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Amigas y
amigos:
Voy a tratar
de expresar brevemente y de explicarnos en forma sencilla, quiénes
somos los que estamos hoy aquí, por qué nos sentimos convocados
a encontrarnos en torno a una red de economía popular y solidaria,
qué nos motiva, qué nos diferencia e identifica.
El "modelo"
económico imperante funciona con gran dinamismo, llevando la
economía adelante con alta velocidad, pero concentrando la riqueza
en cada vez un menor número de grandes empresas, y excluyendo
progresivamente a cada vez más amplios sectores de la sociedad.
Es como un tren muy moderno que avanza a gran velocidad y que va acelerando
su marcha, pero que a medida que avanza va dejando cada vez más
pasajeros en el camino, mientras permite que sean cada vez menos los
que pueden subirse a los carros.
En su acelerada
marcha, ese tren va destruyendo medio ambiente, organización
social, sociedad civil, culturas tradicionales. Pero eso no le importa,
pues lo que le interesa es la velocidad y poder mostrar su propio dinamismo,
o sea, el porcentaje de crecimiento económico que va logrando.
En ese tren
hay tres tipos de carros. Está el carro de primera, donde viajan
las grandes empresas, los grandes negocios, los grandes inversionistas.
Ahí encuentran todas las comodidades y riqueza; pero también
en ese carro se compite, y por tanto se corre el riesgo de ser bajado
del tren.
En carros
de segunda clase viajan las empresas medianas, los altos ejecutivos
y administradores de las empresas grandes, los profesionales más
exitosos que prestan servicios a los que viajan en primera. En estos
carros hay muchas comodidades, ventajas y privilegios, se viaja muy
bien; pero hay que trabajar duro para permanecer arriba pues la competencia
puede ser muy aguda, de modo que los viajeros no tienen mucho tiempo
para gozar de lo que tienen y suelen estresarse y agotarse
por exceso de trabajo y preocupaciones.
Vienen después
los carros de tercera, reservado para los empleados y trabajadores que
tienen un sueldo mensual que les permite vivir sin comodidades, acceder
a cierto nivel básico de consumo de bienes, y a insuficientes
e inadecuados servicios de salud, educación y recreación.
En estos carros caben muchos, pero también hay competencia y
siempre se está en peligro de ser bajado en la próxima
estación, donde muchos tratarán de subirse.
La razón
de este modo de funcionamiento de la economía de mercado capitalista
es muy fácil de comprender. Se trata de una economía basada
en la competencia, que se torna cada vez más dura y exacerbada,
entre todos los sujetos que participan en la producción y la
distribución de la riqueza. La competencia es la lucha de todos
contra todos, por ganar espacios en el mercado y por permanecer vigentes.
En esta competencia los sujetos económicos, especialmente las
empresas, hacen uso de toda su fuerza y su poder para ganar posiciones
y crecer.
En esta competencia
y en este mercado en que todos luchan con todo su poder y su fuerza,
van ganando siempre los más fuertes, los más capaces para
hacer negocios, los mejor posicionados, los que tienen más recursos,
los más poderosos, los que tienen tecnologías más
modernas, los que disponen de mejores formas de gestión.
Así,
vemos que las empresas más grandes y más eficientes van
absorbiendo a las de menor tamaño y dinamismo; los supermercados
van desplazando a los almacenes y tiendas, las cadenas de supermercados
más eficientes van absorviendo a los supermercados menos eficientes;
las líneas aéreas más dinámicas eliminan
del mercado a las que lo son menos; los bancos más grandes absorven
a los menores. Los profesionales más eficientes desplazan a los
menos eficientes. Los trabajadores más productivos a los menos
productivos. Es una competencia que se agudiza, que se vuelve más
dura, dejando cada vez menos márgenes a los que no sean los óptimos.
Esta competencia
genera dinamismo, y así vemos que la economía avanza a
creciente velocidad. El problema es que no todos podemos ser los mejores,
no todos podemos ser los óptimos. Las capacidades se encuentran
distribuidas según una "curva normal". Hay los muy
capaces, los medianos y los menos capaces. Hay los que tienen mucho
poder, los que tienen menos, y los que tienen muy poco. Los que tienen
muchos y buenos recursos, los que tienen menos y los que tienen poco.
Están los muy eficientes, y los que no lo somos tanto.
Así,
mientras la competencia va concentrando la actividad económica,
va expandiéndose la marginación y la exclusión.
Todos los que no son los "mejores" en la competencia, van
siendo desplazados, y ello parece inevitable.
Como así
funciona el sistema, entonces se nos enseña a competir. Y para
ser competitivos, hay que ver cómo podemos desplazar a los otros.
Hace un tiempo vino a Chile un gran experto internacional en negocios,
y el eslogan con que publicitó sus conferencias decía:
"El sentido de la estrategia es apropiarse del negocio de los otros".
Eso es lo que vino a enseñar ese señor. Apropiarse del
negocio del otro, de la empresa de otro, del mercado de otro, de la
"pega" de otro.
