LAS ORGANIZACIONES ECONÓMICAS POPULARES: BALANCE DE 17 AÑOS Y PERSPECTIVAS

Publicación en el "Informe Anual 1990-1991 Economía y Trabajo en Chile", del Programa de Economía del Trabajo -P.E.T.-.

 

Situación y tendencias al terminar un período histórico e iniciarse uno nuevo.

La experiencia de las Organizaciones Económicas Populares cumple 17 años de evolución, desde que comenzaron a aparecer las primeras organizaciones de este tipo concomitantemente a la implantación en el país de un modelo económico de libre mercado y de un régimen político autoritario. Ahora que el país vive una nueva etapa, terminado el Gobierno militar e iniciado el Gobierno de la Concertación, las OEP –como en general los diferentes movimientos y actores sociales- enfrentan situaciones nuevas que les plantean desafíos inéditos y les abren nuevas perspectivas. Para las OEP, más que para cualquier otro movimiento social, el cambio es determinante porque ellas nacieron junto con el régimen que perece, como una reacción y una respuesta organizada del pueblo ante un sistema de relaciones y frente a situaciones y problemas que se generaron en el régimen anterior.

Preguntas que durante mucho tiempo se plantearon abstractamente: ¿qué sucederá con las OEP cuando cambie el contexto económico-político en que surgieron?, ¿tienen en sí mismas suficientes energías y razón de ser, más allá de los condicionamientos que pusieron al pueblo en posición defensiva y ante la exigencia de adecuar sus modos de organización y de acción?, ya no son preguntas que se refieren a un futuro indeterminado, y respecto a las cuales no podían sino avanzarse hipótesis provisorias. Son ahora preguntas que las propias organizaciones están respondiendo en los hechos; son ahora hipótesis a cuya verificación práctica se encuentran abocadas las mismas OEP.

La nueva realidad política les plantea desafíos antes desconocidos. Por un lado, las organizaciones populares –y las OEP entre ellas- tendrán nuevos espacios para desarrollarse. La existencia de nuevos espacios y alternativas de organización ¿hará que el modo peculiar de organizarse propio de las OEP tienda a disminuir y desaparecer, ante el avance de otras formas de organización y de acción que en el contexto anterior no resultaban adecuadas o convenientes? O, por el contrario, ¿se desarrollarán y evolucionarán las mismas OEP hacia mejores y más altos niveles de existencia, aprovechando nuevas oportunidades y energías?

Hemos sostenido que el modo de organización OEP fue “descubierto” por el pueblo excluido o marginado de este país cuando en 1973 cambiaron radicalmente los modos de relación entre el pueblo y el Gobierno. Hoy comienza a verificarse un nuevo cambio en dicho marco de relaciones, de modo tal que el Gobierno vuelve a ponerse como interlocutor de las organizaciones populares, dispuesto a escuchar y responder, en alguna medida, a sus demandas. Puestas las cosas en estos términos, se tendería a pensar que, vuelta la “normalidad” democrática, volverán también por sus cauces tradicionales las organizaciones populares, recuperando sus dinámicas de reivindicación y lucha. Sin embargo, la cosa no es tan simple ni en su planteo ni en su resolución.

En efecto, aunque las organizaciones populares surgieron –entre otras- por las razones indicadas, el modo de organización a que dieron lugar ha evidenciado valores intrínsecos que progresivamente han venido siendo apreciados y valorizados por quienes los han experimentado y por quienes han acompañado, desde diferentes instituciones, a las experiencias mismas. Por otro lado, la realidad económica y política del país ha cambiado notablemente estos años y sería ingenuo y carente de todo realismo creer que las cosas podrán volver a ser lo que fueron. Nadie así lo piensa, ni nadie lo postula o desea como proyecto. Entonces, el futuro no puede ser comprendido haciendo alusión a las realidades pretéritas. Es todo nuevo, y los desafíos que enfrentan las organizaciones también lo son.

Para profundizar en estas cuestiones y avanzar algunas ideas sobre dicho futuro, examinemos algunos datos generales y procedamos a un breve examen de las principales tendencias que se han manifestado en los últimos años de manera de apreciar hacia dónde se encontraba orientada la experiencia de las OEP en el momento del cambio de contexto nacional. Seguidamente intentaremos un balance de la experiencia de las OEP desde el punto de vista de lo que han significado y enseñado al pueblo marginado que aspira a la integración social. Finalmente, nos referiremos a las perspectivas y a los que nos parecen ser los principales desafíos que las OEP enfrentan en el período actual.

El cuadro siguiente pone de manifiesto la evolución del fenómeno organizativo en el tiempo y según sus diferentes tipos.

EVOLUCIÓN EN EL NÚMERO DE OEP SEGÚN EL TIPO (1)
Región Metropolitana y Provincia de San Antonio (2)

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -1982 - - - 1983 - - - 1984 - - - 1985 - - - 1986 - - - 1989

Organizaciones de consumo
Comedores populares - - - - - - - - - - - - 121 - - - -- 99 - - - - - 93 - - - - - 30 - - - - - -20 - - - - - 16
Ollas comunes - - - - - - - - - - - - - - - - - -- 34 - - - - - 42 - - - - - 41 - - - - 232 - - - - - 301 - - - - 310
Comprando juntos - - - - - - - - - - - - - - - - 57 - - - -- 87 - - - - 113 - - - -- 214 - - - -- 223 - - - - 165
Huertos - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - s/d - - - - - s/d - - - - - s/d - - - - - 27 - - - - - - 67 - - - -151
- - - - - - -Sub-total - - - - - - - - - - - - - - - 212 - - - - 228 - - - - - 247 - - -- 503 - - - - - 511 - - - - 642

Organizaciones productivas
Talleres laborales - - - - - - - - - - - - - -- 151 - -- -- 198 - - - -- 215 - - - - 338 - - - - - 411 - - --1.419

