|
Situación
y tendencias al terminar un período histórico e iniciarse
uno nuevo.
La experiencia
de las Organizaciones Económicas Populares cumple 17 años
de evolución, desde que comenzaron a aparecer las primeras organizaciones
de este tipo concomitantemente a la implantación en el país
de un modelo económico de libre mercado y de un régimen
político autoritario. Ahora que el país vive una nueva
etapa, terminado el Gobierno militar e iniciado el Gobierno de la Concertación,
las OEP –como en general los diferentes movimientos y actores
sociales- enfrentan situaciones nuevas que les plantean desafíos
inéditos y les abren nuevas perspectivas. Para las OEP, más
que para cualquier otro movimiento social, el cambio es determinante
porque ellas nacieron junto con el régimen que perece, como una
reacción y una respuesta organizada del pueblo ante un sistema
de relaciones y frente a situaciones y problemas que se generaron en
el régimen anterior.
Preguntas
que durante mucho tiempo se plantearon abstractamente: ¿qué
sucederá con las OEP cuando cambie el contexto económico-político
en que surgieron?, ¿tienen en sí mismas suficientes energías
y razón de ser, más allá de los condicionamientos
que pusieron al pueblo en posición defensiva y ante la exigencia
de adecuar sus modos de organización y de acción?, ya
no son preguntas que se refieren a un futuro indeterminado, y respecto
a las cuales no podían sino avanzarse hipótesis provisorias.
Son ahora preguntas que las propias organizaciones están respondiendo
en los hechos; son ahora hipótesis a cuya verificación
práctica se encuentran abocadas las mismas OEP.
La nueva
realidad política les plantea desafíos antes desconocidos.
Por un lado, las organizaciones populares –y las OEP entre ellas-
tendrán nuevos espacios para desarrollarse. La existencia de
nuevos espacios y alternativas de organización ¿hará
que el modo peculiar de organizarse propio de las OEP tienda a disminuir
y desaparecer, ante el avance de otras formas de organización
y de acción que en el contexto anterior no resultaban adecuadas
o convenientes? O, por el contrario, ¿se desarrollarán
y evolucionarán las mismas OEP hacia mejores y más altos
niveles de existencia, aprovechando nuevas oportunidades y energías?
Hemos sostenido
que el modo de organización OEP fue “descubierto”
por el pueblo excluido o marginado de este país cuando en 1973
cambiaron radicalmente los modos de relación entre el pueblo
y el Gobierno. Hoy comienza a verificarse un nuevo cambio en dicho marco
de relaciones, de modo tal que el Gobierno vuelve a ponerse como interlocutor
de las organizaciones populares, dispuesto a escuchar y responder, en
alguna medida, a sus demandas. Puestas las cosas en estos términos,
se tendería a pensar que, vuelta la “normalidad”
democrática, volverán también por sus cauces tradicionales
las organizaciones populares, recuperando sus dinámicas de reivindicación
y lucha. Sin embargo, la cosa no es tan simple ni en su planteo ni en
su resolución.
En efecto,
aunque las organizaciones populares surgieron –entre otras- por
las razones indicadas, el modo de organización a que dieron lugar
ha evidenciado valores intrínsecos que progresivamente han venido
siendo apreciados y valorizados por quienes los han experimentado y
por quienes han acompañado, desde diferentes instituciones, a
las experiencias mismas. Por otro lado, la realidad económica
y política del país ha cambiado notablemente estos años
y sería ingenuo y carente de todo realismo creer que las cosas
podrán volver a ser lo que fueron. Nadie así lo piensa,
ni nadie lo postula o desea como proyecto. Entonces, el futuro no puede
ser comprendido haciendo alusión a las realidades pretéritas.
Es todo nuevo, y los desafíos que enfrentan las organizaciones
también lo son.
Para profundizar
en estas cuestiones y avanzar algunas ideas sobre dicho futuro, examinemos
algunos datos generales y procedamos a un breve examen de las principales
tendencias que se han manifestado en los últimos
años de manera de apreciar hacia dónde se encontraba orientada
la experiencia de las OEP en el momento del cambio de contexto nacional.
Seguidamente intentaremos un balance de la experiencia
de las OEP desde el punto de vista de lo que han significado y enseñado
al pueblo marginado que aspira a la integración social. Finalmente,
nos referiremos a las perspectivas y a los que nos parecen ser los principales
desafíos que las OEP enfrentan en el período
actual.
El cuadro
siguiente pone de manifiesto la evolución del fenómeno
organizativo en el tiempo y según sus diferentes tipos.