Es parecido
a lo que se muestra y se enseña en varios reality de la TV, en
que al comienzo hay muchos, y cada cierto tiempo van saliendo los que
no sean los más hábiles, competitivos, eficientes. Por
"talento" y por "convivencia", empleando todas las
artimañas y ardides, se trata de desplazar a otros, e ir dejando
sólo a los más capaces y eficientes y competitivos.
Así
en la economía, cada vez van quedando menos, ciertamente los
más eficientes y dinámicos, pero cada vez menos. Como
en ese juego en que hay un grupo de personas bailando, en que se quita
una silla cada vez que se detiene el baile y hay que sentarse. Una silla
menos en cada vuelta.
El resultado
de esto es que mientras las empresas grandes y competitivas van absorbiendo
a las menos eficientes, y los profesionales más eficientes van
desplazando a los menos eficientes, y los trabajadores más productivos
logran conservar sus puestos de trabajo, se va creando una gran desocupación
de recursos y de fuerzas productivas en la sociedad.
Así,
hay actualmente una enorme desocupación y cesantía, que
no es sólo la que dicen las estadísticas, pues en ellas
se considera como trabajadores ocupados a muchos que logran generarse
algunos ingresos realizando actividades informales en las calles, en
las micros, en las plazas. Y así como hay mucha fuerza de trabajo
inactiva, hoy vemos, recorriendo cualquier calle de nuestras ciudades,
una gran cantidad de locales cerrados, de propiedades en venta, cerradas,
en busca de alguien que se interese por comprarlas. Y hay muchas capacidades
profesionales inactivas, y capacidades de administración y gestión
desaprovechadas. E incluso hay muchos recursos financieros que no se
emplean productivamente. Es el caso de personas que tienen algunos ahorros
y que no saben qué hacer con ellos, pues si los ponen en el banco
reciben intereses tan bajos que no compensan la pérdida del valor
del dinero por la inflación.
Cuando los
mercados se internacionalizan y "globalizan" -como se dice
hoy día-, y las economías nacionales desmontan las protecciones
arancelarias y cambiarias, las empresas de todo el mundo pasan a ser
competidores dentro del país; tanto las de los países
desarrollados que compiten en base al inmenso tamaño de sus empresas
y a las modernas tecnologías que emplean, como las de los países
llamados "emergentes" y de grandes tamaños, como China,
que se hacen competitivos en base al sacrificio extremo de sus inmensas
poblaciones, a quienes se les pagan salarios miserables y se les mantiene
en bajísimos niveles de consumo.
Para los
que van siendo marginados de esta cruel competencia, el "modelo"
económico neo-liberal predispone solamente dos recetas: para
los definitivamente "inviables" y en consecuencia destinados
a la extrema pobreza, focalizar el gasto social para que puedan sobrevivir,
aunque sea en condiciones de completa dependencia.
Y para los
que tienen alguna capacidad e iniciativa, provisionarles acceso a algún
microcrédito de modo que puedan crear una microempresa, la que
debe buscar su propio "nicho" de mercado (palabra que antes
se reservaba para identificar el lugar donde uno iba a parar después
de muerto).
Lo que se
intenta de este modo, es agregar al tren de la economía de competencia
capitalista una especie de último carro de cuarta clase, sin
asientos y donde puedan caber amontonados unos cuantos pasajeros más.
Pasajeros del mismo tren, o sea, microempresarios imbuidos de espíritu
capitalista y competitivo, que luchen y compitan unos contra otros para
sobrevivir, o sea, para no ser de nuevo bajados del tren.
El problema
es que los "nichos" de mercado que dejan las grandes empresas
son escasos, muy pequeños, e insuficientes para dar oportunidad
a la enorme cantidad de microempresas y trabajadores independientes.
En otras palabras, son tantos los que tratan de ocupar esos "nichos"
que más se parecen a fosas comunes. El hecho es que se espera
que esas microempresas sean también ellas competitivas, esto
es, que compitan también duramente entre ellas, de modo que puedan
sobrevivir las más aptas. Es la misma lógica de la concentración
y la exclusión, sólo que ahora en la pequeña escala
de los pequeños nichos del mercado aún no ocupados por
las grandes empresas, esto es, en el último carro del mismo tren
de la competencia capitalista. Pero incluso a esos "nichos"
y a ese carro llegan poco a poco las empresas grandes, desplazando una
vez más a las micro y pequeñas empresas que con tanto
esfuerzo se habían por un tiempo abierto un espacio de mercado.
Pues bien,
los que estamos aquí, y todos quienes de algún modo nos
sentimos formando parte de una economía popular y solidaria,
somos personas y organizaciones que no nos sentimos parte de ese "modelo"
de economía de competencia capitalista. Somos personas, organizaciones
y empresas que no estamos arriba del tren del que he hablado, sino que
transitamos y avanzamos por otros caminos, que son los caminos de la
economía solidaria.
La economía
popular y solidaria funciona con una lógica totalmente diferente
a ésta que acabamos de explicar. Ante todo, cabe decir que ella
está constituida por personas, organizaciones y empresas que
no forman parte del tren de la competencia capitalista. En vez de competir
unos contra otros, tratando de desplazarlos o de apropiarnos del negocio
de los otros, nos juntamos y nos relacionamos para cooperar unos con
otros.