Organizaciones de vivienda

Grupos precooperativos - - - - - - - - - - 27 - - - - -- 28 - - - - - 18 - - - - -- 17 - - - - - - 22 - - - - - - 63
Comités de deudas - - - - - - - - - - - - - 12 - - - - - - 58 - - - - --s/d - - - - - - 4 - - - - - -115 - - - - - s/d
Comités de viviendas - - - - - - - - - - - -- 5 - - - - - - 58 - - - - - -51 - - - - - - 8 - - - - - -- 32 - - - - -- 52
Comités de damnificados - - - - - - - - - 0 - - - - - - - 0 - - - - - - - 0 - - - - - 52 - - - - - -104 - - - - - -- 2
- - - - - - -Sub-total - - - - - - - - - - - - - -- 44 - - - - - 144 - - - - - - 69 - - - - - 81 - - - - - - 273 - - - - 117

Organizaciones laborales
Comités de cesantes - - - - - - - - - - - 21 - - - - - - 35 - - - - - -- 33 - - - - - s/d - - - - - -- 25 - - - - - s/d
Sind. trabajadores eventuales - - - - -- 8 - - - - - - 12 - - - - - -- 21 - - - --- s/d - - - - - - 22 - - - - - - 27
- - - - - - - Sub-total - - - - - - - - - - - - -- 29 - - - - - - 47 - - - - - -- 54 - - - - -- s/d - - - - - - 47 - - - - - - 27

Otros grupos
Grupos de salud - - - - - - - - - - - - - - - 22 -- - - - - 22 - - - - - -- 72 - - - - -- 114 - - - - - 137 - - -- - 105
Otros grupos - - - - - - - - - - - - - - - - -- 29 - - - - - 24 - - - - - - - 33 - - - - - -- 30 - - - - - - s/d - - - - - 67
- - - - - - - Sub-total - - - - - - - - - - - - -- 51 - - - - - -46 - - - - -- 105 - - - - -- 144 - - - - -- 137 - - - -- 17

Organizaciones de coordinación - 7 - - - - - 10 - - - - - - - 13 - - - - - -- 30 - - - - - - -56 - - - - 102

TOTAL - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 494 - - - - - 646 - - - - - - 703 - - - - 1.093 - - - - 1.439 - - - 2.479

(1) Para efectos de la comparación simplemente eliminamos los datos para aquellos tipos que la información era poco exhaustiva. Por ello, en este Cuadro los resultados totales están subvaluados en alrededor de un 15%.

(2) Para hacer comparables los resultados de los diferentes catastros de OEP, debimos un universo territorial ligeramente más amplio que el correspondiente a la actual Región Metropolitana. Así, los datos que presentamos en este cuadro incluyen la actual provincia de San Antonio.

Fuente: PET, Las Organizaciones Económicas Populares 1973-1990, 1990.

Analizando estos datos generales y los otros que aparecen en los anexos, la más destacada y relevante tendencia que se puede observar en las OEP en los últimos años es su crecimiento sostenido, que viene a confirmar una línea de tendencia que las ha caracterizado desde sus inicios. Es, además, un crecimiento rápido y acelerado, como lo indican los datos de nuestros sucesivos catastros que muestran que el número total de OEP alcanza a duplicarse cada dos años.

Es interesante observar que dicho proceso de expansión se mantuvo a lo largo del tiempo, no obstante las muy variadas circunstancias económicas y políticas y las diferentes coyunturas y ciclos económicos. En particular, en los últimos años del régimen anterior se dio un crecimiento sostenido de la economía –alrededor del 6% de incremento del PGB como promedio anual en los últimos cinco años-, junto a una reducción igualmente sostenida de los niveles de desocupación (hasta llegar al 6.8% según cifras oficiales). En tal contexto, las OEP no dejaron de multiplicarse, como también lo hicieron en los años anteriores de fuerte crisis y recesión económica, que habían significado incrementos gravísimos de los niveles de desocupación (que alcanzaron a más del 20% de la fuerza de trabajo).

Puede proporcionarse una explicación en estos términos: durante los períodos de crisis y recesión se agravaba el problema de la subsistencia y las personas se veían impulsadas a formar organizaciones motivadas por la agudización de las necesidades. En cambio, durante las etapas de crecimiento y disminución de la desocupación la gente continúa creando organizaciones económicas movida por el aumento de las oportunidades de alcanzar buenos resultados con su actividad.

Aunque parezcan contradictorias, ambas explicaciones pueden ser verdaderas; pero son susceptibles de sostenerse simultáneamente siempre que se asuma un concepto general que dé razón del crecimiento de las OEP más allá de las circunstancias y coyunturas de los ciclos económicos, a saber, que las OEP han llegado a ser valorizadas por sus integrantes y promotores no como una simple respuesta defensiva y precaria ante la agudización de la pobreza sino, más allá de ello, como respuesta organizativa válida para la superación de los problemas económico-sociales endémicos y para el desarrollo popular.

Ahora bien, una segunda tendencia que se ha manifestado en los años recientes viene a confirmar nuestra aseveración en el sentido de que el crecimiento en los períodos recesivo y expansivo responde a motivaciones diferentes. En los años de la crisis las OEP que se expandieron más fueron las que enfrentaban directamente las necesidades de consumo, y especialmente los “comprando juntos” y las ollas comunes. La tendencia en los años recientes es inversa. Mientras ciertos tipos de OEP de consumo tienden a desaparecer (es el caso de los comedores populares), otras disminuyen su importancia relativa (ollas comunes y “comprando juntos”) y en cambio se expanden notablemente las OEP productivas, generadoras de ingresos por la vía de la producción y comercialización de bienes y servicios. Obviamente, son estas organizaciones las que pueden mejor aprovechar coyunturas expansivas del mercado, mientras que a las específicamente de consumo se recurre preferentemente ante un agravamiento en las condiciones de vida y frente a menores oportunidades de trabajo, sea asalariado, autónomo o asociativo.