EVOLUCIÓN
EN EL NÚMERO DE OEP SEGÚN EL TIPO (1)
Región Metropolitana y Provincia de San Antonio (2)
- - - -
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -1982 - - - 1983 -
- - 1984 - - - 1985 - - - 1986 - - - 1989
Organizaciones
de consumo
Comedores populares - - - - - - - - - - - - 121 - - - -- 99
- - - - - 93 - - - - - 30 - - - - - -20 - - - - - 16
Ollas comunes - - - - - - - - - - - - - - - - - -- 34 - - - - - 42 -
- - - - 41 - - - - 232 - - - - - 301 - - - - 310
Comprando juntos - - - - - - - - - - - - - - - - 57 - - - -- 87 - -
- - 113 - - - -- 214 - - - -- 223 - - - - 165
Huertos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - s/d - - - - -
s/d - - - - - s/d - - - - - 27 - - - - - - 67 - - - -151
- - - - - - -Sub-total - - - - - - - - - - - - - - - 212 - - - - 228
- - - - - 247 - - -- 503 - - - - - 511 - - - - 642
Organizaciones
productivas
Talleres laborales - - - - - - - - - - - - - -- 151 - -- --
198 - - - -- 215 - - - - 338 - - - - - 411 - - --1.419
Organizaciones
de vivienda
Grupos precooperativos
- - - - - - - - - - 27 - - - - -- 28 - - - - - 18 - - - - -- 17 - -
- - - - 22 - - - - - - 63
Comités de deudas - - - - - - - - - - - - - 12 - - - - - - 58
- - - - --s/d - - - - - - 4 - - - - - -115 - - - - - s/d
Comités de viviendas - - - - - - - - - - - -- 5 - - - - - - 58
- - - - - -51 - - - - - - 8 - - - - - -- 32 - - - - -- 52
Comités de damnificados - - - - - - - - - 0 - - - - - - - 0 -
- - - - - - 0 - - - - - 52 - - - - - -104 - - - - - -- 2
- - - - - - -Sub-total - - - - - - - - - - - - - -- 44 - - - - - 144
- - - - - - 69 - - - - - 81 - - - - - - 273 - - - - 117
Organizaciones
laborales
Comités de cesantes - - - - - - - - - - - 21 - - - -
- - 35 - - - - - -- 33 - - - - - s/d - - - - - -- 25 - - - - - s/d
Sind. trabajadores eventuales - - - - -- 8 - - - - - - 12 - - - - -
-- 21 - - - --- s/d - - - - - - 22 - - - - - - 27
- - - - - - - Sub-total - - - - - - - - - - - - -- 29 - - - - - - 47
- - - - - -- 54 - - - - -- s/d - - - - - - 47 - - - - - - 27
Otros
grupos
Grupos de salud - - - - - - - - - - - - - - - 22 -- - - - -
22 - - - - - -- 72 - - - - -- 114 - - - - - 137 - - -- - 105
Otros grupos - - - - - - - - - - - - - - - - -- 29 - - - - - 24 - -
- - - - - 33 - - - - - -- 30 - - - - - - s/d - - - - - 67
- - - - - - - Sub-total - - - - - - - - - - - - -- 51 - - - - - -46
- - - - -- 105 - - - - -- 144 - - - - -- 137 - - - -- 17
Organizaciones
de coordinación - 7 - - - - - 10 - - - - - - - 13 -
- - - - -- 30 - - - - - - -56 - - - - 102
TOTAL
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 494 - - - - - 646 - - - - -
- 703 - - - - 1.093 - - - - 1.439 - - - 2.479
(1)
Para efectos de la comparación simplemente eliminamos los datos
para aquellos tipos que la información era poco exhaustiva. Por
ello, en este Cuadro los resultados totales están subvaluados
en alrededor de un 15%.
(2) Para hacer comparables los resultados de los diferentes catastros
de OEP, debimos un universo territorial ligeramente más amplio
que el correspondiente a la actual Región Metropolitana. Así,
los datos que presentamos en este cuadro incluyen la actual provincia
de San Antonio.
Fuente:
PET, Las Organizaciones Económicas Populares 1973-1990, 1990.
Analizando estos datos generales y los otros que aparecen en los anexos,
la más destacada y relevante tendencia que se puede observar
en las OEP en los últimos años es su crecimiento
sostenido, que viene a confirmar una línea de tendencia
que las ha caracterizado desde sus inicios. Es, además, un crecimiento
rápido y acelerado, como lo indican los datos de nuestros sucesivos
catastros que muestran que el número total de OEP alcanza a duplicarse
cada dos años.
Es interesante
observar que dicho proceso de expansión se mantuvo a lo largo
del tiempo, no obstante las muy variadas circunstancias económicas
y políticas y las diferentes coyunturas y ciclos económicos.
En particular, en los últimos años del régimen
anterior se dio un crecimiento sostenido de la economía –alrededor
del 6% de incremento del PGB como promedio anual en los últimos
cinco años-, junto a una reducción igualmente sostenida
de los niveles de desocupación (hasta llegar al 6.8% según
cifras oficiales). En tal contexto, las OEP no dejaron de multiplicarse,
como también lo hicieron en los años anteriores de fuerte
crisis y recesión económica, que habían significado
incrementos gravísimos de los niveles de desocupación
(que alcanzaron a más del 20% de la fuerza de trabajo).
Puede proporcionarse una explicación en estos términos:
durante los períodos de crisis y recesión se agravaba
el problema de la subsistencia y las personas se veían impulsadas
a formar organizaciones motivadas por la agudización de las necesidades.
En cambio, durante las etapas de crecimiento y disminución de
la desocupación la gente continúa creando organizaciones
económicas movida por el aumento de las oportunidades de alcanzar
buenos resultados con su actividad.
Aunque parezcan
contradictorias, ambas explicaciones pueden ser verdaderas; pero son
susceptibles de sostenerse simultáneamente siempre que se asuma
un concepto general que dé razón del crecimiento de las
OEP más allá de las circunstancias y coyunturas de los
ciclos económicos, a saber, que las OEP han llegado a ser valorizadas
por sus integrantes y promotores no como una simple respuesta defensiva
y precaria ante la agudización de la pobreza sino, más
allá de ello, como respuesta organizativa válida para
la superación de los problemas económico-sociales endémicos
y para el desarrollo popular.
Ahora bien,
una segunda tendencia que se ha manifestado en los años recientes
viene a confirmar nuestra aseveración en el sentido de que el
crecimiento en los períodos recesivo y expansivo responde a motivaciones
diferentes. En los años de la crisis las OEP que se expandieron
más fueron las que enfrentaban directamente las necesidades de
consumo, y especialmente los “comprando juntos” y las ollas
comunes. La tendencia en los años recientes es inversa. Mientras
ciertos tipos de OEP de consumo tienden a desaparecer (es el caso de
los comedores populares), otras disminuyen su importancia relativa (ollas
comunes y “comprando juntos”) y en cambio se expanden notablemente
las OEP productivas, generadoras de ingresos por la vía de la
producción y comercialización de bienes y servicios. Obviamente,
son estas organizaciones las que pueden mejor aprovechar coyunturas
expansivas del mercado, mientras que a las específicamente de
consumo se recurre preferentemente ante un agravamiento en las condiciones
de vida y frente a menores oportunidades de trabajo, sea asalariado,
autónomo o asociativo.
Una tercera
tendencia interesante de destacar para estos últimos años
es puesta de manifiesto también por los datos de nuestros catastros.
Junto al crecimiento en el número total de OEP y especialmente
de aquellas de carácter productivo y generadoras de ingreso,
se observa la tendencia a una cierta disminución en el número
de integrantes por unidad u organización económica. El
número total de personas participantes en estas organizaciones
crece, pero no tan rápidamente como la cantidad total de OEP.
