprende cómo gestionar mejor recursos, cómo dirigir una organización, cómo relacionarse con el mercado, con el Estado. Se trata de una educación en torno a valores distintos, hacia la acción cotidiana en este proceso paulatino y creciente. Es bueno darse cuenta que existen estas estructuras de acciones y podrían todavía crearse otras, pero esto no debe conducir a pensar que un modo de organización es mejor que otro. Dependiendo del problema popular, surgen organizaciones que tienen diferentes estructuras y es muy importante que se aprendan a reconocer unas a otras como válidas y como posibles de sumar en un proceso de crecimiento de la organización y de las luchas por su liberación. Un tercer aspecto, o sea una tercera idea importante es no pensar que la economía popular es la única acción interesante o que ella por sí sola constituye una respuesta a los problemas. Sin embargo, aquí hay un espacio y una realidad que hay que impulsar. Es fundamental pensar la acción de este ámbito con un objetivo que puede definirse como de creación o de construcción, para que se vaya constituyendo un sector de economía, distinto a otros sectores que han sido predominantes en la economía moderna. Creo que estas realidades pueden apuntar hacia la configuración de un sector de economía popular, de solidaridad y de trabajo, para distinguirlo por su carácter popular, pero también por una racionalidad distinta a la de la economía capitalista y a la de la economía estatal o pública, en cuanto hay elementos de solidaridad por un lado y por otro lado es el trabajo y no el capital lo que está en el centro y preside el proceso de estas experiencias.

Hay toda una construcción teórica y toda una práctica que hay que ir investigando para identificar esta racionalidad económica, este modo especial de hacer economía. Hemos avanzado bastante en algunos estudios que hemos intentan sistematizar el modo de producir, de distribuir, el modo de establecer consensos, que son distintos en esta economía de solidaridad y trabajo. Un elemento importante es que el hecho solidario en la economía del trabajo hace operar activamente un factor económico que está escasamente presente y nunca reconocido en otros sectores económicos. En la economía normalmente se habla del capital y del trabajo. Creo que en la economía popular hay un factor que hemos llamado “factor C”: de Cooperación, Comunidad, Compañerismo, Coordinación, cuya acción conjunta incorporada a esta economía de solidaridad tiene efectos en sus resultados concretos. Donde hay cooperación se puede reemplazar otros factores de producción.

Quiero destacar esto como un elemento importante que explica un conjunto de aspectos propios de la racionalidad de esta economía popular. En términos de desarrollo, a veces se convierten estas ideas en ideologías y se espera de ellas la solución de todos los problemas. Como esto no es posible, se cuestionan las actividades que se hacen, porque se les pide lo que no pueden dar, se les pide, por ejemplo, que ellas sean la solución a la transnacionalización de la economía. No se trata de construir toda la economía conforme a los modos de la economía popular y solidaria, pero sí de establecer un sector que pueda tener una presencia y que pueda interactuar, integrarse a la economía y a otros procesos vinculados, concomitantes al objetivo de ir construyendo una vida más justa.

Me parece que frente a los problemas que hemos visualizado que existen al nivel de nuestras economías, hay que impulsar varios procesos. En el área de la economía privada, en lo que es el mercado parece que hay que impulsar un proyecto transformador, un proceso de democratización. El mercado es una construcción social y no como dicen los economistas un sistema automático guiado por leyes. Es una lucha de sectores sociales, y por lo tanto el mercado puede ser concentrado o desconcentrado, democrático, cuando el poder de sectores que participan en él esté más distribuido socialmente, cuando no haya quienes puedan imponer leyes favorables a los poderosos. Cada acción que una persona realiza en el mercado va a favorecer su concentración o su democ5ratización. Pienso que es importante identificar un gran sector de economía popular para enfrentar los problemas de la pobreza, para desarrollar las fuerzas de trabajo, para generar dinámicas de más solidaridad, de más integración, para desarrollar procesos de participación popular organizada más amplia. Pero eso no es todo lo que puede hacerse. Hay que combinar acciones y reconocer validez a quienes están operando en el sector público por democratizarlo y ponerlo al servicio de los grandes objetivos nacionales y de desarrollo. Nosotros somos capaces de reconocer esta diversidad y de valorarla.