Una tercera tendencia interesante de destacar para estos últimos años es puesta de manifiesto también por los datos de nuestros catastros. Junto al crecimiento en el número total de OEP y especialmente de aquellas de carácter productivo y generadoras de ingreso, se observa la tendencia a una cierta disminución en el número de integrantes por unidad u organización económica. El número total de personas participantes en estas organizaciones crece, pero no tan rápidamente como la cantidad total de OEP. Naturalmente, esto se relaciona directamente con el hecho de la mayor presencia de las de tipo productivo en las que normalmente y por razones de su propio modo de ser pueden participar bastante menos personas que en las de consumo. Pero no es sólo por este efecto que disminuye el promedio de integrantes por OEP, pues la tendencia se manifiesta al interior de los distintos tipos de OEP, sean de consumo como productivas, en éstas últimas más marcadamente que en las primeras.

El fenómeno encuentra su explicación en la mayor importancia que en las OEP se le asigna, tanto por parte de sus miembros como de quienes las promueven y apoyan, a su dimensión económica, y más específicamente al valor de la eficiencia como algo que debe ser sistemáticamente perseguido tanto para que sus integrantes alcancen los objetivos que buscan al integrarse a ellas como en vistas de la propia afirmación social del fenómeno de las OEP: en este sentido, la reflexión en torno a los mejores modos de combinar las dimensiones económica, social, política y cultural de estos tipos de organizaciones ha llevado a comprender mejor la naturaleza de ellas, así como también se ha desarrollado una más adecuada conciencia de la necesidad de combinar e integrar en su operación los valores de la eficiencia y de la solidaridad. La solidaridad es vista cada vez más claramente no como un obstáculo o una exigencia que limita la eficiencia económica, sino como una fuerza subjetiva que se constituye en un verdadero factor económico (el “factor C”) que interviene facilitando el mejor cumplimiento de los objetivos propios de cada organización en beneficio de sus integrantes y del grupo como un todo.

Otras dos tendencias generales puestas de manifiesto por los datos catastrales nos parecen importantes de destacarse así. La primera es la difusión geográfica de las OEP por todas las zonas y comunas de la Región Metropolitana y por las principales ciudades y regiones del país. La tendencia pone de manifiesto la consolidación social y la capacidad de concitar el interés de cada vez más vastos sectores, que distingue a este fenómeno organizativo.

La otra tendencia a que nos referimos es el incremento notabilísimo de las instancias de coordinación social de las OEP, tanto por tipos de organización como por lugares geográficos en que se localizan. Esta tendencia la entendemos expresiva de una dimensión que desde siempre ha estado presente en las OEP, a saber, su dinámica de ser parte de un proceso más vasto de organización popular, de surgimiento de redes y movimientos sociales de nuevo tipo emergentes desde la sociedad civil. Las OEP –hemos insistido en ello desde nuestros primeros análisis- no son un fenómeno puramente económico o que tenga que ver exclusivamente con el logro de la subsistencia y la satisfacción de las necesidades básicas. Ellas tienen una dimensión social, política y cultural inherente, que las constituye como fenómeno social nuevo de relevantes potencialidades en la perspectiva de procesos de participación social y de transformación democrática.

Elementos de un balance de logros y limitaciones.

Intentemos ahora efectuar un balance de resultados –logros y limitaciones- del fenómeno de las OEP considerando la globalidad de su experiencia durante sus diecisiete años de experiencia.

En primer lugar, las OEP existen, habiendo llegado a constituir un fenómeno social relevante a nivel popular urbano. Ellas se han afirmado socialmente, siendo crecientemente reconocidas en su especificidad como parte de la más amplia realidad de las organizaciones populares. Los datos del catastro, la multiplicación de estudios sobre su realidad en diversos niveles de análisis, la referencia que a ellas se hace en los medios de comunicación –más en los micromedios que en los mass-media, pero también en éstos-, la atención que suscitan en diversos medios académicos y políticos son signos de que esta experiencia de las OEP ha trascendido hasta alcanzar la consistencia de fenómeno social relevante.

Junto con afirmar este logro, cabe advertir, sin embargo, una insuficiencia o limitación en cuanto al grado de constitución de su identidad peculiar “en cuanto OEP”, esto es, en cuanto proceso organizativo que se reconozca en su especial modo de ser y respecto al cual exista una conciencia de pertenencia definida por parte de sus integrantes. Detengámonos un momento en este aspecto.

A lo largo de estos años se han efectuado numerosos encuentros, seminarios, cursos de capacitación, y otros eventos e instancias de socialización, en los que el concepto de Organizaciones Económicas Populares se ha difundido molecularmente. Ha aparecido regularmente la publicación “LA HOJA de las Organizaciones Económicas Populares”, que en su línea editorial y a través de sus diferentes secciones ha venido trabajando la cuestión de la identidad de las OEP: las mismas investigaciones, tanto teóricas como de sistematización de experiencias y estudios de casos han ido reforzando también su identidad como fenómeno social y como proceso organizativo de definidas características e identidad. La expresión OEP de hecho ha llegado a ser el principal de los modos en que se nombra e identifica este proceso organizativo cuando se ha ce referencia a él en general, más allá de las distintas formas de organización que lo constituyen (talleres laborales, “comprandos”, etc.), tanto por parte de las instituciones de apoyo, de las agencias de cooperación, como de las organizaciones de base, sus coordinadoras y sus integrantes.

Sin embargo, el proceso de constitución y maduración de esta identidad OEP no puede considerarse plenamente cumplido. En efecto, además de las acciones indicadas, que podemos considerar como “constituyentes de identidad”, a lo largo del tiempo se han verificado también numerosas acciones que podemos considerar “desconstituyentes”, en cuanto tienden más bien a disolver la identidad OEP en formación, o porque buscan constituir alguna otra identidad, sea más amplia –que considere estas organizaciones como parte de una más genérica identidad como, por ejemplo, “movimientos poblacionales”, “organización popular de base”, “organizaciones alternativas”-, o más restringida –la particular identidad de las ollas comunes, los “comprando juntos”, etc.-, o simplemente distinta a la de OEP –como es el caso de quienes las conciben en términos de “organizaciones de subsistencia”, “organizaciones de auto-ayuda” u otras.