Naturalmente, esto se relaciona directamente con el hecho de la mayor
presencia de las de tipo productivo en las que normalmente y por razones
de su propio modo de ser pueden participar bastante menos personas que
en las de consumo. Pero no es sólo por este efecto que disminuye
el promedio de integrantes por OEP, pues la tendencia se manifiesta
al interior de los distintos tipos de OEP, sean de consumo como productivas,
en éstas últimas más marcadamente que en las primeras.
El fenómeno
encuentra su explicación en la mayor importancia que en las OEP
se le asigna, tanto por parte de sus miembros como de quienes las promueven
y apoyan, a su dimensión económica, y más específicamente
al valor de la eficiencia como algo que debe ser sistemáticamente
perseguido tanto para que sus integrantes alcancen los objetivos que
buscan al integrarse a ellas como en vistas de la propia afirmación
social del fenómeno de las OEP: en este sentido, la reflexión
en torno a los mejores modos de combinar las dimensiones económica,
social, política y cultural de estos tipos de organizaciones
ha llevado a comprender mejor la naturaleza de ellas, así como
también se ha desarrollado una más adecuada conciencia
de la necesidad de combinar e integrar en su operación los valores
de la eficiencia y de la solidaridad. La solidaridad es vista cada vez
más claramente no como un obstáculo o una exigencia que
limita la eficiencia económica, sino como una fuerza subjetiva
que se constituye en un verdadero factor económico (el “factor
C”) que interviene facilitando el mejor cumplimiento
de los objetivos propios de cada organización en beneficio de
sus integrantes y del grupo como un todo.
Otras dos
tendencias generales puestas de manifiesto por los datos catastrales
nos parecen importantes de destacarse así. La primera es la difusión
geográfica de las OEP por todas las zonas y comunas de la Región
Metropolitana y por las principales ciudades y regiones del país.
La tendencia pone de manifiesto la consolidación social y la
capacidad de concitar el interés de cada vez más vastos
sectores, que distingue a este fenómeno organizativo.
La otra tendencia
a que nos referimos es el incremento notabilísimo de las instancias
de coordinación social de las OEP, tanto por tipos de organización
como por lugares geográficos en que se localizan. Esta tendencia
la entendemos expresiva de una dimensión que desde siempre ha
estado presente en las OEP, a saber, su dinámica de ser parte
de un proceso más vasto de organización popular, de surgimiento
de redes y movimientos sociales de nuevo tipo emergentes desde la sociedad
civil. Las OEP –hemos insistido en ello desde nuestros primeros
análisis- no son un fenómeno puramente económico
o que tenga que ver exclusivamente con el logro de la subsistencia y
la satisfacción de las necesidades básicas. Ellas tienen
una dimensión social, política y cultural inherente, que
las constituye como fenómeno social nuevo de relevantes potencialidades
en la perspectiva de procesos de participación social y de transformación
democrática.
Elementos
de un balance de logros y limitaciones.
Intentemos
ahora efectuar un balance de resultados –logros
y limitaciones- del fenómeno de las OEP considerando la globalidad
de su experiencia durante sus diecisiete años de experiencia.
En primer
lugar, las OEP existen, habiendo llegado a constituir
un fenómeno social relevante a nivel popular urbano. Ellas se
han afirmado socialmente, siendo crecientemente reconocidas en su especificidad
como parte de la más amplia realidad de las organizaciones populares.
Los datos del catastro, la multiplicación de estudios sobre su
realidad en diversos niveles de análisis, la referencia que a
ellas se hace en los medios de comunicación –más
en los micromedios que en los mass-media, pero también
en éstos-, la atención que suscitan en diversos medios
académicos y políticos son signos de que esta experiencia
de las OEP ha trascendido hasta alcanzar la consistencia de fenómeno
social relevante.
Junto con
afirmar este logro, cabe advertir, sin embargo, una insuficiencia o
limitación en cuanto al grado de constitución de su identidad
peculiar “en cuanto OEP”, esto es, en cuanto proceso organizativo
que se reconozca en su especial modo de ser y respecto al cual exista
una conciencia de pertenencia definida por parte de sus integrantes.
Detengámonos un momento en este aspecto.
A lo largo
de estos años se han efectuado numerosos encuentros, seminarios,
cursos de capacitación, y otros eventos e instancias de socialización,
en los que el concepto de Organizaciones Económicas Populares
se ha difundido molecularmente. Ha aparecido regularmente la publicación
“LA HOJA de las Organizaciones Económicas Populares”,
que en su línea editorial y a través de sus diferentes
secciones ha venido trabajando la cuestión de la identidad de
las OEP: las mismas investigaciones, tanto teóricas como de sistematización
de experiencias y estudios de casos han ido reforzando también
su identidad como fenómeno social y como proceso organizativo
de definidas características e identidad. La expresión
OEP de hecho ha llegado a ser el principal de los modos en que se nombra
e identifica este proceso organizativo cuando se ha ce referencia a
él en general, más allá de las distintas formas
de organización que lo constituyen (talleres laborales, “comprandos”,
etc.), tanto por parte de las instituciones de apoyo, de las agencias
de cooperación, como de las organizaciones de base, sus coordinadoras
y sus integrantes.
Sin embargo,
el proceso de constitución y maduración de esta identidad
OEP no puede considerarse plenamente cumplido. En efecto, además
de las acciones indicadas, que podemos considerar como “constituyentes
de identidad”, a lo largo del tiempo se han verificado también
numerosas acciones que podemos considerar “desconstituyentes”,
en cuanto tienden más bien a disolver la identidad OEP en formación,
o porque buscan constituir alguna otra identidad, sea más amplia
–que considere estas organizaciones como parte de una más
genérica identidad como, por ejemplo, “movimientos poblacionales”,
“organización popular de base”, “organizaciones
alternativas”-, o más restringida –la particular
identidad de las ollas comunes, los “comprando juntos”,
etc.-, o simplemente distinta a la de OEP –como es el caso de
quienes las conciben en términos de “organizaciones de
subsistencia”, “organizaciones de auto-ayuda” u otras.