En vez de
estar en ese juego en que en cada vuelta sale expulsado un jugador porque
hay una silla menos, estamos en un juego integrador, que va permitiendo
integrar nuevas sillas para abrir espacios a cada vez más jugadores,
permitiéndose que incluso en una misma silla puedan estar dos
y más personas. No estamos en una economía excluyente
basada en la competencia, sino en una economía incluyente basada
en la cooperación y la ayuda mutua.
Por estos
caminos de la economía popular y de solidaridad transitan tres
tipos de personas, que seguramente están representadas en este
Encuentro. Están los que nunca se han subido al tren, están
los que han sido expulsados del tren porque no han sido suficientemente
competitivos y eficientes, y están los que se han bajado voluntariamente
del tren, aunque pudieran permanecer arriba y tener éxito con
base en sus propias capacidades, pero que han hecho una opción
ética y valórica a favor de una economía distinta,
pues no comparten el modo de organización, de comportamiento
y de relacionamiento económico que les exige el "modelo"
económico dominante.
Estamos participando
en estos caminos de la economía solidaria, muchos artesanos,
feriantes, trabajadores independientes, microempresarios, que participan
en asociaciones, organizaciones, cooperativas y otras formas de acción
conjunta. Están los talleres solidarios y sus organizaciones
de comercio justo. Están los pescadores artesanales, los pirquineros,
los campesinos asociados. Están las comunidades de los pueblos
originarios cuya cultura los orienta hacia una economía solidaria.
Están quienes desde corporaciones, fundaciones y ONGs sin fines
de lucro prestan servicios y apoyos de promoción social en distintos
ámbitos. Están las organizaciones cooperativas y autogestionarias,
que operan en temas de educación, capacitación, salud,
servicios de proximidad, etc. Aquí en este Encuentro hay una
pequeña muestra de todo este amplio sector que se esfuerza en
construir una economía justa y solidaria.
La economía
popular y de solidaridad no es un tren, no constituye un "modelo"
que todos deban asumir, sino que se configura a través de múltiples
y diversificadas formas de organización y de acción. La
economía popular y solidaria está conformada por diferentes
caminos. Pero quienes recorren esos caminos tienen algo en común,
que es el hacer economía con solidaridad, una
solidaridad que se manifiesta de muchas maneras.
Solidaridad
en la producción y en el trabajo, solidaridad en la gestión
participativa, solidaridad en las tecnologías, informaciones
y saberes compartidos, solidaridad en el uso de los recursos, mediante
formas de propiedad cooperativa, asociativa o personal incluyente. Solidaridad
en la distribución, a través del comercio justo, la equidad
en los intercambios, la reciprocidad, la cooperación. Solidaridad
en el consumo, compartiendo los bienes y servicios, buscando aprovecharlos
en toda su utilidad, prefiriendo la satisfacción grupal y comunitaria
de las necesidades.
Lo esencial
es que se trata de alcanzar la mayor y mejor eficiencia, los mejores
resultados en términos de beneficios para las personas y la comunidad;
pero no mediante la competencia sino mediante la cooperación.
Agregando un factor productivo especial, que es precisamente la solidaridad
convertida en fuerza productiva, o sea aquello que hemos llamado el
Factor C.
El Factor
C, que dinamiza y hace eficiente a la economía popular
y solidaria aunque sus integrantes y sus recursos no sean los mejores
para los negocios, consiste en que la unión de conciencias, de
voluntades y de emociones de varias o muchas personas en torno a un
objetivo común, genera una energía social poderosa, que
refuerza las capacidades y potencialidades de cada uno, y agrega al
grupo nuevas fuerzas productivas. Es la antigua idea de que "la
unión hace la fuerza", mientras que la soledad nos debilita.
De este modo,
a través de incorporar solidaridad en nuestras actividades, empresas
y organizaciones, las hacemos y nos hacemos más eficientes y
capaces de producir y comercializar bienes y servicios, que sirvan y
convenzan a los consumidores y a quienes los demandan en el mercado.
De este modo
la economía de solidaridad se hace más eficiente que la
economía capitalista. Porque ésta es capaz de alcanzar
eficiencia solamente en la medida que funcione con los mejores recursos
y en grandes cantidades; mientras que la economía popular es
capaz de estar en el mercado con eficiencia, a pesar de operar en pequeña
escala y de funcionar con las personas normales, incluso las anteriormente
desplazadas del mercado, no necesariamente de alta eficiencia competitiva.
Esta es la
"gracia" de la economía solidaria, que incorporando
solidaridad y Factor C a las iniciativas y organizaciones
de la economía popular, las proyecta a niveles de alta eficiencia,
además de organizarlas con criterios de justicia, solidaridad
y humanidad.
Algo de esto
es lo que tendremos ocasión de conocer y de compartir concretamente
en este Encuentro. Nos preguntaremos cómo nos hacemos más
eficientes, y cómo nos hacemos más solidarios, no para
"subirnos al tren" de la competencia, sino para avanzar mejor
y seguros por los caminos de la economía popular y solidaria.
Muchas gracias.
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