No es el momento de examinar en toda su profundidad esta “cuestión de la identidad”. Sólo reiterar su importancia –más allá de cuál sea la expresión terminológica que se utilice para representarla- como tarea aún no acabada. Es importante, por un lado, en orden a la maduración y consolidación del proceso organizativo, el cual encuentra en el sentido de identidad y pertenencia que desarrollen sus miembros una poderosa fuerza cohesiva y expansiva; y por otro, en orden a asegurar, acrecentar y hacer permanente su presencia social en el contexto de un proceso de democratización, que por su propia naturaleza exige y privilegia la existencia de organizaciones sociales con clara identidad colectiva.

El logro inconcluso de la construcción del sentido de identidad y pertenencia se vincula al tercer elemento del “balance” de la experiencia de las OEP que queremos destacar. También aquí lo podemos comprender en la ambivalencia de los términos “logro” y “limitación”.

¿Son eficientes las OEP? ¿Son realmente –como quieren y pretender ser- formas económicas solidarias y alternativas, participativas y democráticas? Las dos preguntas son muy diferentes, pero entre ellas hay un nexo que nos interesa destacar, por lo que las planteamos juntas aunque deban ser respondidas separadamente.

Con la primera pregunta queremos hacer un balance sobre el grado de logro de los objetivos que se proponen alcanzar los integrantes de estas organizaciones. Tal es, en efecto, el planteo en que la pregunta por la eficiencia tiene verdadero sentido. No lo tiene, en cambio, si pretendiésemos medir la eficiencia de las OEP por su participación en el producto nacional, o por la rentabilidad que en ellas alcanza el capital invertido. Si adoptáramos como criterio de eficiencia el aporte al PGB la respuesta sería que las OEP han alcanzado un nivel de eficiencia bajísimo. Si, por el contrario, las evaluáramos por la rentabilidad del capital que sus organizadores invierten en ellas la eficiencia sería extraordinariamente elevada. Sin embargo, ni uno ni otro son criterios adecuados para medir el grado de eficiencia de estas organizaciones, pues lo que buscan sus organizadores no es ni incidir en los niveles de producción nacional (objetivo que corresponde mejor al sector público de la economía) ni la rentabilidad del capital (que corresponde a la lógica de las empresas capitalistas). Las OEP, insertas en una racionalidad económica diferente, centrada en el trabajo y la cooperación y orientada a la satisfacción de necesidades de sus integrantes, son eficientes o no lo son en función del grado en que alcancen sus propios objetivos.

Del mismo modo, quien mide y determina cuál sea la eficiencia alcanzada es en este caso distinto de quién lo hace en los otros sectores económicos. En las empresas privadas de capitales la eficiencia de una empresa o unidad económica es evaluada por el mercado, en cuanto en él quedan determinados los costos y precios, los volúmenes de ventas y los porcentajes de utilidades que alcancen. Para las empresas públicas la evaluación de la eficiencia corresponde a organismos técnico-políticos que comparan los resultados obtenidos con las previsiones y planes establecidos para cada unidad.

En las OEP, como en general en las diferentes formas de economía solidaria, cooperativa y autogestionaria, quienes evalúan la eficiencia son sus propios integrantes y las personas, organizaciones e instituciones que se relacionan con ellas. Efectúan la evaluación de manera práctica y concreta, decidiendo continuar o interrumpir su propia participación en las actividades en que se encuentran involucrados, disminuir o ampliar su presencia en ellas. En efecto, son estas personas y organizaciones quienes esperan resultados concretos de su actividad y efectúan esfuerzos y sacrificios para conseguirlos. Si los sacrificios que hacen les resultan desproporcionados para los resultados obtenidos, tenderán a abandonar su participación en la actividad que desarrollan, mientras que si aprecian que los resultados que se alcanzan van siendo correspondientes a los esfuerzos y sacrificios efectuados, se sentirán motivados para continuar e incrementar su propia participación.

De hecho, para cada unidad económica, el equilibrio económico queda establecido –de manera implícita- sobre la base de un balance subjetivo que efectúan sus integrantes, y corresponde al punto en que ellos deciden no aumentar más su esfuerzo o sacrificio, porque los beneficios que obtendrían mediante un incremento adicional del mismo no les parecen suficientemente compensados por los mayores beneficios que obtendrían con dicho esfuerzo marginal.

Considerando la eficiencia de las OEP en este sentido, no parece razonable hacer generalizaciones que resulten válidas para todas las organizaciones. Sin embargo, el conocimiento de numerosas experiencias, las evaluaciones que los integrantes de ellas han hecho en ocasión de sucesivos encuentros y reuniones donde reflexionan la pregunta por los "logros" y “dificultades”, nos permiten aventurar una cierta apreciación global sobre la eficiencia de las OEP.

Para comprender adecuadamente nuestra apreciación deberá entenderse que las OEP son organizaciones multiactivas, a la vez económicas, sociales y culturales, que persiguen la satisfacción integrada y combinada de necesidades de diferente tipo: obtención de ingresos, realización de trabajo útil, desarrollo personal, capacitación técnica, participación en la comunidad, recreación, etc.

Pues bien, ellas ponen de manifiesto un grado diferente de eficiencia en el logro de estos distintos objetivos de sus integrantes. En efecto, existe un notable consenso en que por su intermedio logran satisfacer ampliamente las aspiraciones de crecimiento personal, participación social, aprendizaje y capacitación técnica y organizacional, recreación y desarrollo cultural. Sus miembros sostienen igualmente que en las OEP en que participan sientes estar cumpliendo un trabajo útil, que beneficia a sus familias y a la comunidad y que les proporciona satisfacción personal. En todo esto existe un notable consenso, y ello explica en gran medida la persistencia de muchas organizaciones en el tiempo, manteniéndose en funcionamiento como grupo, no obstante la existencia de períodos en que disminuye o incluso se detiene la operación estrictamente económica por falta de medios.