No es el
momento de examinar en toda su profundidad esta “cuestión
de la identidad”. Sólo reiterar su importancia –más
allá de cuál sea la expresión terminológica
que se utilice para representarla- como tarea aún no acabada.
Es importante, por un lado, en orden a la maduración y consolidación
del proceso organizativo, el cual encuentra en el sentido de identidad
y pertenencia que desarrollen sus miembros una poderosa fuerza cohesiva
y expansiva; y por otro, en orden a asegurar, acrecentar y hacer permanente
su presencia social en el contexto de un proceso de democratización,
que por su propia naturaleza exige y privilegia la existencia de organizaciones
sociales con clara identidad colectiva.
El logro
inconcluso de la construcción del sentido de identidad y pertenencia
se vincula al tercer elemento del “balance” de la experiencia
de las OEP que queremos destacar. También aquí lo podemos
comprender en la ambivalencia de los términos “logro”
y “limitación”.
¿Son
eficientes las OEP? ¿Son realmente –como quieren y pretender
ser- formas económicas solidarias y alternativas, participativas
y democráticas? Las dos preguntas son muy diferentes, pero entre
ellas hay un nexo que nos interesa destacar, por lo que las planteamos
juntas aunque deban ser respondidas separadamente.
Con la primera
pregunta queremos hacer un balance sobre el grado de logro de los objetivos
que se proponen alcanzar los integrantes de estas organizaciones. Tal
es, en efecto, el planteo en que la pregunta por la eficiencia tiene
verdadero sentido. No lo tiene, en cambio, si pretendiésemos
medir la eficiencia de las OEP por su participación en el producto
nacional, o por la rentabilidad que en ellas alcanza el capital invertido.
Si adoptáramos como criterio de eficiencia el aporte al PGB la
respuesta sería que las OEP han alcanzado un nivel de eficiencia
bajísimo. Si, por el contrario, las evaluáramos por la
rentabilidad del capital que sus organizadores invierten en ellas la
eficiencia sería extraordinariamente elevada. Sin embargo, ni
uno ni otro son criterios adecuados para medir el grado de eficiencia
de estas organizaciones, pues lo que buscan sus organizadores no es
ni incidir en los niveles de producción nacional (objetivo que
corresponde mejor al sector público de la economía) ni
la rentabilidad del capital (que corresponde a la lógica de las
empresas capitalistas). Las OEP, insertas en una racionalidad económica
diferente, centrada en el trabajo y la cooperación y orientada
a la satisfacción de necesidades de sus integrantes, son eficientes
o no lo son en función del grado en que alcancen sus propios
objetivos.
Del mismo
modo, quien mide y determina cuál sea la eficiencia alcanzada
es en este caso distinto de quién lo hace en los otros sectores
económicos. En las empresas privadas de capitales la eficiencia
de una empresa o unidad económica es evaluada por el mercado,
en cuanto en él quedan determinados los costos y precios, los
volúmenes de ventas y los porcentajes de utilidades que alcancen.
Para las empresas públicas la evaluación de la eficiencia
corresponde a organismos técnico-políticos que comparan
los resultados obtenidos con las previsiones y planes establecidos para
cada unidad.
En las OEP,
como en general en las diferentes formas de economía solidaria,
cooperativa y autogestionaria, quienes evalúan la eficiencia
son sus propios integrantes y las personas, organizaciones e instituciones
que se relacionan con ellas. Efectúan la evaluación de
manera práctica y concreta, decidiendo continuar o interrumpir
su propia participación en las actividades en que se encuentran
involucrados, disminuir o ampliar su presencia en ellas. En efecto,
son estas personas y organizaciones quienes esperan resultados concretos
de su actividad y efectúan esfuerzos y sacrificios para conseguirlos.
Si los sacrificios que hacen les resultan desproporcionados para los
resultados obtenidos, tenderán a abandonar su participación
en la actividad que desarrollan, mientras que si aprecian que los resultados
que se alcanzan van siendo correspondientes a los esfuerzos y sacrificios
efectuados, se sentirán motivados para continuar e incrementar
su propia participación.
De hecho,
para cada unidad económica, el equilibrio económico queda
establecido –de manera implícita- sobre la base de un balance
subjetivo que efectúan sus integrantes, y corresponde al punto
en que ellos deciden no aumentar más su esfuerzo o sacrificio,
porque los beneficios que obtendrían mediante un incremento adicional
del mismo no les parecen suficientemente compensados por los mayores
beneficios que obtendrían con dicho esfuerzo marginal.
Considerando
la eficiencia de las OEP en este sentido, no parece razonable hacer
generalizaciones que resulten válidas para todas las organizaciones.
Sin embargo, el conocimiento de numerosas experiencias, las evaluaciones
que los integrantes de ellas han hecho en ocasión de sucesivos
encuentros y reuniones donde reflexionan la pregunta por los "logros"
y “dificultades”, nos permiten aventurar una cierta apreciación
global sobre la eficiencia de las OEP.
Para comprender
adecuadamente nuestra apreciación deberá entenderse que
las OEP son organizaciones multiactivas, a la vez económicas,
sociales y culturales, que persiguen la satisfacción integrada
y combinada de necesidades de diferente tipo: obtención de ingresos,
realización de trabajo útil, desarrollo personal, capacitación
técnica, participación en la comunidad, recreación,
etc.
Pues bien,
ellas ponen de manifiesto un grado diferente de eficiencia en el logro
de estos distintos objetivos de sus integrantes. En efecto, existe un
notable consenso en que por su intermedio logran satisfacer ampliamente
las aspiraciones de crecimiento personal, participación social,
aprendizaje y capacitación técnica y organizacional, recreación
y desarrollo cultural. Sus miembros sostienen igualmente que en las
OEP en que participan sientes estar cumpliendo un trabajo útil,
que beneficia a sus familias y a la comunidad y que les proporciona
satisfacción personal. En todo esto existe un notable consenso,
y ello explica en gran medida la persistencia de muchas organizaciones
en el tiempo, manteniéndose en funcionamiento como grupo, no
obstante la existencia de períodos en que disminuye o incluso
se detiene la operación estrictamente económica por falta
de medios.
