ALGUNOS ASPECTOS DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA EN LAS ORGANIZACIONES ECONÓMICAS POPULARES

Intervención en el Taller "Mercado y Organizaciones Económicas Populares", organizado por la Unidad Conjunta CEPAL/CNUAH de Asentamientos Humanos y el PET, Santiago de Chile, Noviembre 9 y 10 de 1984.

 

En otras ocasiones hemos sintetizado los estudios hechos en el PET al nivel de sistematización de las experiencias concretas de las OEP. Ahora quisiera aprovechar esta breve intervención para referirme a una investigación en torno a la racionalidad especial de la economía popular y solidaria; es un intento de formular, al nivel de teoría económica, lo que las OEP y otras formas de organización y acción económica fundadas en la cooperación, la solidaridad y la autogestión, representan como “modo alternativo de hacer economía”. Las limitaciones de tiempo no permiten sino unas pocas consideraciones generales, aquéllas que pueden tener mayor interés en función de los temas que se tratarán en este seminario*.

Un primer elemento de esta racionalidad consiste en que estas organizaciones y actividades económicas tienen como objetivo enfrentar unidamente un conjunto complejo de necesidades humanas, individuales y sociales: necesidades de subsistencia fisiológica, de convivencia y relación con los demás, de capacitación y desarrollo cultural, de identidad y autonomía social, de integración crítica a la sociedad. En este sentido, se trata de organizaciones económicas pero no economicistas. La participación de las personas en ellas implica no solamente trabajar, producir y vender o comprar, sino todo un modo de vida, una práctica social y grupal compleja que tiende a ser integral.

Un segundo elemento de la racionalidad económica de estas organizaciones consiste en un vínculo estrecho que en ellas se establece entre producción, distribución y consumo. En la economía solidaria existe también división del trabajo, relaciones comerciales con terceros, y procesos monetarios de distribución; pero en lo que tienen de propiamente solidario, y especialmente en las relaciones económicas que se dan al interior del grupo y entre organizaciones del mismo tipo, se comparte y se coopera. No todo trabajo o actividad tiene un precio o una remuneración, y no siempre lo que cada uno recibe corresponde a un aporte de valor equivalente.

El tercer elemento, derivado de los anteriores, es que en esta economía solidaria la relación entre los objetivos y los medios, y entre los beneficios y los costos, trasciende un cálculo estrictamente cuantitativo. Objetivos y medios se encuentran altamente entrelazados, y a veces resulta incluso imposible distinguirlos. El cumplimiento de determinados objetivos (por ejemplo, la satisfacción de ciertas necesidades básicas) puede ser un medio para la satisfacción de necesidades relacionales y de convivencia, y a la inversa. El uso del tiempo puede presentarse no como un costo, sino también como el logro mismo de algunos objetivos.

Por eso el concepto de eficiencia asume toda una dimensión especial. No siempre es posible medir la eficiencia cuantitativamente, porque los costos y los beneficios pueden no tener expresión monetaria. La evaluación de la eficiencia suele ser un proceso de apreciación que los integrantes de la unidad económica hacen sobre el logro de sus objetivos complejos y el uso de los medios disponibles, apreciación que incluye aspectos cuantitativos y cualitativos, elementos objetivos y subjetivos.

Las unidades económicas solidarias ofrecen a sus integrantes un conjunto de beneficios y satisfacciones extraeconómicas que se suman a la cuenta o apreciación global que cada miembro realiza. Cuando se mide el producto generado por estas organizaciones, se ha de considerar no solamente la producción física, sino también un conjunto de servicios que si no hubieran sido generados en la misma organización, las personas habrían tenido que encontrar fuera de ellas, implicándoles un determinado costo económico, que incluye un gasto de tiempo, dinero, trabajo, energías, etc.

También por el lado de los costos, la operación implica un conjunto de ahorros importantes. Por ejemplo, la gestión colectiva y participativa, que implica ciertos costos económicos, puede constituir también una satisfacción de determinadas necesidades de convivencia y de desarrollo personal y cultural. La misma organización voluntaria implica una reducción de los costos de información y comunicación, que no son gratuitos en el mercado de intercambios. El trabajo, que es un costo, un gasto de tiempo y de energías, al estar autocontrolado, puede ser una forma de desarrollo personal, sobre todo si tiene algún contenido creativo, como sucede en la producción artesanal.

