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En otras
ocasiones hemos sintetizado los estudios hechos en el PET al nivel de
sistematización de las experiencias concretas de las OEP. Ahora
quisiera aprovechar esta breve intervención para referirme a
una investigación en torno a la racionalidad especial de la economía
popular y solidaria; es un intento de formular, al nivel de teoría
económica, lo que las OEP y otras formas de organización
y acción económica fundadas en la cooperación,
la solidaridad y la autogestión, representan como “modo
alternativo de hacer economía”. Las limitaciones de tiempo
no permiten sino unas pocas consideraciones generales, aquéllas
que pueden tener mayor interés en función de los temas
que se tratarán en este seminario*.
Un primer
elemento de esta racionalidad consiste en que estas organizaciones y
actividades económicas tienen como objetivo enfrentar unidamente
un conjunto complejo de necesidades humanas, individuales y sociales:
necesidades de subsistencia fisiológica, de convivencia y relación
con los demás, de capacitación y desarrollo cultural,
de identidad y autonomía social, de integración crítica
a la sociedad. En este sentido, se trata de organizaciones económicas
pero no economicistas. La participación de las personas en ellas
implica no solamente trabajar, producir y vender o comprar, sino todo
un modo de vida, una práctica social y grupal compleja que tiende
a ser integral.
Un segundo
elemento de la racionalidad económica de estas organizaciones
consiste en un vínculo estrecho que en ellas se establece entre
producción, distribución y consumo. En la economía
solidaria existe también división del trabajo, relaciones
comerciales con terceros, y procesos monetarios de distribución;
pero en lo que tienen de propiamente solidario, y especialmente en las
relaciones económicas que se dan al interior del grupo y entre
organizaciones del mismo tipo, se comparte y se coopera. No todo trabajo
o actividad tiene un precio o una remuneración, y no siempre
lo que cada uno recibe corresponde a un aporte de valor equivalente.
El tercer
elemento, derivado de los anteriores, es que en esta economía
solidaria la relación entre los objetivos y los medios, y entre
los beneficios y los costos, trasciende un cálculo estrictamente
cuantitativo. Objetivos y medios se encuentran altamente entrelazados,
y a veces resulta incluso imposible distinguirlos. El cumplimiento de
determinados objetivos (por ejemplo, la satisfacción de ciertas
necesidades básicas) puede ser un medio para la satisfacción
de necesidades relacionales y de convivencia, y a la inversa. El uso
del tiempo puede presentarse no como un costo, sino también como
el logro mismo de algunos objetivos.
Por eso el
concepto de eficiencia asume toda una dimensión especial. No
siempre es posible medir la eficiencia cuantitativamente, porque los
costos y los beneficios pueden no tener expresión monetaria.
La evaluación de la eficiencia suele ser un proceso de apreciación
que los integrantes de la unidad económica hacen sobre el logro
de sus objetivos complejos y el uso de los medios disponibles, apreciación
que incluye aspectos cuantitativos y cualitativos, elementos objetivos
y subjetivos.
Las unidades
económicas solidarias ofrecen a sus integrantes un conjunto de
beneficios y satisfacciones extraeconómicas que se suman a la
cuenta o apreciación global que cada miembro realiza. Cuando
se mide el producto generado por estas organizaciones, se ha de considerar
no solamente la producción física, sino también
un conjunto de servicios que si no hubieran sido generados en la misma
organización, las personas habrían tenido que encontrar
fuera de ellas, implicándoles un determinado costo económico,
que incluye un gasto de tiempo, dinero, trabajo, energías, etc.
También
por el lado de los costos, la operación implica un conjunto de
ahorros importantes. Por ejemplo, la gestión colectiva y participativa,
que implica ciertos costos económicos, puede constituir también
una satisfacción de determinadas necesidades de convivencia y
de desarrollo personal y cultural. La misma organización voluntaria
implica una reducción de los costos de información y comunicación,
que no son gratuitos en el mercado de intercambios. El trabajo, que
es un costo, un gasto de tiempo y de energías, al estar autocontrolado,
puede ser una forma de desarrollo personal, sobre todo si tiene algún
contenido creativo, como sucede en la producción artesanal.