En cuanto
a beneficios materiales y monetarios la situación es diferente,
y no es fácil efectuar una apreciación global, pues las
situaciones son distintas según las OEP de que se trata. Muchas
OEP generan beneficios materiales directos a sus integrantes y sus familias,
en términos de consumo directo, de aprovisionamiento de bienes,
o de producción para el autoconsumo. Así sucede en varios
tipos de OEP (ollas comunes, huertos orgánicos, “comprando
juntos”, etc.), siendo tales beneficios los que sus integrantes
esperan de la organización. Otras OEP –particularmente
los talleres laborales- buscan obtener ingresos monetarios directos
por las ventas de su producción. Al respecto, y aunque no sea
posible sostener un juicio universalmente válido, puede afirmarse
que los resultados que se alcanzan son normalmente evaluados como insatisfactorios
por sus miembros, que consideran que el tiempo de trabajo ocupado en
la OEP alcanza recompensas muy reducidas y que no tienen regularidad.
Naturalmente,
ello puede explicarse por varias razones: escasez de recursos financieros
y de medios materiales de producción, falta de mercados, carencias
en la gestión empresarial, etc. Cualquiera sea la causa, el hecho
es que las organizaciones que producen bienes o servicios para su comercialización
no dejan de funcionar aunque los ingresos que generan son considerados
insatisfactorios. Existen varias razones para ello, que es interesante
considerar.
Una de ellas
es que sus integrantes perciben realistamente no tener otras alternativas
laborales. Esto, especialmente en el caso de las mujeres dueñas
de casa que combinan la actividad del taller con el cumplimiento de
otras tareas domésticas, debe entenderse en el sentido de que
ellas mismas no están en condiciones de trabajar jornadas laborales
enteras. En tales circunstancias, el trabajo parcial, autorregulado
efectuado a menudo en la propia casa en tiempo disponibles discontinuos,
que es aceptado en la OEP, obtiene una remuneración reducida,
que sólo alcanza para complementar otros ingresos familiares,
pero que resulta aceptada por la persona como la única o la mejor
opción que se le presenta. En tal sentido, la participación
en la OEP aparece como la más eficiente forma de ocupar el tiempo
disponible.
Otra razón
que explica la persistencia de organizaciones que buscan ingresos monetarios
que, sin embargo, consideran insuficientes, es la expectativa que a
menudo tienen sus miembros en que la situación podrá mejorar
en un futuro no muy lejano. La observación del éxito que
logran otros grupos tiene a menudo este efecto. En otros casos, se trata
de expectativas que el grupo crea a partir de una evaluación
realista de lo que pueden hacer una vez que resuelvan ciertas dificultades
posibles de superar, como carencias de dinero para adquirir materias
primas, problemas técnicos y de calidad del producto que están
resolviendo mediante la capacitación, falta de contactos comerciales,
etc. Sucede también que se crean expectativas a partir de la
acción de ciertas ONG o instituciones de apoyo que les abren,
real o supuestamente, nuevas posibilidades.
Si consideramos
globalmente todos estos aspectos, la eficiencia de las OEP evaluada
por sus integrantes en términos de la relación que se
establece entre los beneficios (de varias clases) que obtienen y los
sacrificios que les implica, resulta ser satisfactoria en todos aquellos
casos en que la organización continúa funcionando. Como
estamos ante un proceso de crecimiento y expansión de las OEP,
podemos pensar que es así en numerosos y crecientes casos; sin
embargo, no debe olvidarse que son muchas también las OEP que
se constituyen y luego desaparecen, y aquellas que se forman con un
grupo humano que en el tiempo va achicándose. Todo ello nos lleva
a concluir que las OEP tienen como tarea aún pendiente el logro
de un nivel superior de eficiencia en lo que respecta a sus operaciones
y funcionamiento económico.
Vayamos ahora
a la pregunta relativa al grado de presencia que en estas organizaciones
llegan a tener las relaciones de cooperación y el valor de la
solidaridad. Sobre ello existen apreciaciones controversiales. Hay quienes
sostienen –ateniéndose a las afirmaciones de principio
que en tal sentido efectúan sus integrantes o quienes colaboran
con ellas- que la solidaridad es un valor marcadamente presente en las
OEP. Debe decirse que muchos integrantes de OEP afirman, al contrario,
que en su grupo hay poca solidaridad y compañerismo, y ven en
ello la causa de variados problemas. Hay otros que –observando
la presencia de frecuentes conflictos personales y organizativos al
interior de los grupos- sostienen que la solidaridad y cooperación
son más bien escasas. Entre tales opiniones, lo más realista
sería afirmar que la solidaridad existe pero en grados diversos
y diferenciados según las características de los grupos
y tipos de organización.
Pero la pregunta
que nos interesa apunta en una dirección distinta al de las observaciones
que se efectúan habitualmente sobre la materia. Nuestra pregunta
estaba dirigida a indagar sí acaso las OEP son realmente formas
económicas solidarias, participativas y democráticas,
que impliquen un modo alternativo de hacer economía.
Así
concebida la cuestión, la respuesta no debe mirar tanto a las
apreciaciones subjetivas que hagan sus integrantes –que evidentemente
están condicionadas por cuál será el “deber
ser” que estimen conveniente-, ni a la existencia de conflictos
personales y organizativos –que se explican habitualmente por
razones y situaciones extraeconómicas y conductuales de otra
índole-, sino a los comportamientos económicos
que muestra la organización y que ella misma exige a sus integrantes.
Los comportamientos
económicos a que nos referimos son de varios tipos, pudiéndose
distinguir aquellos que se refieren a las relaciones internas entre
los socios de la organización, y aquellos que se refieren a las
relaciones externas que la OEP entabla con proveedores y clientes, con
otras organizaciones similares, y con la comunidad local de que forman
parte.