En cuanto a beneficios materiales y monetarios la situación es diferente, y no es fácil efectuar una apreciación global, pues las situaciones son distintas según las OEP de que se trata. Muchas OEP generan beneficios materiales directos a sus integrantes y sus familias, en términos de consumo directo, de aprovisionamiento de bienes, o de producción para el autoconsumo. Así sucede en varios tipos de OEP (ollas comunes, huertos orgánicos, “comprando juntos”, etc.), siendo tales beneficios los que sus integrantes esperan de la organización. Otras OEP –particularmente los talleres laborales- buscan obtener ingresos monetarios directos por las ventas de su producción. Al respecto, y aunque no sea posible sostener un juicio universalmente válido, puede afirmarse que los resultados que se alcanzan son normalmente evaluados como insatisfactorios por sus miembros, que consideran que el tiempo de trabajo ocupado en la OEP alcanza recompensas muy reducidas y que no tienen regularidad.

Naturalmente, ello puede explicarse por varias razones: escasez de recursos financieros y de medios materiales de producción, falta de mercados, carencias en la gestión empresarial, etc. Cualquiera sea la causa, el hecho es que las organizaciones que producen bienes o servicios para su comercialización no dejan de funcionar aunque los ingresos que generan son considerados insatisfactorios. Existen varias razones para ello, que es interesante considerar.

Una de ellas es que sus integrantes perciben realistamente no tener otras alternativas laborales. Esto, especialmente en el caso de las mujeres dueñas de casa que combinan la actividad del taller con el cumplimiento de otras tareas domésticas, debe entenderse en el sentido de que ellas mismas no están en condiciones de trabajar jornadas laborales enteras. En tales circunstancias, el trabajo parcial, autorregulado efectuado a menudo en la propia casa en tiempo disponibles discontinuos, que es aceptado en la OEP, obtiene una remuneración reducida, que sólo alcanza para complementar otros ingresos familiares, pero que resulta aceptada por la persona como la única o la mejor opción que se le presenta. En tal sentido, la participación en la OEP aparece como la más eficiente forma de ocupar el tiempo disponible.

Otra razón que explica la persistencia de organizaciones que buscan ingresos monetarios que, sin embargo, consideran insuficientes, es la expectativa que a menudo tienen sus miembros en que la situación podrá mejorar en un futuro no muy lejano. La observación del éxito que logran otros grupos tiene a menudo este efecto. En otros casos, se trata de expectativas que el grupo crea a partir de una evaluación realista de lo que pueden hacer una vez que resuelvan ciertas dificultades posibles de superar, como carencias de dinero para adquirir materias primas, problemas técnicos y de calidad del producto que están resolviendo mediante la capacitación, falta de contactos comerciales, etc. Sucede también que se crean expectativas a partir de la acción de ciertas ONG o instituciones de apoyo que les abren, real o supuestamente, nuevas posibilidades.

Si consideramos globalmente todos estos aspectos, la eficiencia de las OEP evaluada por sus integrantes en términos de la relación que se establece entre los beneficios (de varias clases) que obtienen y los sacrificios que les implica, resulta ser satisfactoria en todos aquellos casos en que la organización continúa funcionando. Como estamos ante un proceso de crecimiento y expansión de las OEP, podemos pensar que es así en numerosos y crecientes casos; sin embargo, no debe olvidarse que son muchas también las OEP que se constituyen y luego desaparecen, y aquellas que se forman con un grupo humano que en el tiempo va achicándose. Todo ello nos lleva a concluir que las OEP tienen como tarea aún pendiente el logro de un nivel superior de eficiencia en lo que respecta a sus operaciones y funcionamiento económico.

Vayamos ahora a la pregunta relativa al grado de presencia que en estas organizaciones llegan a tener las relaciones de cooperación y el valor de la solidaridad. Sobre ello existen apreciaciones controversiales. Hay quienes sostienen –ateniéndose a las afirmaciones de principio que en tal sentido efectúan sus integrantes o quienes colaboran con ellas- que la solidaridad es un valor marcadamente presente en las OEP. Debe decirse que muchos integrantes de OEP afirman, al contrario, que en su grupo hay poca solidaridad y compañerismo, y ven en ello la causa de variados problemas. Hay otros que –observando la presencia de frecuentes conflictos personales y organizativos al interior de los grupos- sostienen que la solidaridad y cooperación son más bien escasas. Entre tales opiniones, lo más realista sería afirmar que la solidaridad existe pero en grados diversos y diferenciados según las características de los grupos y tipos de organización.

Pero la pregunta que nos interesa apunta en una dirección distinta al de las observaciones que se efectúan habitualmente sobre la materia. Nuestra pregunta estaba dirigida a indagar sí acaso las OEP son realmente formas económicas solidarias, participativas y democráticas, que impliquen un modo alternativo de hacer economía.

Así concebida la cuestión, la respuesta no debe mirar tanto a las apreciaciones subjetivas que hagan sus integrantes –que evidentemente están condicionadas por cuál será el “deber ser” que estimen conveniente-, ni a la existencia de conflictos personales y organizativos –que se explican habitualmente por razones y situaciones extraeconómicas y conductuales de otra índole-, sino a los comportamientos económicos que muestra la organización y que ella misma exige a sus integrantes.

Los comportamientos económicos a que nos referimos son de varios tipos, pudiéndose distinguir aquellos que se refieren a las relaciones internas entre los socios de la organización, y aquellos que se refieren a las relaciones externas que la OEP entabla con proveedores y clientes, con otras organizaciones similares, y con la comunidad local de que forman parte.