Es por todo
lo anterior que las unidades económicas del sector solidario
muchas veces están en condiciones de aprovechar recursos que,
por su menor productividad en términos físicos o de dinero,
son descartados por las empresas capitalistas. Esto es particularmente
válido con respecto a la fuerza de trabajo: en las organizaciones
solidarias pueden encontrar ocupación trabajadores menos calificados
o de menor productividad, la llamada fuerza de trabajo secundaria, y
también es posible el empleo de tiempos parciales o discontinuos
que difícilmente pueden ser utilizados en otros sectores de la
economía. Esto es económicamente viable porque las organizaciones
solidarias operan con menores costos de factores, y porque sus integrantes
pueden aportar valores de otro tipo que forman parte del beneficio global,
y que en otro tipo de empresas no interesan. Así, por ejemplo,
la participación de un anciano de baja productividad física
puede justificarse por su aporte a la creación de un clima social
culturalmente rico y a una convivencia más satisfactoria del
grupo.
Algo similar
sucede con respecto a otro tipo de recursos: uso de equipos y herramientas
de menor productividad, utilización de tecnologías tradicionales,
formas de gestión que desde una perspectiva capitalista serían
consideradas ineficientes, etc. En general, hay en la economía
popular solidaria una capacidad de realizar actividad económica
con recursos marginales, y este mismo hecho ayuda a mantener bajos los
costos de operación. De esta manera, se da la paradoja de que
no obstante utilicen recursos de baja productividad, a menudo están
en condiciones de producir para el mercado en términos competitivos,
ofreciendo sus productos a menores precios que los posibles para empresas
modernas de alta productividad. (Ejemplo de esto es la preocupación
que han expresado los empresarios panaderos por la proliferación
de amasanderías populares y de tipo familiar, con las que no
pueden competir, llegando incluso a presionar por medidas de control
a las autoridades públicas).
Sin embargo,
las mismas características anteriormente señaladas crean
un problema que es preciso superar para asegurar la eficiencia a lo
largo del tiempo. Y es que estas organizaciones manifiestan una tendencia
a operar con un número de miembros que desde el punto de vista
de la relación técnica entre fuerza de trabajo y medios
de producción, puede resultar excesiva. En otras palabras, que
las organizaciones tienden a una sobredotación de recursos humanos
en relación a la provisión de otros medios de producción
disponibles. Esto, no obstante los problemas que crea en la operación
interna de corto plazo, presenta dos aspectos que es posible valorizar
desde otro punto de vista. El primero es que ayuda a corregir la gran
distorsión que significa la desocupación generada en los
demás sectores económicos; y el segundo, que la canalización
de algunos recursos adicionales hacia estas unidades productivas, puede
llevar a una actividad notablemente más eficiente de una fuerza
de trabajo que ya está organizada y en proceso de perfeccionamiento.
Esto significa que las organizaciones económicas populares ofrecen
importantes ventajas comparativas para aquellos recursos con que se
las provea.
Un último
elemento de la racionalidad económica de estas organizaciones,
que aquí alcanzamos sólo a mencionar, se refiere al modo
de acumulación que les es propio.
En la medida
que estas unidades económicas establecen con terceros relaciones
de mercado, ellas tienen la posibilidad de acumular los excedentes no
consumidos, formar un capital de reserva y hacer inversiones productivas
en la misma unidad. Sin embargo, el tipo principal de acumulación
en la economía popular solidaria consiste en el desarrollo de
valores, capacidades y energías creadoras por parte de los sujetos
que participan en ella. En el sector solidario se busca asegurar el
futuro no sólo por la posesión de activos materiales,
sino sobre todo por la riqueza de las relaciones sociales, y por el
potenciamiento de las capacidades y recursos humanos que una vez adquiridos
estarán siempre disponibles para enfrentar necesidades crecientes,
recurrentes y nuevas.
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Una explicación amplia sobre el tema puede encontrarse en: Luis
Razeto Migliaro, Economía de Solidaridad y Mercado Democrático,
Libro Primero, PET-AHC, 1984.
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