Con respecto
a las relaciones entre los miembros de la organización, la presencia
de relaciones solidarias se puede manifestar en comportamientos de cooperación
y ayuda recíproca en el trabajo mismo de producción y
comercialización; en el uso compartido de las informaciones y
del conocimiento, y en la transferencia voluntaria y gratuita de competencias
técnicas desde los que saben más a los que saben menos;
en la toma de decisiones compartida, y en la disposición de los
miembros para asumir responsabilidades directivas que no generan beneficios
económicos inmediatos, sino un incremento del esfuerzo y sacrificio
personal; en la distribución de los esfuerzos y de los beneficios
conforme a criterios de justicia y equidad –regidas por el principio
“a cada cual según su trabajo”-, pero atendiendo
también al hecho de que las personas tienen capacidades y necesidades
diferenciadas.
Con respecto
a las relaciones económicas con sujetos externos que hacen de
contraparte en distintas transacciones o actividades, la existencia
de solidaridad y cooperación se manifiesta en comportamientos
que la organización mantenga con ellas, así como en los
comportamientos que la organización despierte en esas contrapartes.
En líneas generales, se tratará de comportamientos justos
y responsables: en el cumplimiento de compromisos contraídos,
en la fijación de precios justos, en la veracidad de las informaciones
que se transmiten, en la preocupación de no dañar sino
de favorecer a los otros, etc.
En cuanto
a las relaciones con el entorno comunitario inmediato, la presencia
de valores solidarios se manifestará en el esfuerzo que la organización
efectúe por transferir ciertos beneficios a la comunidad y en
evitarle daños que podrían ocasionarle sus propias actividades;
dicho en términos especializados, en una preocupación
consciente por maximizar las externalidades positivas y minimizar las
negativas.
Pues bien,
en estos tres sentidos, la observación relevante es la que muestra
que la presencia de comportamientos solidarios y de cooperación
resulta indispensable para el buen funcionamiento de la Organización
Económica Popular. Allí donde la cooperación entre
los integrantes es escasa, o donde las relaciones que entablan con terceros
no es responsable, o es tal que genera daños a la comunidad,
la OEP tiende a fracasar en sus objetivos. A la inversa, la mayor presencia
de comportamientos solidarios y de relaciones de cooperación
acrecienta directamente su viabilidad económica.
Esta conclusión
podría parecer obvia y de escasa relevancia teórica, pero
no lo es. En efecto, otras formas económicas se hacen crecientemente
viables y exitosas en la medida que predominen en ellas comportamientos
individualistas, competitivos y maximizadores del beneficio individual
a costa del beneficio de las contrapartes y con despreocupación
de las externalidades que deriven sobre la comunidad y el entorno.
Lo que esto
pone de manifiesto es la existencia de una lógica o racionalidad
económica peculiar de las OEP, según la cual
los comportamientos de cooperación y solidaridad son positivamente
estimulados, pues de ellos depende en alguna importante medida el logro
de beneficios para la unidad económica y para sus integrantes.
Es el modo de ser de las OEP, su estructura económica particular,
la que requiere la presencia y favorece el desarrollo de comportamientos,
relaciones y valores de cooperación y solidaridad.
Esta especial
racionalidad económica tiene consecuencias prácticas importantes.
En primer lugar, que a las OEP tienden a incorporarse solamente personas
que manifiestan alguna real voluntad de cooperación y servicio,
mientras otras que sólo persiguen el beneficio personal se verán
pronto estimuladas a dejar de pertenecer al grupo. En segundo lugar,
que la misma práctica económica de la organización
tiende a favorecer en sus integrantes una maduración de esos
valores y comportamientos solidarios, pues la situación es tal
que rápidamente se aprende que sólo así pueden
alcanzarse los objetivos compartidos por sus integrantes. No significa
esto que la cooperación, la solidaridad y la participación
existan en las OEP reales y concretas siempre en un alto grado, pero
al menos en un mínimo suficiente –ese mínimo indispensable
que permite al grupo superar situaciones que a menudo son bastante difíciles
y que en otro contexto organizativo implicarían su disgregación-
y en un proceso de expansión. Si es así, estamos realmente
en presencia de un modo alternativo de hacer economía, portador
de relevantes contenidos y potencialidades de transformación
económica y cultural.
Interrogantes,
expectativas y posibilidades en el nuevo contexto nacional.
Al cumplirse
un año apenas del nuevo régimen político, no es
posible efectuar un análisis acabado de tendencias ni tener previsiones
claras sobre como el nuevo contexto nacional –en lo económico,
social, político y cultural- impactará la evolución
de la experiencia de las OEP. No disponiendo aún de datos catastrales
completos, podemos proporcionar algunos datos parciales que resultan
indicativos. En un plano más subjetivo, es posible efectuar también
algunas observaciones respecto a las actitudes que comienzan a tener
las instancias gubernamentales, las instituciones de apoyo y otros actores
relevantes para el destino de las OEP, así como sobre las expectativas
y estados de ánimo que emergen desde las organizaciones mismas.
Con ello, accederemos a la formulación de ciertas alternativas
que podrían marcar el futuro del proceso organizativo y a explorar
las posibilidades que tiene de afirmación y desarrollo en esta
nueva época política.
En términos
cuantitativos, una actualización del catastro de OEP del PET
indica que a comienzos de 1991 están funcionando activamente
226 ollas comunes, 55 comedores populares, 72 “comprando juntos”
(sin contar los de Renca y Conchalí, que no han sido aún
catastrados), 64 programas de huertos familiares coordinados y 109 grupos
de salud. En total, 547 organizaciones de consumo, lo que representa
una disminución respecto a las 674 del catastro de 1989; pero
estos datos son incompletos, pues el catastro no ha sido aún
terminado. En cuanto a los participantes, los datos existentes indican
un crecimiento en el promedio de integrantes y beneficiarios por organización,
habiéndose contabilizado hasta el momento 44.300 personas participantes.
En base a
estos datos parciales, se estima que de las organizaciones de consumo
existentes en 1989, aproximadamente el 60% continúan funcionando
y se han consolidado, mientras que aquellas que han dejado de funcionar
son en gran parte compensadas por las nuevas que se crearon en el curso
del año. Hay que considerar, además, que las que no están
funcionando no necesariamente se han disuelto, pues subsisten las bases
de organización y en muchos casos la interrupción de sus
operaciones se debe a pérdidas del capital con que operan, que
es una situación revertible como lo demuestran numerosos antecedentes.
En cuanto
a las organizaciones productivas, el catastro no se ha iniciado aún.