Con respecto a las relaciones entre los miembros de la organización, la presencia de relaciones solidarias se puede manifestar en comportamientos de cooperación y ayuda recíproca en el trabajo mismo de producción y comercialización; en el uso compartido de las informaciones y del conocimiento, y en la transferencia voluntaria y gratuita de competencias técnicas desde los que saben más a los que saben menos; en la toma de decisiones compartida, y en la disposición de los miembros para asumir responsabilidades directivas que no generan beneficios económicos inmediatos, sino un incremento del esfuerzo y sacrificio personal; en la distribución de los esfuerzos y de los beneficios conforme a criterios de justicia y equidad –regidas por el principio “a cada cual según su trabajo”-, pero atendiendo también al hecho de que las personas tienen capacidades y necesidades diferenciadas.

Con respecto a las relaciones económicas con sujetos externos que hacen de contraparte en distintas transacciones o actividades, la existencia de solidaridad y cooperación se manifiesta en comportamientos que la organización mantenga con ellas, así como en los comportamientos que la organización despierte en esas contrapartes. En líneas generales, se tratará de comportamientos justos y responsables: en el cumplimiento de compromisos contraídos, en la fijación de precios justos, en la veracidad de las informaciones que se transmiten, en la preocupación de no dañar sino de favorecer a los otros, etc.

En cuanto a las relaciones con el entorno comunitario inmediato, la presencia de valores solidarios se manifestará en el esfuerzo que la organización efectúe por transferir ciertos beneficios a la comunidad y en evitarle daños que podrían ocasionarle sus propias actividades; dicho en términos especializados, en una preocupación consciente por maximizar las externalidades positivas y minimizar las negativas.

Pues bien, en estos tres sentidos, la observación relevante es la que muestra que la presencia de comportamientos solidarios y de cooperación resulta indispensable para el buen funcionamiento de la Organización Económica Popular. Allí donde la cooperación entre los integrantes es escasa, o donde las relaciones que entablan con terceros no es responsable, o es tal que genera daños a la comunidad, la OEP tiende a fracasar en sus objetivos. A la inversa, la mayor presencia de comportamientos solidarios y de relaciones de cooperación acrecienta directamente su viabilidad económica.

Esta conclusión podría parecer obvia y de escasa relevancia teórica, pero no lo es. En efecto, otras formas económicas se hacen crecientemente viables y exitosas en la medida que predominen en ellas comportamientos individualistas, competitivos y maximizadores del beneficio individual a costa del beneficio de las contrapartes y con despreocupación de las externalidades que deriven sobre la comunidad y el entorno.

Lo que esto pone de manifiesto es la existencia de una lógica o racionalidad económica peculiar de las OEP, según la cual los comportamientos de cooperación y solidaridad son positivamente estimulados, pues de ellos depende en alguna importante medida el logro de beneficios para la unidad económica y para sus integrantes. Es el modo de ser de las OEP, su estructura económica particular, la que requiere la presencia y favorece el desarrollo de comportamientos, relaciones y valores de cooperación y solidaridad.

Esta especial racionalidad económica tiene consecuencias prácticas importantes. En primer lugar, que a las OEP tienden a incorporarse solamente personas que manifiestan alguna real voluntad de cooperación y servicio, mientras otras que sólo persiguen el beneficio personal se verán pronto estimuladas a dejar de pertenecer al grupo. En segundo lugar, que la misma práctica económica de la organización tiende a favorecer en sus integrantes una maduración de esos valores y comportamientos solidarios, pues la situación es tal que rápidamente se aprende que sólo así pueden alcanzarse los objetivos compartidos por sus integrantes. No significa esto que la cooperación, la solidaridad y la participación existan en las OEP reales y concretas siempre en un alto grado, pero al menos en un mínimo suficiente –ese mínimo indispensable que permite al grupo superar situaciones que a menudo son bastante difíciles y que en otro contexto organizativo implicarían su disgregación- y en un proceso de expansión. Si es así, estamos realmente en presencia de un modo alternativo de hacer economía, portador de relevantes contenidos y potencialidades de transformación económica y cultural.

Interrogantes, expectativas y posibilidades en el nuevo contexto nacional.

Al cumplirse un año apenas del nuevo régimen político, no es posible efectuar un análisis acabado de tendencias ni tener previsiones claras sobre como el nuevo contexto nacional –en lo económico, social, político y cultural- impactará la evolución de la experiencia de las OEP. No disponiendo aún de datos catastrales completos, podemos proporcionar algunos datos parciales que resultan indicativos. En un plano más subjetivo, es posible efectuar también algunas observaciones respecto a las actitudes que comienzan a tener las instancias gubernamentales, las instituciones de apoyo y otros actores relevantes para el destino de las OEP, así como sobre las expectativas y estados de ánimo que emergen desde las organizaciones mismas. Con ello, accederemos a la formulación de ciertas alternativas que podrían marcar el futuro del proceso organizativo y a explorar las posibilidades que tiene de afirmación y desarrollo en esta nueva época política.

En términos cuantitativos, una actualización del catastro de OEP del PET indica que a comienzos de 1991 están funcionando activamente 226 ollas comunes, 55 comedores populares, 72 “comprando juntos” (sin contar los de Renca y Conchalí, que no han sido aún catastrados), 64 programas de huertos familiares coordinados y 109 grupos de salud. En total, 547 organizaciones de consumo, lo que representa una disminución respecto a las 674 del catastro de 1989; pero estos datos son incompletos, pues el catastro no ha sido aún terminado. En cuanto a los participantes, los datos existentes indican un crecimiento en el promedio de integrantes y beneficiarios por organización, habiéndose contabilizado hasta el momento 44.300 personas participantes.

En base a estos datos parciales, se estima que de las organizaciones de consumo existentes en 1989, aproximadamente el 60% continúan funcionando y se han consolidado, mientras que aquellas que han dejado de funcionar son en gran parte compensadas por las nuevas que se crearon en el curso del año. Hay que considerar, además, que las que no están funcionando no necesariamente se han disuelto, pues subsisten las bases de organización y en muchos casos la interrupción de sus operaciones se debe a pérdidas del capital con que operan, que es una situación revertible como lo demuestran numerosos antecedentes.