Es por todo lo anterior que las unidades económicas del sector solidario muchas veces están en condiciones de aprovechar recursos que, por su menor productividad en términos físicos o de dinero, son descartados por las empresas capitalistas. Esto es particularmente válido con respecto a la fuerza de trabajo: en las organizaciones solidarias pueden encontrar ocupación trabajadores menos calificados o de menor productividad, la llamada fuerza de trabajo secundaria, y también es posible el empleo de tiempos parciales o discontinuos que difícilmente pueden ser utilizados en otros sectores de la economía. Esto es económicamente viable porque las organizaciones solidarias operan con menores costos de factores, y porque sus integrantes pueden aportar valores de otro tipo que forman parte del beneficio global, y que en otro tipo de empresas no interesan. Así, por ejemplo, la participación de un anciano de baja productividad física puede justificarse por su aporte a la creación de un clima social culturalmente rico y a una convivencia más satisfactoria del grupo.

Algo similar sucede con respecto a otro tipo de recursos: uso de equipos y herramientas de menor productividad, utilización de tecnologías tradicionales, formas de gestión que desde una perspectiva capitalista serían consideradas ineficientes, etc. En general, hay en la economía popular solidaria una capacidad de realizar actividad económica con recursos marginales, y este mismo hecho ayuda a mantener bajos los costos de operación. De esta manera, se da la paradoja de que no obstante utilicen recursos de baja productividad, a menudo están en condiciones de producir para el mercado en términos competitivos, ofreciendo sus productos a menores precios que los posibles para empresas modernas de alta productividad. (Ejemplo de esto es la preocupación que han expresado los empresarios panaderos por la proliferación de amasanderías populares y de tipo familiar, con las que no pueden competir, llegando incluso a presionar por medidas de control a las autoridades públicas).

Sin embargo, las mismas características anteriormente señaladas crean un problema que es preciso superar para asegurar la eficiencia a lo largo del tiempo. Y es que estas organizaciones manifiestan una tendencia a operar con un número de miembros que desde el punto de vista de la relación técnica entre fuerza de trabajo y medios de producción, puede resultar excesiva. En otras palabras, que las organizaciones tienden a una sobredotación de recursos humanos en relación a la provisión de otros medios de producción disponibles. Esto, no obstante los problemas que crea en la operación interna de corto plazo, presenta dos aspectos que es posible valorizar desde otro punto de vista. El primero es que ayuda a corregir la gran distorsión que significa la desocupación generada en los demás sectores económicos; y el segundo, que la canalización de algunos recursos adicionales hacia estas unidades productivas, puede llevar a una actividad notablemente más eficiente de una fuerza de trabajo que ya está organizada y en proceso de perfeccionamiento. Esto significa que las organizaciones económicas populares ofrecen importantes ventajas comparativas para aquellos recursos con que se las provea.

Un último elemento de la racionalidad económica de estas organizaciones, que aquí alcanzamos sólo a mencionar, se refiere al modo de acumulación que les es propio.

En la medida que estas unidades económicas establecen con terceros relaciones de mercado, ellas tienen la posibilidad de acumular los excedentes no consumidos, formar un capital de reserva y hacer inversiones productivas en la misma unidad. Sin embargo, el tipo principal de acumulación en la economía popular solidaria consiste en el desarrollo de valores, capacidades y energías creadoras por parte de los sujetos que participan en ella. En el sector solidario se busca asegurar el futuro no sólo por la posesión de activos materiales, sino sobre todo por la riqueza de las relaciones sociales, y por el potenciamiento de las capacidades y recursos humanos que una vez adquiridos estarán siempre disponibles para enfrentar necesidades crecientes, recurrentes y nuevas.

 

* Una explicación amplia sobre el tema puede encontrarse en: Luis Razeto Migliaro, Economía de Solidaridad y Mercado Democrático, Libro Primero, PET-AHC, 1984.