Podemos sin embargo estimar que talleres laborales y microempresas vinculadas
al sector solidario han continuado creciendo en número, o que
puede apreciarse en los siguientes datos parciales. La Cooperativa Liberación
cuenta actualmente con cerca de 700 socios (unidades productivas); la
Fundación solidaria Trabajo para un Hermano apoyó financieramente
en 1990 a 465 microempresas; la unidad de Talleres Solidarios de la
Vicaría de la Solidaridad ha mantenido una operación permanente
con 184 talleres laborales de Santiago; la Consultora Técnica
CT se relacionó durante el año con 220 unidades productivas.
Considerados
estos datos globalmente, ponen de manifiesto una persistencia de las
tendencias observadas en los años inmediatamente anteriores al
cambio de régimen político. Hay sin embargo procesos nuevos
significativos de carácter cualitativo que es importante referir.
De parte
de las organizaciones mismas, es muy clara la intención y voluntad
de superar la marginalidad y el aislamiento social y político
en que se desenvolvieron durante el régimen anterior. Obviamente,
esta voluntad corresponde a una aspiración natural a superar
la extrema pobreza en que viven sus integrantes, entre cuyas causas
se identifica al “sistema” económico-social implantado
en los años anteriores, y a la expectativa de participar en la
construcción de una realidad democrática en el país
por la cual lucharon las mismas organizaciones durante mucho tiempo.
Abrirse un
camino de superación de la pobreza y participar en la construcción
de un Chile democrático son objetivos distintos, de naturaleza
diferentes, aunque la gente los vea en muy estrecha interrelación.
Al respecto, es interesante e importante comprender que desde la experiencia
de las OEP, ambas perspectivas son buscadas desde y a través
de la misma organización en que participan. Se manifiesta de
este modo el carácter integral del fenómeno, que es a
la vez económico, social, político y cultural. La OEP
en que se participa es vista por muchos de sus integrantes, como instrumento
a través del cual es posible trabajar para resolver los propios
problemas económicos y al mismo tiempo luchar por la participación
social y cultural e integrarse a procesos de transformación de
la sociedad en general.
Ahora bien,
respecto de estas aspiraciones y contenidos, las orientaciones y mensajes
que llegan a las organizaciones desde las instancias gubernamentales
y políticas son ambiguas y contradictorias.
Respecto
de los objetivos de superación económica, en un sentido
el mensaje del actual gobierno no es sustancialmente distinto al del
régimen anterior, en cuanto se reafirman las orientaciones generales
del modelo económico imperante. En este sentido, se refuerza
en las OEP su orientación básica a enfrentar los problemas
con el propio esfuerzo y trabajo, lo cual viene a darle renovada importancia
a la dimensión propiamente económica de cada organización,
que busca incrementar sus niveles de eficiencia y de integración
al mercado. Pero el mismo tiempo, en otro sentido, se definen desde
el Estado nuevas y mayores responsabilidades en orden a enfrentar la
pobreza mediante políticas sociales específicas del sector
público. Los efectos de esta orientación aún no
se aprecian sensiblemente en los sectores populares, si bien es interesante
y significativo que las políticas sociales aún en curso
de definición reconocen la validez de los esfuerzos autónomos
de la base social y parecen venir a su encuentro, mediante la canalización
de recursos especiales en complementación de los que muy precariamente
disponen las organizaciones para el desarrollo de sus actividades. Ello
comienza a apreciarse en relación a temas como el de la vivienda,
en programas de apoyo a las microempresas en términos de recursos
financieros y de apoyo a la comercialización de sus productos,
en programas alimentarios y de donación de leche a través
de las ollas comunes, en las posibilidades que se han abierto para la
presentación de proyectos de desarrollo local y de otras iniciativas
generadoras de ingresos al Fondo de Solidaridad e Inversión Social
que ha comenzado a operar.
Respecto
a los objetivos de participación social que tienen las OEP la
situación es diferente. En este sentido, más allá
de afirmaciones genéricas y más bien retóricas
al respecto, las orientaciones de los cambios a nivel nacional no parecen
abrir perspectivas reales de participación para las organizaciones
sociales de base popular. el régimen político en curso
de consolidación en el país está de hecho operando
como un régimen de partidos, siendo éstos los instrumentos
e instancias únicos donde la participación en la toma
de decisiones es posible. La organización social de base no es
promovida ni canalizada, y las organizaciones existentes se preguntan
y empiezan a dudar de sí a través de ellas será
posible acceder a la esperada y buscada participación. Ello incluso
a nivel municipal, pues la reforma planteada tiende a reforzar el rol
de los partidos políticos y no especifica dominios definidos
ni roles a las organizaciones sociales de base. La participación
ciudadana en la generación de los poderes políticos de
todo nivel se verifica en el voto individual periódico y en la
organización de los partidos, no existiendo espacios de participación
propios de las organizaciones sociales intermedias.
La percepción
de que no existen para las organizaciones nuevas alternativas de participación
se ve reforzada porque, al nivel del tratamiento específico de
los temas que les interesan, los sectores sociales convocados a plantear
sus posiciones y participar en la concertación social no se encuentran
contemplados. En la discusión de la legislación laboral,
el tema del trabajo autónomo y del trabajo asociativo ni siquiera
ha sido mencionado. En el análisis de los efectos de la reforma
tributaria no se consideraron los impactos muy evidentes sobre la economía
informal y la microempresa. Así, la percepción de que
la realidad de las OEP y de la economía popular en general no
es considerada a la hora de las decisiones en las cuestiones sociales
más relevantes, encuentra sucesivas confirmaciones.
Qué
efectos tienen o pueden tener estas situaciones para el desenvolvimiento
futuro de las OEP, no es fácil precisarlo. De mantenerse estas
orientaciones, tanto en lo económico como en lo social y político,
pueden preverse con cierto grado de convicción dos posibles tendencias.
La primera sería que se acentúe en las OEP mismas la dimensión
económica, y en ésta, la específicamente productiva.