En cuanto a las organizaciones productivas, el catastro no se ha iniciado aún. Podemos sin embargo estimar que talleres laborales y microempresas vinculadas al sector solidario han continuado creciendo en número, o que puede apreciarse en los siguientes datos parciales. La Cooperativa Liberación cuenta actualmente con cerca de 700 socios (unidades productivas); la Fundación solidaria Trabajo para un Hermano apoyó financieramente en 1990 a 465 microempresas; la unidad de Talleres Solidarios de la Vicaría de la Solidaridad ha mantenido una operación permanente con 184 talleres laborales de Santiago; la Consultora Técnica CT se relacionó durante el año con 220 unidades productivas.

Considerados estos datos globalmente, ponen de manifiesto una persistencia de las tendencias observadas en los años inmediatamente anteriores al cambio de régimen político. Hay sin embargo procesos nuevos significativos de carácter cualitativo que es importante referir.

De parte de las organizaciones mismas, es muy clara la intención y voluntad de superar la marginalidad y el aislamiento social y político en que se desenvolvieron durante el régimen anterior. Obviamente, esta voluntad corresponde a una aspiración natural a superar la extrema pobreza en que viven sus integrantes, entre cuyas causas se identifica al “sistema” económico-social implantado en los años anteriores, y a la expectativa de participar en la construcción de una realidad democrática en el país por la cual lucharon las mismas organizaciones durante mucho tiempo.

Abrirse un camino de superación de la pobreza y participar en la construcción de un Chile democrático son objetivos distintos, de naturaleza diferentes, aunque la gente los vea en muy estrecha interrelación. Al respecto, es interesante e importante comprender que desde la experiencia de las OEP, ambas perspectivas son buscadas desde y a través de la misma organización en que participan. Se manifiesta de este modo el carácter integral del fenómeno, que es a la vez económico, social, político y cultural. La OEP en que se participa es vista por muchos de sus integrantes, como instrumento a través del cual es posible trabajar para resolver los propios problemas económicos y al mismo tiempo luchar por la participación social y cultural e integrarse a procesos de transformación de la sociedad en general.

Ahora bien, respecto de estas aspiraciones y contenidos, las orientaciones y mensajes que llegan a las organizaciones desde las instancias gubernamentales y políticas son ambiguas y contradictorias.

Respecto de los objetivos de superación económica, en un sentido el mensaje del actual gobierno no es sustancialmente distinto al del régimen anterior, en cuanto se reafirman las orientaciones generales del modelo económico imperante. En este sentido, se refuerza en las OEP su orientación básica a enfrentar los problemas con el propio esfuerzo y trabajo, lo cual viene a darle renovada importancia a la dimensión propiamente económica de cada organización, que busca incrementar sus niveles de eficiencia y de integración al mercado. Pero el mismo tiempo, en otro sentido, se definen desde el Estado nuevas y mayores responsabilidades en orden a enfrentar la pobreza mediante políticas sociales específicas del sector público. Los efectos de esta orientación aún no se aprecian sensiblemente en los sectores populares, si bien es interesante y significativo que las políticas sociales aún en curso de definición reconocen la validez de los esfuerzos autónomos de la base social y parecen venir a su encuentro, mediante la canalización de recursos especiales en complementación de los que muy precariamente disponen las organizaciones para el desarrollo de sus actividades. Ello comienza a apreciarse en relación a temas como el de la vivienda, en programas de apoyo a las microempresas en términos de recursos financieros y de apoyo a la comercialización de sus productos, en programas alimentarios y de donación de leche a través de las ollas comunes, en las posibilidades que se han abierto para la presentación de proyectos de desarrollo local y de otras iniciativas generadoras de ingresos al Fondo de Solidaridad e Inversión Social que ha comenzado a operar.

Respecto a los objetivos de participación social que tienen las OEP la situación es diferente. En este sentido, más allá de afirmaciones genéricas y más bien retóricas al respecto, las orientaciones de los cambios a nivel nacional no parecen abrir perspectivas reales de participación para las organizaciones sociales de base popular. el régimen político en curso de consolidación en el país está de hecho operando como un régimen de partidos, siendo éstos los instrumentos e instancias únicos donde la participación en la toma de decisiones es posible. La organización social de base no es promovida ni canalizada, y las organizaciones existentes se preguntan y empiezan a dudar de sí a través de ellas será posible acceder a la esperada y buscada participación. Ello incluso a nivel municipal, pues la reforma planteada tiende a reforzar el rol de los partidos políticos y no especifica dominios definidos ni roles a las organizaciones sociales de base. La participación ciudadana en la generación de los poderes políticos de todo nivel se verifica en el voto individual periódico y en la organización de los partidos, no existiendo espacios de participación propios de las organizaciones sociales intermedias.

La percepción de que no existen para las organizaciones nuevas alternativas de participación se ve reforzada porque, al nivel del tratamiento específico de los temas que les interesan, los sectores sociales convocados a plantear sus posiciones y participar en la concertación social no se encuentran contemplados. En la discusión de la legislación laboral, el tema del trabajo autónomo y del trabajo asociativo ni siquiera ha sido mencionado. En el análisis de los efectos de la reforma tributaria no se consideraron los impactos muy evidentes sobre la economía informal y la microempresa. Así, la percepción de que la realidad de las OEP y de la economía popular en general no es considerada a la hora de las decisiones en las cuestiones sociales más relevantes, encuentra sucesivas confirmaciones.