En este sentido, por ejemplo, el concepto de “microempresa”
–que destaca la identidad empresarial de las experiencias de la
pequeña producción popular urbana- podrá prevalecer
sobre el “taller laboral” –que enfatiza la identidad
del trabajo como alternativa que tienen los trabajadores para desplegar
su actividad laboral de modo autónomo o asociativo y no asalariado-
y sobre el de “organización económica popular”
–que pone el acento en la dimensión organizativa de estas
experiencias de economía popular
En correlación
con esta posible tendencia puede darse una segunda, consistente en la
disminución progresiva de la intencionalidad y expectativa de
participación social y política por parte de los integrantes
y sectores representados en las OEP, con un creciente distanciamiento
respecto a las orientaciones gubernamentales y al propio sistema político
vigente.
La combinación
de ambas posibles tendencias, de verificarse y acentuarse, podría
tener derivaciones diferentes, dependiendo de los contenidos ideológicos
que logren primar en el seno de las organizaciones de la economía
popular.
Una alternativa
podría ejemplificarse con lo sucedido en Perú, donde las
orientaciones teóricas de un Hernando de Soto vinieron a darle
encauzamiento a las expectativas de participación económica
y social de los vastos sectores informales, y que dieron base popular
al movimiento que condujo al Gobierno a una fuerza encabezada por el
presidente Fujimori, ajena al sistema político de partidos. Según
esta perspectiva, la economía popular enfatizaría su contenido
económico pero con una orientación mercantil y tendencialmente
capitalista, y en términos ideológico-políticos
podría verificarse una cierta orientación corporativa
con acentuación del distanciamiento respecto a la representación
a través de los partidos políticos.
La otra alternativa
posible, que requeriría de un esfuerzo sistemático y lúcido
de quienes comparten la búsqueda de construcción de una
economía popular con elevados contenidos de solidaridad y cooperación,
podría ser precisamente el desarrollo y consolidación
de un sector de economía popular como las numerosas y distintas
experiencias que enfatizan la búsqueda de formas económicas
y sociales alternativas y más solidarias, entre las cuales, el
Cooperativismo tradicional y las expresiones de economía social,
autogestionada y de participación social; las antiguas y nuevas
búsquedas de economía de comunidades; las microempresas
familiares y de economía doméstica (producción
y consumo) y más ampliamente las microempresas y pequeñas
empresas de producción popular urbana; las búsquedas de
tecnologías apropiadas y de formas ecológicas de producción
y consumo; las experiencias y procesos de desarrollo local y comunal
con participación organizativa de los pobladores; las actividades
de promoción social y capacitación popular originadas
en numerosas organizaciones no-gubernamentales; las unidades de integración
e intermediación (comercializadoras, cooperativas de crédito,
fondos rotatorios, etc.) que cumplen funciones económicas en
beneficio de otras empresas de la economía popular; los sindicatos,
gremios, coordinadoras y asociaciones de artesanos y otros tipos de
trabajadores independientes; las organizaciones de consumidores y otras
que buscan mejorar el consumo popular y la calidad de vida, etc.
Si formulamos
estas posibles líneas de tendencia como alternativas no es porque
ellas aparezcan como netamente excluyentes ni como las únicas
derivaciones que puede tener el proceso. En realidad, los fenómenos
sociales son siempre diversificados y a menudo generan sorpresas incluso
respecto a los análisis más acuciosos y visionarios. En
general, los procesos sociales son decididos fundamentalmente por quienes
los protagonizan, y en tal sentido las opciones que van haciendo día
a día las propias organizaciones marcan el rumbo de los acontecimientos.
Sin embargo, tratándose de procesos propios de los sectores sociales
subordinados, el condicionamiento que deriva de las opciones políticas
y económicas más generales es elevado. Por eso, decisivas
para el futuro serán las orientaciones que sigan las políticas
económicas a nivel nacional y especialmente los cauces que sigan
las políticas sociales frente a la pobreza. También tendrán
gran relevancia las opciones que sean efectuadas por las instituciones
de apoyo y las organizaciones no-gubernamentales que prestan servicios
a la economía popular.
En particular,
estas últimas tienen una gran influencia potencial en razón
de su proximidad respecto al proceso organizativo de base. La importancia
del rol e incluso las posibilidades de afirmación de las propias
organizaciones no-gubernamentales parecen estar en directa relación
con la segunda de las alternativas planteadas, a saber, la que apunta
a la conformación de un sector de economía popular de
solidaridad y trabajo, eficiente, integrado económica y socialmente,
y capaz de efectuar un aporte significativo a la superación de
la pobreza.
En especial,
las instituciones de apoyo pueden cumplir importantes funciones en el
cumplimiento y realización de los procesos y actividades que
aparecen como necesarios para que el sector de economía popular
y solidario se desarrolle y consolide. Para ambas –organizaciones
de base e instituciones de apoyo- tales procesos y actividades se presentan
como desafíos principales a enfrentar en el
futuro próximo, a saber:
a) Promoción,
fomento y creación de nuevas unidades económicas en el
sector, de los varios tipos indicados anteriormente.
b) Perfeccionamiento
e incremento de la eficiencia de las unidades económicas existentes
en el sector.
c) Desarrollo
de instrumentos e instancias de integración y articulación
entre las unidades económicas del sector, que acrecienten su
sentido de identidad y pertenencia así como su presencia y participación
en la sociedad.
d) Creación
y funcionamiento de sistemas de apoyo y servicio que lo promuevan y
potencien.
e) Difusión
de condiciones culturales, políticas, ideológicas y sociales
que favorezcan la expansión del sector.
f) Ampliación
de las relaciones que vinculan al sector (a sus unidades y sus instancias
de coordinación e integración), con los otros sectores
de la economía (particularmente con el Estado y los poderes públicos,
por un lado, y con las empresas y los mercados, por el otro) y con otros
sujetos y actores sociales (instituciones culturales, civiles y religiosas,
movimientos sociales, organizaciones de trabajadores, etc.).
g) Elaboración
y difusión del conocimiento del sector y de sus unidades componentes,
en lo que se refiere a sus experiencias y procesos reales, sus problemas,
condicionamientos y desafíos, las racionalidades y lógicas
económicas, los requerimientos implicados en las funciones de
producción, comercialización, gestión, consumo,
etc.
|