Qué efectos tienen o pueden tener estas situaciones para el desenvolvimiento futuro de las OEP, no es fácil precisarlo. De mantenerse estas orientaciones, tanto en lo económico como en lo social y político, pueden preverse con cierto grado de convicción dos posibles tendencias. La primera sería que se acentúe en las OEP mismas la dimensión económica, y en ésta, la específicamente productiva. En este sentido, por ejemplo, el concepto de “microempresa” –que destaca la identidad empresarial de las experiencias de la pequeña producción popular urbana- podrá prevalecer sobre el “taller laboral” –que enfatiza la identidad del trabajo como alternativa que tienen los trabajadores para desplegar su actividad laboral de modo autónomo o asociativo y no asalariado- y sobre el de “organización económica popular” –que pone el acento en la dimensión organizativa de estas experiencias de economía popular

En correlación con esta posible tendencia puede darse una segunda, consistente en la disminución progresiva de la intencionalidad y expectativa de participación social y política por parte de los integrantes y sectores representados en las OEP, con un creciente distanciamiento respecto a las orientaciones gubernamentales y al propio sistema político vigente.

La combinación de ambas posibles tendencias, de verificarse y acentuarse, podría tener derivaciones diferentes, dependiendo de los contenidos ideológicos que logren primar en el seno de las organizaciones de la economía popular.

Una alternativa podría ejemplificarse con lo sucedido en Perú, donde las orientaciones teóricas de un Hernando de Soto vinieron a darle encauzamiento a las expectativas de participación económica y social de los vastos sectores informales, y que dieron base popular al movimiento que condujo al Gobierno a una fuerza encabezada por el presidente Fujimori, ajena al sistema político de partidos. Según esta perspectiva, la economía popular enfatizaría su contenido económico pero con una orientación mercantil y tendencialmente capitalista, y en términos ideológico-políticos podría verificarse una cierta orientación corporativa con acentuación del distanciamiento respecto a la representación a través de los partidos políticos.

La otra alternativa posible, que requeriría de un esfuerzo sistemático y lúcido de quienes comparten la búsqueda de construcción de una economía popular con elevados contenidos de solidaridad y cooperación, podría ser precisamente el desarrollo y consolidación de un sector de economía popular como las numerosas y distintas experiencias que enfatizan la búsqueda de formas económicas y sociales alternativas y más solidarias, entre las cuales, el Cooperativismo tradicional y las expresiones de economía social, autogestionada y de participación social; las antiguas y nuevas búsquedas de economía de comunidades; las microempresas familiares y de economía doméstica (producción y consumo) y más ampliamente las microempresas y pequeñas empresas de producción popular urbana; las búsquedas de tecnologías apropiadas y de formas ecológicas de producción y consumo; las experiencias y procesos de desarrollo local y comunal con participación organizativa de los pobladores; las actividades de promoción social y capacitación popular originadas en numerosas organizaciones no-gubernamentales; las unidades de integración e intermediación (comercializadoras, cooperativas de crédito, fondos rotatorios, etc.) que cumplen funciones económicas en beneficio de otras empresas de la economía popular; los sindicatos, gremios, coordinadoras y asociaciones de artesanos y otros tipos de trabajadores independientes; las organizaciones de consumidores y otras que buscan mejorar el consumo popular y la calidad de vida, etc.

Si formulamos estas posibles líneas de tendencia como alternativas no es porque ellas aparezcan como netamente excluyentes ni como las únicas derivaciones que puede tener el proceso. En realidad, los fenómenos sociales son siempre diversificados y a menudo generan sorpresas incluso respecto a los análisis más acuciosos y visionarios. En general, los procesos sociales son decididos fundamentalmente por quienes los protagonizan, y en tal sentido las opciones que van haciendo día a día las propias organizaciones marcan el rumbo de los acontecimientos. Sin embargo, tratándose de procesos propios de los sectores sociales subordinados, el condicionamiento que deriva de las opciones políticas y económicas más generales es elevado. Por eso, decisivas para el futuro serán las orientaciones que sigan las políticas económicas a nivel nacional y especialmente los cauces que sigan las políticas sociales frente a la pobreza. También tendrán gran relevancia las opciones que sean efectuadas por las instituciones de apoyo y las organizaciones no-gubernamentales que prestan servicios a la economía popular.

En particular, estas últimas tienen una gran influencia potencial en razón de su proximidad respecto al proceso organizativo de base. La importancia del rol e incluso las posibilidades de afirmación de las propias organizaciones no-gubernamentales parecen estar en directa relación con la segunda de las alternativas planteadas, a saber, la que apunta a la conformación de un sector de economía popular de solidaridad y trabajo, eficiente, integrado económica y socialmente, y capaz de efectuar un aporte significativo a la superación de la pobreza.

En especial, las instituciones de apoyo pueden cumplir importantes funciones en el cumplimiento y realización de los procesos y actividades que aparecen como necesarios para que el sector de economía popular y solidario se desarrolle y consolide. Para ambas –organizaciones de base e instituciones de apoyo- tales procesos y actividades se presentan como desafíos principales a enfrentar en el futuro próximo, a saber:

a) Promoción, fomento y creación de nuevas unidades económicas en el sector, de los varios tipos indicados anteriormente.

b) Perfeccionamiento e incremento de la eficiencia de las unidades económicas existentes en el sector.

c) Desarrollo de instrumentos e instancias de integración y articulación entre las unidades económicas del sector, que acrecienten su sentido de identidad y pertenencia así como su presencia y participación en la sociedad.

d) Creación y funcionamiento de sistemas de apoyo y servicio que lo promuevan y potencien.

e) Difusión de condiciones culturales, políticas, ideológicas y sociales que favorezcan la expansión del sector.

f) Ampliación de las relaciones que vinculan al sector (a sus unidades y sus instancias de coordinación e integración), con los otros sectores de la economía (particularmente con el Estado y los poderes públicos, por un lado, y con las empresas y los mercados, por el otro) y con otros sujetos y actores sociales (instituciones culturales, civiles y religiosas, movimientos sociales, organizaciones de trabajadores, etc.).

g) Elaboración y difusión del conocimiento del sector y de sus unidades componentes, en lo que se refiere a sus experiencias y procesos reales, sus problemas, condicionamientos y desafíos, las racionalidades y lógicas económicas, los requerimientos implicados en las funciones de producción, comercialización, gestión, consumo, etc.